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TIFF 2026: Andrew Haigh y Fred Hechinger hablan de pérdida y ausencia en The Long Winter.

Andrew Haigh vuelve a poner la pérdida en el centro de una historia, pero esta vez cambia el lugar desde donde la observa. Después de explorar en All of Us Strangers cómo una ausencia ocurrida décadas atrás puede seguir definiendo una vida, el cineasta británico se traslada a las montañas de Colorado para contar en The Long Winter una experiencia más inmediata: la desaparición de una madre y el proceso por el cual un hijo empieza a descubrir quién era realmente esa mujer mientras intenta encontrarla.

Fred Hechinger interpreta a Mike, un joven que vive en un mundo pequeño, familiar y aparentemente estable hasta que su madre, Louise, desaparece en un paisaje cubierto de nieve. Lo que empieza como una búsqueda física va tomando otra dimensión. Mike no solo intenta averiguar qué ocurrió: a través de los recuerdos de otras personas, empieza a conocer una versión de su madre que nunca pudo ver mientras ella estaba a su lado.

Una madre que aparece cuando se va

En una conversación con Cocalecas, Haigh y Hechinger explicaron cómo esa transformación se volvió uno de los principios de la película. Para el director, Mike arranca la historia convencido de que entiende a su familia y el pequeño universo en el que vive. No quiere que nada cambie. La desaparición de Louise destruye esa seguridad.

“Todo su mundo se fractura y se rompe cuando ella se va”, dice Haigh. “Mike queda inundado de dolor, miedo y terror, y de ahí surge algo diferente: una comprensión de quién era su madre, quién era ella como persona y quizás por qué salió hacia la nieve aquel día”.

Comprenderla lo lleva también a comprenderse mejor a sí mismo. Para Haigh, esa es una de las preguntas esenciales de la película: qué le pasa a una persona cuando desaparece lo que sostenía su vida. “¿Te rindes? ¿También te derrumbas o encuentras de alguna manera una fuerza interior, una resiliencia para continuar? Y si lo haces, ¿qué se abre entonces? ¿Qué empiezas a entender sobre ti mismo?”.

La película parte de un relato ambientado originalmente en España, pero Haigh decidió llevar la historia a Colorado. Al principio consideró conservar la localización española, aunque terminó encontrando algo estimulante en trasladar una experiencia de un territorio a otro y comprobar que su centro emocional seguía intacto.

“Debajo de todo, no importa si estás en España, en Reino Unido o en Estados Unidos, ni en qué periodo de tiempo te encuentres. Los sentimientos que tenemos sobre estas cosas son universales”, explica.

Un protagonista que espera

El cambio de escenario permitió además que el paisaje cobrara una importancia fundamental. Mike no puede acelerar lo que ocurre: el clima, la nieve y la naturaleza marcan el ritmo de la búsqueda. Tiene que esperar, observar y adaptarse.

A Haigh le interesa ese tipo de personaje justamente porque contradice la tendencia del cine a los protagonistas definidos por la acción. “La mayoría de nosotros somos bastante pasivos mientras atravesamos nuestras vidas. Nos empujan de un lado hacia otro”, señala. “Siempre me interesa un personaje que está un poco más del lado pasivo de la vida, sintiendo el mundo a su alrededor y tomando decisiones, en lugar de simplemente ir y hacer cosas”.

Hechinger encontró en esa paciencia una manera de construir a Mike. Su cambio no podía llegar con una gran revelación: tenía que desarrollarse despacio mientras el personaje buscaba a Louise y empezaba a reconocerla en el paisaje, en la gente que la conoció y en las historias que habían quedado fuera de su relación de madre e hijo.

Ver a alguien por completo

Para Haigh, una de las consecuencias más extrañas de perder a alguien es que la ausencia puede modificar la manera en que lo percibimos. Lo relaciona con su propia experiencia tras la muerte de su padre.

“Cuando muere alguien que amas, de una manera extraña se vuelve casi más real cuando ya no está. Se convierte en algo diferente dentro de tu mente”, cuenta. “Cuando murió mi padre, de alguna manera sentí que lo conocía mejor que cuando estaba vivo. Es algo muy extraño y también bastante hermoso”.

