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TIFF 2026: Kenneth Branagh habla de Mayday, Shakespeare y el poder del cine.

Kenneth Branagh conoce bien las historias sobre hombres separados por guerras, lealtades y distintas ideas de patriotismo. Mucho antes de convertirse en Poirot, entrar al universo de Christopher Nolan o dirigir una película de Marvel, una parte fundamental de su carrera estuvo ligada a Shakespeare y a personajes obligados a descubrir qué sucede cuando el enemigo deja de ser una idea abstracta y adquiere rostro humano. Esa experiencia encuentra un eco inesperado en Mayday, donde Branagh interpreta a Nikolai, un antiguo agente de la KGB cuya fascinación por Estados Unidos acaba conectándolo con un hombre que, en teoría, debería representar todo aquello contra lo que fue educado.

De Shakespeare a Mayday

En una conversación con Cocalecas, Branagh encuentra conexiones entre esta comedia de acción junto a Ryan Reynolds y algunas de las preguntas que Shakespeare planteaba siglos atrás. En particular, una escena en la que Nikolai y Troy descubren que ambos crecieron escuchando versiones distintas de una misma historia: para cada uno, el hombre del otro lado era el enemigo.

“Creo que esta investigación sobre las maneras en que las personas pueden ser similares, incluso aquellas que superficialmente parecen muy diferentes, desconfiadas y escépticas entre sí, está presente también en Shakespeare”, explica Branagh.

La charla lleva inevitablemente a Henry V, una obra que conoce muy bien y que llevó al cine en 1989. Allí también hay una tensión entre patriotismo, guerra y la necesidad de encontrar una salida cuando el enfrentamiento termina.

“Incluso en algo como Henry V, después de una campaña militar existe la necesidad de entender cómo puede alcanzarse la paz sin recurrir al sometimiento”, señala. “La cuestión de por qué las personas luchan definitivamente es shakespeariana. ¿Cuál es la necesidad de la guerra y cuáles son las dificultades de la paz?”.

Sin embargo, la conexión más interesante la encuentra en las comedias. Para Branagh, el humor puede ser una herramienta para acortar la distancia entre personas que aparentemente pertenecen a mundos incompatibles.

“Muchas veces se trata de reconocer cómo el humor puede ayudarnos a comprender mejor”, dice. Como ejemplo cita Much Ado About Nothing y a Beatrice y Benedick, dos personajes que al principio parecen representar posiciones completamente opuestas.

“No son Nikolai y Troy, pero Beatrice y Benedick parecen ser polos opuestos y, sin embargo, sus pasiones están alineadas. Tienen que encontrar una manera de entenderse, y eso implica a veces renunciar a algunas cosas y ser humildes”.

Un personaje que se toma en serio

Esa seriedad detrás del humor define también cómo Branagh interpreta a Nikolai. Los directores y guionistas John Francis Daley y Jonathan Goldstein han señalado que parte de la comicidad del personaje funciona precisamente porque Branagh nunca parece avisarle al espectador que sabe que participa en una broma. Nikolai se toma completamente en serio a sí mismo.

Según Branagh, esa decisión ya estaba en el guion.

“Creo que comienza en la página. Los dos guionistas y directores se tomaron al personaje absolutamente en serio, aunque lo llenaron de todo tipo de excentricidades”, cuenta. “Me pareció un personaje realmente inusual”.

La primera impresión de Nikolai podría llevar a otro territorio muy distinto: el hombre excéntrico que vive aislado en el bosque bien podría pertenecer a una película mucho más oscura. Poco a poco, sin embargo, Mayday va revelando nuevas capas: su pasado, su capacidad para ejercer una violencia extrema, la pérdida de su hija y la decisión de desaparecer de la vida que conocía.

“Descubrimos un gran secreto, un secreto oscuro y violento. Después descubrimos también un corazón, que tiene que ver con su hija, con la pérdida de su hija y con su decisión de perderse a sí mismo, de exiliarse”, explica.

Para dar con la humanidad de Nikolai, Branagh se aferró a dos elementos: el amor por su hija y su fascinación sincera por la cultura estadounidense.

“Había una especie de inocencia. Era una vía de escape del aterrador mundo de pertenecer a la KGB: poder amar algo con tanto entusiasmo”, señala. La película nunca sacrifica esa humanidad por una simple carcajada; incluso en situaciones deliberadamente absurdas, Branagh intenta conservar la sinceridad del personaje.

Otro ruso, otra vez

Ese equilibrio resulta curioso dentro de su propia filmografía. Branagh ya había interpretado a personajes rusos en Jack Ryan: Shadow Recruit y Tenet, figuras mucho más cercanas al estereotipo del antagonista ruso poderoso y amenazante. Cuando le propusieron otra vez un papel así, su primera reacción fue de preocupación.

“Cuando llegó a mí y escuché que era un ruso, antes incluso de leerlo, estaba preocupado”, reconoce. “Pensé que no quería quedar atrapado en eso”.

El guion disipó rápido sus dudas. Nikolai era demasiado específico y distinto de sus personajes anteriores, y hasta el acento tendría otra construcción, porque se trataba de un ruso cuya manera de hablar había sido moldeada por su fascinación con Estados Unidos.

“A diferencia de Sator o del personaje de Jack Ryan, este ruso tenía sentido del humor sobre sí mismo, picardía y cierta travesura que convivían con su brutalidad”.

En cierto modo, Branagh desmonta desde dentro el mismo arquetipo que antes había interpretado. Nikolai sigue pudiendo resultar peligroso, pero esa violencia comparte espacio con una personalidad expansiva, divertida y casi infantilmente fascinada por todo lo que representa Estados Unidos.

