miércoles, octubre 7, 2026
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Hope : Na Hong-jin convierte la cacería en una trampa.

Durante casi una hora, Hope se niega a enseñarnos aquello que todos hemos venido a ver. Una vaca aparece brutalmente mutilada en una carretera. Después llegan los cadáveres, los edificios destrozados, los disparos y un pequeño pueblo surcoreano que parece estar siendo atacado por algo capaz de atravesarlo como una fuerza de la naturaleza. El jefe de policía Bum-seok corre detrás de la destrucción, escucha a la criatura, encuentra las consecuencias de su paso y llega siempre unos segundos tarde. Na Hong-jin comprende que el monstruo más efectivo es aquel que todavía no podemos ver, pero su extraordinaria primera hora esconde una intención todavía más interesante: mientras nosotros esperamos que aparezca la criatura, el director está preparando una película que terminará preguntándonos quiénes son realmente los monstruos.

Diez años después de The Wailing, Na regresa al largometraje sin haber perdido esa capacidad para hacer que una película cambie de identidad delante de nuestros ojos. The Chaser y The Yellow Sea ya demostraban su dominio de la persecución y la violencia; The Wailing convirtió la incertidumbre en su propia forma de terror. Hope reúne algo de todas ellas y añade ciencia ficción, humor negro, western y creature feature dentro de una película deliberadamente excesiva. Su primera hora es una demostración formidable de control cinematográfico, pero las siguientes no intentan simplemente repetirla. Ahí comienzan tanto sus ideas más provocadoras como sus problemas. Pasted markdown

El detonante es el descubrimiento de una vaca despedazada cerca de Hope Harbor. Sung-ki (Zo In-sung) y sus compañeros cazadores encuentran al animal y llaman a Bum-seok (Hwang Jung-min), incapaces de explicar qué pudo causarle semejantes heridas. Cuando el policía regresa al pueblo, la pregunta deja de ser qué mató a la vaca para convertirse en qué puede detener aquello que está destruyendo todo a su paso. Na demora unos 45 minutos en ofrecer una primera mirada significativa a la criatura y convierte esa ausencia en el motor de la puesta en escena. Pasted markdown

La cámara sigue a Bum-seok por calles estrechas mientras disparos y gritos llegan desde lugares que no podemos ver. Las panorámicas y movimientos prolongados mantienen al espectador pegado al protagonista, compartiendo su desorientación. Cada esquina promete finalmente revelar la amenaza y cada nueva habitación ofrece solamente otra consecuencia de su violencia. La acción no tiene la limpieza coreográfica del blockbuster estadounidense: es caótica, física y frecuentemente absurda. Los habitantes aparecen armados hasta los dientes, las decisiones se toman en medio del pánico y Na introduce chistes negros cuando la tensión parece alcanzar su límite. Pasted markdown

Hoyeon, como la policía Sung-ae, entra perfectamente en esa dinámica. Junto con Bum-seok y los cazadores, forma parte de un grupo de personajes que inicialmente reconocemos mediante arquetipos familiares. Está el policía dispuesto a proteger su comunidad, el cazador acostumbrado al territorio y los habitantes que toman las armas frente a una amenaza desconocida. Durante un tiempo, Hope parece preparar una versión coreana del western de asedio, con ecos evidentes de Predator. El pueblo es la frontera y algo incomprensible ha llegado para invadirla.

Entonces Na comienza a desmontar exactamente la película que parecía estar construyendo.

Cuando finalmente vemos a las criaturas, cambia no solamente nuestra comprensión de la amenaza sino la mirada de la propia película sobre sus protagonistas. Bum-seok, presentado inicialmente mediante imágenes cercanas al heroísmo —incluidos sus lentes de aviador y su determinación para perseguir al monstruo— empieza a parecer cada vez más pequeño, confundido e incapaz de comprender aquello contra lo que lucha. Los cazadores tampoco tardan en perder su aura de hombres preparados para enfrentarse a lo desconocido. La película empieza a observarlos como seres impulsivos, codiciosos y violentos.