Eso es lo que le pasa a Mike. Las conversaciones con quienes conocieron a Louise empiezan a separarla del papel que ocupaba en su vida. Ya no existe solo como “su madre”: aparece una mujer con deseos, frustraciones, decisiones, esperanzas y una existencia propia.

“Cuando ella desaparece, eso le permite ver la verdad sobre quién era, no solamente como su madre, sino como una persona con sus propios deseos, esperanzas y sueños”, dice Haigh. “Existe algo en la libertad de no estar en la misma habitación con alguien que permite ver a esa persona en toda su dimensión”.

Hechinger ve otra consecuencia en ese descubrimiento. Al dejar de mirar a Louise solo dentro de la estructura familiar, Mike también empieza a preguntarse quién es él fuera de ella. Durante buena parte de su vida ha girado alrededor de las necesidades de su familia y de la preservación de un mundo que parecía destinado a seguir igual. La ausencia de Louise rompe ese equilibrio, pero también abre posibilidades que antes no podía contemplar.

Entre el invierno y la primavera

La nieve vuelve visible esa transformación. El invierno no es solo un escenario, sino una especie de estado suspendido: Mike necesita que llegue la primavera para seguir buscando, pero el deshielo también significa aceptar que el tiempo avanza.

Haigh recuerda una línea en la que Mike dice que quiere que llegue la primavera y, al mismo tiempo, que el invierno nunca termine. Para el director, esa contradicción captura el miedo a avanzar cuando hacerlo puede sentirse como aumentar la distancia con alguien que ya no está.

Rodar en la montaña

La relación entre el paisaje y el estado interior de Mike fue también uno de los grandes desafíos del rodaje. Hechinger y el equipo pasaron semanas en las montañas, entre frío, viento, nieve y esfuerzo físico. Haigh, sin embargo, no quería que esas dificultades convirtieran la película en una historia convencional de supervivencia.

“Estás en las montañas, caminando, necesitamos sentir cómo se encuentra emocionalmente, pero hace muchísimo frío y estás subiendo una montaña”, explica Hechinger. “No quería que se convirtiera en un drama de acción sobre él avanzando trabajosamente por las montañas”.

El reto era sostener el centro emocional del personaje mientras el cuerpo respondía a condiciones reales. La película se rodó más o menos en orden, y eso produjo una curiosa correspondencia entre Mike y quienes la hacían.

“Nos hicimos más fuertes mientras hacíamos la película. Nos acercamos más mientras la hacíamos”, recuerda Hechinger. Las caminatas que al principio dejaban al equipo sin aliento se fueron volviendo más llevaderas, y la resistencia que Mike desarrolla en la historia empezó a existir también detrás de la cámara.

El aislamiento ayudó. Vivían en las montañas, lejos de sus rutinas y mucho menos pendientes de teléfonos y computadoras. El entorno empezó a intervenir en la película de maneras que el guion podía anticipar, pero nunca controlar del todo.

Hechinger recuerda sobre todo el viento. Haigh lo había incluido en el guion, pero su fuerza real solo se entiende al llegar a las montañas, y en ciertas escenas dejó de ser simple ambientación.

“A veces, dentro de esos silencios, era como si el viento terminara la escena”, cuenta. “O el viento se convertía en el metrónomo de lo que estábamos haciendo. De repente no estás respondiendo solamente al otro actor, sino también al entorno natural”.

Para ambos, el rodaje llegó por momentos a parecerse a hacer un documental. Había una estructura cuidadosamente escrita, pero también la voluntad de observar lo que sucedía frente a la cámara y dejar que alterara el ritmo de una escena.

El rostro y lo que no se dice

Esa filosofía se extiende a la manera en que Haigh trabaja con los actores. The Long Winter depende en buena medida de silencios, gestos y pequeñas variaciones en el rostro de Mike. Desde el casting, el director sabía que necesitaba a alguien capaz de sostener la mirada del espectador sin recurrir todo el tiempo al diálogo.

