La historia de Joaquín “El Chapo” Guzmán ha sido reconstruida numerosas veces en documentales, series y películas, casi siempre colocando al narcotraficante en el centro del relato. La captura (Facing El Chapo), película mexicana de Netflix dirigida por Chava Cartas, propone cambiar esa perspectiva. En lugar de volver a convertir al líder del Cártel de Sinaloa en protagonista, la historia observa uno de los episodios más conocidos de la historia criminal reciente de México desde quienes tuvieron que enfrentarse directamente a él. En esta entrevista exclusiva de Cocalecas, Allan Durell habla sobre interpretar a Ortega, trabajar dentro de una historia inspirada en acontecimientos reales y la responsabilidad de aproximarse a personajes y situaciones que todavía permanecen en la memoria colectiva del país.
La captura sigue a dos agentes federales mexicanos cuyas últimas horas de servicio toman un giro inesperado cuando se cruzan con Joaquín Guzmán. Lo que comienza como un operativo policial se convierte rápidamente en una situación mucho más peligrosa, colocando a los protagonistas frente a amenazas, corrupción y las enormes consecuencias de tener bajo custodia a uno de los criminales más buscados del mundo.
Durell interpreta a Ortega y encuentra en el proyecto la oportunidad de acercarse a este universo desde una posición diferente a la habitual. La película no pretende construir otra biografía de Guzmán ni convertir su figura en el principal objeto de fascinación. Su interés está en las personas que participan en el operativo y en lo que significa encontrarse repentinamente frente a un hombre cuya reputación, poder y capacidad de intimidación lo preceden.
Ese cambio de perspectiva resulta fundamental para la tensión de la película. Los personajes conocen perfectamente quién es el hombre que tienen delante y comprenden que capturarlo no significa necesariamente que el peligro haya terminado. A partir de ese momento, mantenerlo bajo custodia se convierte en un problema tan complejo como haber conseguido detenerlo.
Durante la conversación, Durell habla sobre el proceso de interpretar una historia vinculada con acontecimientos reales sin perder de vista que La captura funciona también como un thriller. La película necesita generar suspenso y mantener un ritmo cinematográfico, pero al mismo tiempo trabaja con episodios, instituciones y figuras reconocibles para buena parte del público mexicano.
Esa proximidad con la realidad añade una responsabilidad particular para los intérpretes. A diferencia de una historia criminal completamente ficticia, cada decisión puede ser observada desde el conocimiento previo que los espectadores tienen sobre el narcotráfico, la corrupción y la larga persecución de Guzmán. Para Durell, construir a Ortega significa encontrar al individuo detrás del uniforme y entender cómo alguien entrenado para enfrentar situaciones peligrosas puede reaccionar cuando las dimensiones del operativo superan cualquier escenario cotidiano.
El actor también conversa sobre compartir pantalla con Alfonso Herrera, Noé Hernández y Héctor Kotsifakis, dentro de un reparto que reúne intérpretes con amplia experiencia en el cine y la televisión mexicana. La dinámica entre los personajes resulta especialmente importante porque buena parte de la tensión nace de observar cómo diferentes personas responden ante una situación donde las decisiones deben tomarse rápidamente y donde confiar en la persona equivocada puede tener consecuencias inmediatas.
La captura encuentra buena parte de su fuerza en esa incertidumbre. La amenaza no procede únicamente del hombre detenido, sino de todo aquello que representa fuera del lugar donde se encuentra. El poder de una organización criminal, las posibles complicidades y la sensación de que cualquier movimiento puede desencadenar una reacción convierten el operativo en una situación progresivamente más claustrofóbica.
La película está dirigida por Chava Cartas y escrita por Bernardo Esquinca, a partir de una crónica de Héctor de Mauleón. Ese origen periodístico proporciona una base especialmente interesante para una producción que busca combinar la reconstrucción de acontecimientos reales con los mecanismos narrativos del thriller de acción.
Para Durell, esa combinación permite aproximarse a un episodio conocido desde una dimensión más humana. El público puede conocer el nombre de El Chapo, recordar titulares o tener una idea general sobre las circunstancias que rodearon sus diferentes capturas, pero la película intenta situarlo durante unas horas junto a quienes tuvieron que tomar decisiones frente a él.
Ese enfoque también evita que la figura del narcotraficante absorba completamente la historia. En La captura, la pregunta no es únicamente quién era Joaquín Guzmán, sino qué ocurre cuando personas aparentemente comunes se encuentran repentinamente sosteniendo una pieza extraordinariamente peligrosa dentro de una estructura criminal mucho más grande que ellas.
Con Alfonso Herrera, Noé Hernández, Héctor Kotsifakis, Juan Pablo Cruz García, Paola Fernández, Antonio Fortier, Allan Durell, Fernando Cuautle y Gerardo Trejoluna, La captura utiliza uno de los nombres más reconocibles de la historia reciente del narcotráfico mexicano para construir una historia sobre quienes estuvieron del otro lado del operativo. Para Allan Durell, interpretar a Ortega significa precisamente entrar en esa zona menos explorada y observar un acontecimiento conocido desde la tensión, el miedo y las decisiones de quienes tuvieron que vivirlo.
La captura (Facing El Chapo) está disponible en Netflix.




