martes, junio 16, 2026
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‘The Drama’: Kristoffer Borgli convierte el amor en una guerra de percepciones.

Kristoffer Borgli continúa obsesionado con las grietas emocionales de las relaciones humanas modernas. Después de explorar la necesidad enfermiza de atención en Sick of Myself y la viralidad absurda de la cultura digital en Dream Scenario, el director noruego vuelve nuevamente a observar cómo las personas construyen versiones artificiales de sí mismas para sobrevivir emocionalmente dentro de una sociedad donde todo parece convertirse en percepción, juicio y espectáculo. Pero mientras sus trabajos anteriores utilizaban la sátira y el absurdo con una energía mucho más afilada, The Drama se transforma en algo más incómodo, más sombrío y considerablemente más irregular.

La película comienza como una historia romántica aparentemente sencilla. Charlie, interpretado por Robert Pattinson, recuerda el momento exacto en que conoció a Emma, el personaje de Zendaya, mientras escribía su discurso de boda. Borgli presenta ese encuentro inicial con una estética cuidadosamente incómoda. Charlie la observa desde lejos en un café, finge haber leído el libro que ella tiene en las manos y se acerca utilizando una mentira improvisada como mecanismo de seducción. La escena funciona precisamente porque transmite torpeza real, inseguridad y cierta desesperación emocional disfrazada de encanto. Desde el principio queda claro que Borgli no está interesado en construir un romance idealizado. Lo que quiere mostrar es una relación sostenida más por proyecciones emocionales que por verdadero conocimiento mutuo.

Ese tema termina dominando completamente la película.

Durante una cena con sus respectivos testigos de boda, los cuatro personajes empiezan a revelar las peores cosas que han hecho en sus vidas. Lo que inicialmente parece un juego incómodo entre amigos se transforma rápidamente en el detonante emocional del filme cuando Emma confiesa un acto extremadamente perturbador ocurrido durante su adolescencia. Borgli construye el momento con una precisión incómoda, dejando que el silencio y las reacciones de los demás personajes hagan el verdadero trabajo dramático. La revelación destruye instantáneamente la imagen idealizada que Charlie tenía de la mujer con la que está a punto de casarse.

Y ahí comienza realmente The Drama.

La película se convierte entonces en un estudio sobre cómo el amor depende muchas veces de versiones cuidadosamente editadas de las personas. Borgli parece obsesionado con la idea de que nadie ama realmente a otra persona por completo, sino únicamente a la narrativa emocional que construimos alrededor de ella. Cuando esa narrativa se rompe, lo que aparece no necesariamente es la verdad, sino el miedo.

Robert Pattinson entiende perfectamente esa fragilidad emocional. Su trabajo aquí es extraordinariamente incómodo de observar. Charlie no reacciona como alguien interesado genuinamente en comprender el pasado de Emma, sino como un hombre incapaz de reconciliar la mujer que ama con la nueva información que acaba de recibir. Pattinson transforma esa inseguridad en algo casi patético, construyendo un personaje que lentamente se hunde dentro de su propia paranoia moral y emocional. Hay algo profundamente miserable en la forma en que Charlie empieza a observar a Emma, como si de pronto estuviera compartiendo su vida con una desconocida.

Zendaya, por otro lado, trabaja desde un registro completamente distinto. Mientras Pattinson explota emocionalmente hacia afuera, ella interpreta a Emma desde la contención absoluta. Su actuación está llena de silencios, miradas pequeñas y emociones reprimidas. Borgli la filma muchas veces como alguien atrapada dentro de un juicio permanente, obligada a convivir con una versión de sí misma que otros ya decidieron condenar. El problema es que la película nunca termina de darle suficiente espacio dramático para existir más allá de la percepción de Charlie.

Y esa termina siendo una de las mayores debilidades del film.

Aunque The Drama quiere abordar temas relacionados con culpa, cancelación social, violencia y percepción moral, Borgli constantemente parece más interesado en la reacción masculina frente al trauma femenino que en explorar realmente las complejidades emocionales de Emma. La película toca superficialmente temas extremadamente delicados relacionados con raza, género y violencia, pero rara vez profundiza en ellos con verdadera claridad o valentía.

Eso genera una sensación extraña durante buena parte del metraje. Borgli parece querer provocar discusiones morales complejas, pero muchas veces evita comprometerse completamente con las implicaciones emocionales y sociales de aquello que está planteando. El resultado es un film lleno de ideas interesantes, pero también profundamente frustrante.

Aun así, hay elementos cinematográficos que funcionan de manera extraordinaria.

La atmósfera que construye Borgli es constantemente incómoda y asfixiante. El uso del sonido, los silencios abruptos, los cortes de edición y ciertas transiciones oníricas generan una sensación de ansiedad emocional permanente. La película parece atrapada dentro de un estado de paranoia psicológica donde ningún personaje logra comunicarse realmente con el otro. Incluso las conversaciones más simples tienen algo artificial y roto, como si todos estuvieran actuando versiones incompletas de sí mismos.

Borgli también mantiene ese humor negro incómodo que ha definido buena parte de su filmografía. Pero aquí el humor rara vez funciona como alivio. Más bien intensifica el malestar emocional. Muchas escenas producen risa y tensión al mismo tiempo, especialmente cuando Charlie empieza a perder completamente el control sobre su percepción de Emma y sobre sí mismo.

Sin embargo, mientras más avanza la película, más evidente se vuelve cierta repetición narrativa. Borgli parece quedarse atrapado dentro de la misma dinámica emocional durante demasiado tiempo. El conflicto principal se establece muy temprano y, aunque la película continúa escalando psicológicamente, muchas escenas posteriores empiezan a sentirse como variaciones de la misma idea. Eso termina afectando el ritmo y provoca que el tramo final pierda parte de la fuerza inicial.

Lo más interesante de The Drama no es realmente el secreto de Emma, sino la reacción colectiva hacia él. Borgli parece obsesionado con la facilidad con que las personas se sienten moralmente superiores cuando pueden juzgar públicamente las peores acciones de otros. La película constantemente plantea la idea de que todos esconden una “materia oscura” emocional que nunca muestran completamente. Y quizás por eso Charlie resulta tan fascinante y tan miserable al mismo tiempo. Porque en lugar de intentar comprender a Emma, utiliza su confesión como excusa para enfrentarse finalmente a sus propias inseguridades, egoísmo y necesidad de control emocional.

Al final, The Drama es una película mucho más interesante que satisfactoria. Tiene momentos extraordinarios, actuaciones magníficas y preguntas emocionales genuinamente incómodas sobre amor, percepción y moralidad. Pero también es una obra que parece incapaz de encontrar respuestas narrativas tan complejas como las preguntas que intenta formular.Kristoffer Borgli continúa demostrando que tiene una mirada muy particular sobre las relaciones humanas modernas. El problema es que aquí su ambición temática termina siendo considerablemente más grande que su capacidad para desarrollar emocionalmente todas las ideas que introduce. Aun así, incluso en sus momentos más frustrantes, The Drama conserva algo difícil de ignorar: la sensación incómoda de estar observando personas destruyendo lentamente la imagen idealizada que tenían unos de otros mientras intentan convencerse de que eso también forma parte del amor.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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