“Podría mirar el rostro de Fred durante horas frente a una cámara”, afirma Haigh. “Cambia, evoluciona, tiene curiosidad, está cuestionando, acercándose hacia las cosas y después alejándose. Para mí es muy importante que un rostro pueda hacer eso”.

Hechinger describe el proceso como una búsqueda compartida de lo que hay debajo de cada escena. El guion era preciso, pero Haigh dejaba espacio suficiente para que una mirada, un silencio o un cambio inesperado del entorno pudiera alterar la interpretación.

“Hay algunas de las cosas más intensas y profundas que ocurren entre las palabras”, dice el actor. “Pueden estar basadas en algo que sientes, en cómo dos cuerpos se mueven siguiendo un ritmo dentro de un espacio”.

La vulnerabilidad masculina

Ese interés por lo que un personaje no dice conecta la película con una preocupación recurrente en el cine de Haigh: la representación de hombres vulnerables. Al director le frustra la insistencia del cine, en particular el estadounidense, en construir protagonistas masculinos alrededor de una fortaleza casi permanente.

“El héroe estadounidense es duro y fuerte, e incluso cuando cree que no es duro y fuerte, sigue siendo bastante duro y fuerte”, señala. “Yo no me siento así como hombre. Me siento vulnerable, lloro y tengo miedo de cosas, y muchos hombres que conozco también son así”.

Haigh menciona a su padre, a su hermano y a los hombres de su vida para explicar por qué esa sensibilidad le parece mucho más cotidiana de lo que el cine ha mostrado. No distingue entre hombres homosexuales y heterosexuales: para él, la vulnerabilidad forma parte de una experiencia masculina mucho más amplia.

“Estamos obsesionados con mostrar esta idea de que los hombres tienen fortaleza. Pero los hombres también tenemos enormes cantidades de debilidad, vulnerabilidad y miedo. ¿Por qué no estamos contando más historias sobre la suavidad masculina o la vulnerabilidad masculina?”.

Dos películas sobre la pérdida

La pregunta une inevitablemente The Long Winter con All of Us Strangers. Haigh reconoce que las dos películas pueden parecer a la vez cercanas y muy distintas. En una, el protagonista mira desde la adultez una ausencia ocurrida muchos años atrás y comprende cómo terminó definiendo su vida. En la otra, vemos a un joven justo en el momento en que su mundo empieza a transformarse.

“Una persona está mirando hacia atrás una pérdida desde una enorme distancia y comprendiendo cómo esa pérdida lo guió hacia adelante”, explica sobre All of Us Strangers. “En esta película tenemos a alguien experimentando esa pérdida y descubriendo quién era su madre”.

El vínculo entre ambas no está solo en los temas, sino en la intención que Haigh reconoce detrás de su cine: contar historias muy específicas sin encerrarlas en la experiencia particular de sus protagonistas.

“Quiero que mis películas funcionen como una manera de conectar a las personas”, dice. “Quiero que sean muy específicas, pero también quiero que hablen de esa parte que todos compartimos”.

Hechinger encuentra una imagen apropiada para describir ese efecto. Las películas de Haigh, cuenta, pueden empezar como una ventana hacia la vida de otra persona: personajes con circunstancias concretas, aparentemente distintas a las nuestras. Poco a poco, sin embargo, la mirada cambia.

“Es como si estuvieras mirando por una ventana y después cae el sol, todo se oscurece y de repente comprendes que también es un reflejo”.

The Long Winter recorre justo ese camino. Mike empieza buscando a su madre en las montañas, pero termina encontrándose también en las historias de quienes la conocieron, en un paisaje al que ella pertenecía y en partes de sí mismo que todavía no había aprendido a reconocer. El misterio de Louise importa, pero a Haigh le interesa más lo que su ausencia revela.

La búsqueda exterior se convierte así en una búsqueda interior. No para darle a Mike una respuesta definitiva, sino para que pueda mirar a su madre como una persona completa y, desde ese nuevo lugar, empezar a preguntarse qué quiere hacer con su propia vida.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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