El país que se aprende en las películas

Su casa está llena de pistas: Top Gun, Bruce Springsteen, pósteres, música y referencias estadounidenses forman parte del mundo que Nikolai construyó sin haber pisado nunca ese país. Conoció una versión de Estados Unidos a través del cine y la cultura popular mucho antes de poder confrontarla con la realidad.

Durante nuestra conversación le comenté a Branagh que yo había vivido algo parecido creciendo en República Dominicana. Antes de viajar a Estados Unidos, buena parte de mi imagen del país venía de películas, música y televisión, y llegar a Nueva York significaba encontrarme por fin con lugares que ya parecían familiares aunque nunca hubiera estado allí.

Branagh reconoció enseguida la sensación.

“La primera vez que fui, estaba en un automóvil acercándome a Nueva York y vi ese horizonte por primera vez. De alguna manera sentí que estaba regresando a casa, porque, como el resto del mundo, había visto tantas películas ambientadas en Nueva York, tantas películas con ese horizonte”.

Pero la familiaridad cinematográfica no elimina el impacto de encontrarse con el lugar real.

“También hubo un enorme choque cultural al llegar”, recuerda. “Cuando llegas, te das cuenta de que existe una especie de hermoso truco que te han jugado”.

Para Branagh, el arte puede ofrecer una puerta hacia otra cultura, aunque esa representación nunca equivalga a vivirla. Lo importante es reconocer hasta qué punto esas imágenes han capturado nuestra imaginación.

En el caso de Nikolai, Top Gun encarna esa seducción. Branagh recuerda el impacto que tuvo la película en los años ochenta: los aviones despegando, la velocidad, las persecuciones, la rivalidad entre sus protagonistas y el enorme componente romántico de sus imágenes.

“Era embriagador y muy diferente. Parecía increíblemente exótico”, recuerda.

Branagh nació en Belfast y creció en Inglaterra. Desde ahí, el Hollywood de aquellas películas podía parecer extraordinariamente glamoroso, y esa experiencia le permitió entender muy bien lo que Nikolai veía desde lejos.

“Definitivamente era algo que compartía con Nikolai: la atracción del sueño americano, hacia el cual todos somos atraídos a través de la cultura popular. Y si tenemos la suerte de llegar aquí, también tenemos que comprender que, de cierta manera, es una ficción”.

Cine para verlo en casa

La reflexión cobra otra dimensión porque Mayday está hecha como una película de otra época. Su combinación de acción, comedia, estrellas y amistad masculina recuerda a las grandes producciones populares de los ochenta y noventa, pensadas para vivirse colectivamente en una sala. Hoy, sin embargo, llega directamente a los hogares a través de Apple TV.

Branagh reconoce la paradoja. Una película de esta escala podría parecer concebida para la pantalla grande, pero su experiencia con el streaming le ha mostrado otra dimensión del alcance que puede tener una producción así.

“He recibido una respuesta inmediata sobre esta película mayor que con cualquier cosa que haya hecho en muchísimo tiempo”, asegura. “Su alcance ha sido enorme desde el primer momento”.

Sigue defendiendo la experiencia del cine: dice que va a la sala con su esposa todas las semanas y que le gustaría que las películas siguieran encontrando al público allí. Pero tampoco ignora lo que ha cambiado.

“También resulta bastante emocionante cuando encuentras algo que realmente quieres ver y funciona en casa”, señala. Con Mayday, le ha sorprendido sobre todo descubrir a familias enteras disfrutándola juntas, con padres e hijos de generaciones distintas.

“Me han dicho: ‘Dios mío, pudimos verla todos juntos y a mi hijo de 13 años le encantó’. Parece atravesar generaciones”.

La tecnología doméstica también ha cambiado lo que significa ver una gran producción fuera de una sala. Pantallas más grandes, mejores sistemas de sonido y la facilidad de reunir a la familia alrededor de una película han creado una nueva versión de aquella antigua salida al cine.

“Creo que cuando las personas encuentran algo que les gusta o que les interesa, se preparan para disfrutarlo de esa manera”, dice Branagh. “Se convierte en una especie de noche de cine en casa, especialmente cuando sienten que puede disfrutarse entre generaciones”.

Para alguien que lleva décadas alternando entre teatro, cine independiente, grandes producciones y algunos de los personajes más reconocibles de la literatura, la respuesta inmediata de una plataforma global todavía puede sorprender.

“Estoy acostumbrado a tener que trabajar mucho más para intentar conseguir que la gente vea las cosas que hago”, admite. “Así que estoy muy agradecido por esta experiencia de acceso inmediato a algo que es una gran y encantadora experiencia de entretenimiento popular”.

Mirar al otro

Quizás ahí esté también una curiosa extensión de lo que Mayday cuenta sobre Nikolai. Décadas atrás, un hombre podía construir la imagen entera de otro país con unas cuantas películas, canciones y pósteres que cruzaban fronteras. Branagh lo hizo desde Belfast e Inglaterra. Yo lo viví desde República Dominicana. Nikolai lo hace desde una versión cinematográfica de la Unión Soviética.

Las pantallas han cambiado y las distancias casi han desaparecido, pero el mecanismo sigue siendo reconocible: el cine nos permite imaginar lugares que todavía no conocemos y personas que al principio creemos distintas a nosotros. Para Branagh, desde Shakespeare hasta una comedia de acción como Mayday, la pregunta que queda detrás de estas historias es sorprendentemente parecida: qué ocurre cuando dejamos de mirar al otro como enemigo y empezamos a reconocer todo lo que tenemos en común.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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