Ahí se encuentra la idea más estimulante de Hope. Na utiliza nuestros conocimientos del cine de monstruos contra nosotros. Cuando una criatura desconocida destroza un pueblo, aceptamos inmediatamente que debe ser exterminada. No necesitamos saber qué es, de dónde viene ni por qué actúa de esa manera. El lenguaje del género ya nos ha enseñado cuál debe ser nuestra respuesta. Hay humanos y hay monstruos; nosotros sabemos de qué lado colocarnos.

Hope empieza a erosionar esa certeza. Sin entrar en detalles que arruinarían una de sus mejores revelaciones, la identidad y las circunstancias de las criaturas complican considerablemente el deseo de verlas destruidas. Na no transforma a los humanos en villanos ni ofrece una inversión moral tan sencilla. Hace algo mejor: modifica la información disponible después de habernos permitido disfrutar de la violencia. El espectador debe reconsiderar entonces emociones que la propia película provocó deliberadamente.

Ese desplazamiento explica también por qué la caracterización humana puede parecer sorprendentemente escasa. Sabemos poco de Bum-seok, Sung-ki o incluso Sung-ae más allá de aquello necesario para moverlos dentro de la acción. En otra película sería una debilidad inequívoca; aquí parece al menos parcialmente deliberada. Na comienza tratándolos como héroes porque nosotros estamos acostumbrados a aceptar héroes de acción apenas dibujados. Después retira progresivamente esa mirada privilegiada. Hacia el final, sus figuras pueden aparecer diminutas dentro del paisaje, incapaces de comprender la magnitud de aquello en lo que participan.

El problema es que desmontar una película de acción no necesariamente produce otra película igual de absorbente. Después de la extraordinaria primera hora, Hope pierde buena parte de su impulso. Las persecuciones continúan, aparecen nuevos enfrentamientos y las líneas narrativas comienzan a cruzarse, pero varias secuencias ofrecen variaciones de información que ya comprendemos. Con 160 minutos de duración, la repetición empieza a sentirse. Incluso una extensa secuencia relacionada con una autopsia parece más interesada en preparar posibilidades futuras que en profundizar la historia presente. Pasted markdown

Las criaturas tampoco resultan siempre convincentes visualmente. Su diseño posee inicialmente una cualidad extraña que funciona precisamente porque cuesta procesarlo, pero la exposición prolongada evidencia efectos digitales irregulares. Es una debilidad particularmente visible en una película cuya fisicidad resulta tan impresionante en otros momentos. Cuando cuerpos, vehículos, armas y escenarios parecen poseer peso real, la artificialidad de algunos seres rompe momentáneamente ese pacto. Pasted markdown

La presencia de Taylor Russell, Alicia Vikander y Michael Fassbender introduce además una expectativa que Na parece disfrutar frustrando. Sus personajes están mucho menos presentes de lo que semejante reparto podría sugerir, y parte de la información más importante relacionada con ellos queda reservada hasta muy tarde. El problema no es que Hope se niegue a explicar demasiado, algo coherente con un director que hizo de la incertidumbre uno de los grandes placeres de The Wailing, sino que su desenlace parece abrir una historia mayor justo cuando esta debería encontrar su propia conclusión. La posibilidad de una continuación o incluso una trilogía hace que ciertos elementos funcionen más como promesas que como componentes plenamente desarrollados. Pasted markdown

Y, sin embargo, incluso cuando se desordena, Hope nunca parece una película fabricada por un director sin ideas. Su irregularidad proviene precisamente de tener demasiadas. Na pasa del horror al slapstick, de la ciencia ficción al western y de la persecución al comentario sobre nuestra necesidad de dividir inmediatamente cualquier conflicto entre héroes y monstruos. Puede perder el ritmo, pero rara vez pierde la capacidad de sorprender.

La primera hora sigue siendo su triunfo indiscutible: cine de acción construido a partir de sonido, espacio, movimiento y ausencia, con una precisión que convierte cada esquina de Hope Harbor en una amenaza. Pero lo más interesante ocurre cuando Na finalmente nos permite ver aquello que perseguíamos. El monstruo aparece y, en lugar de resolver el misterio, crea uno moral.

Hope comienza preguntándonos qué clase de criatura podría haber provocado semejante carnicería. Termina formulando una pregunta bastante más incómoda: por qué estuvimos tan seguros, antes siquiera de verla, de que sabíamos quién debía morir.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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