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Festival de Cannes 2026: crónica día a día, películas y favoritas para la Palma de Oro.

«Amarás al cine por sobre todas las cosas», decía François Truffaut. La única frase similar que puede expresar lo que sucede en el Festival de Cannes también pertenece al cineasta de la Nouvelle Vague, y es una pregunta: «¿Es el cine más importante que la vida misma?».

En Cannes, el cine se come, se bebe, se respira. En Cannes, el cine es la vida, y viceversa.

Más allá de la acreditación de prensa, cada día hay que despertarse antes de las siete de la mañana para conseguir las entradas a las proyecciones, que arrancan a las ocho y algunas terminan pasadas las dos de la madrugada. Es como tirarle un pedazo de carne a dos mil lobos trasnochados que esperan hambrientos. En Cannes no se duerme.

Hay una línea de autobús gratuita para los acreditados, desde la que se puede disfrutar la vista hacia la Costa Azul y sorprenderse con la cantidad de BMWs y Volkswagens negros que pueblan la ciudad. Por momentos, pareciera que uno vive dentro de una película de yakuzas, como las de Takeshi Kitano.

Hay que meter lo que se pueda en la mochila: algunos snacks, fruta, agua. Pero existe el riesgo conocido de que la rigurosa seguridad del Palais lo requisé todo al ingreso. Hay un espacio de Nespresso donde se puede tomar café ilimitado y sin costo. Cafeína sí; comida, no. En Cannes no se come.

Al llegar, toca hacer fila, habitualmente en la Sala Debussy, la más utilizada para las funciones de prensa. Es habitual ver gente junto a esas colas levantando carteles que dicen «una entrada, por favor» —en francés o inglés—, por si alguien desiste a último momento. Cuando abren las puertas, el fanatismo obliga a correr. Se puede aplicar algún codazo sutil para ganar ventaja, pero hay que disimularlo. Dentro, alguna acomodadora se ofrecerá a acompañarte a tu asiento, en inglés o en francés, aunque lo mejor es avanzar directamente. En Cannes, uno está solo.

En los pasillos se ven las cosas más surrealistas: hombres de cuarenta y cincuenta años con sobrepeso corriendo con un pan en la boca —ausentarse de una proyección para la que se tiene entrada puede acarrear la expulsión del festival—; mujeres durmiendo en el suelo o en sillones con vestidos de gala carísimos; todo envuelto en una torre de Babel donde conviven el francés, el inglés, el español, el italiano, el japonés y el chino, entre muchos otros idiomas.

Y luego, por supuesto, está ese gran personaje que es Thierry Frémaux. El director del Festival se multiplica: está en todos lados, habla todos los idiomas, hace reír a todo el mundo. Es el rey en su palacio, y lo sabe.

El Festival nació en 1946, y esta es su edición número 79, dado que en 2020 fue suspendido por la pandemia de COVID-19. La sede es Cannes, una ciudad relativamente pequeña —unos 75.000 habitantes— ubicada en la Costa Azul, la Riviera francesa.

Martes 12: La apertura

El día de apertura tuvo pocas actividades, como es habitual. Por la tarde, el jurado presidido por el cineasta surcoreano Park Chan-wook —director de Oldboy y la reciente La única opción— ofreció una conferencia de prensa donde el gran tema fue si debe separarse lo político de lo artístico, a raíz de una polémica declaración del alemán Wim Wenders en la Berlinale de febrero.

Al mismo tiempo, se homenajeó a El laberinto del fauno por su vigésimo aniversario —también estrenada en Cannes—, película que conserva el insólito récord de haber recibido 23 minutos consecutivos de aplausos. Su director, Guillermo del Toro, figura muy querida por el público, la crítica y la industria, estuvo presente en la proyección restaurada en 4K y dejó frases como «hago películas para que la gente se sienta menos sola», antes de cerrar con un rotundo «Fuck AI» que arrancó una ovación del público.

Por la noche se exhibió la película de apertura, La Venus electrificata, una simpática comedia romántica francesa, lo suficientemente ligera y desenfadada para inaugurar con buen humor la fiesta del cine.

Miércoles 13: Comienzan las cosas serias

Arrancó la competencia oficial por la Palma de Oro. Se exhibió la cinta japonesa Nagi Notes, del realizador Koji Fukada: un austero drama sobre la relación entre dos mujeres —una artista y una arquitecta recién separada— en el Japón rural contemporáneo.

Más tarde llegó La vida de una mujer, de Charline Bourgeois-Tacquet, sobre una médica cincuentona en crisis existencial revitalizada por la aparición de una novelista en su camino. Léa Drucker ofrece una buena actuación, aunque no hay mucho más que destacar.

Era muy esperada también Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, de Jane Schoenbrun, directora que había cautivado con I Saw the TV Glow. Hay una fogosa participación de Gillian Anderson —la ex Expediente X—, pero la película supone un paso atrás en su filmografía.

Lo más interesante de la jornada vino de los argentinos Juan Cabral y Santiago Franco con El Partido, un documental sobre el partido de cuartos de final del Mundial de 1986 entre Argentina e Inglaterra, el de los dos célebres goles de Maradona. Con material fílmico —algo nunca antes visto—, intertítulos, gráficos, entrevistas a los protagonistas y un sinfín de técnicas de montaje, la película construye una estructura tan compleja como entretenida, adornada con las narraciones de Gary Lineker y Jorge Valdano, y con las siempre pintorescas figuras de Maradona y el técnico Carlos Bilardo en el centro de la acción.

Jueves 14: Europa en el foco

Fue el turno de la chilena Manuela Martelli con El deshielo, que narra la amistad entre una niña chilena de nueve años y una adolescente alemana de quince, en el Chile de 1992, recién salido de la dictadura. Es una película fría y solemne, pero con una interpretación extraordinaria de la jovencísima Maya O’Rourke en el papel protagónico.

Después llegaron dos platos fuertes: el polaco Paweł Pawlikowski con Fatherland y el iraní Asghar Farhadi con Historias paralelas, de producción francesa.

Fatherland retrata la relación entre el escritor Thomas Mann —ganador del Premio Nobel, interpretado por Hanns Zischler— y su hija Erika (Sandra Hüller), durante un viaje por la Alemania de la Guerra Fría. Continúa el interés de Pawlikowski por la Europa de posguerra y su característica fotografía en blanco y negro. Aunque algunos no la consideran entre lo mejor del director, ya hay quienes la posicionan como candidata a la Palma de Oro.

A Farhadi, en cambio, no le fue tan bien. Historias paralelas, inspirada en No amarás de Kieślowski, es un relato de vidas y narraciones cruzadas con un elenco estelar —Vincent Cassel, Virginie Efira, Isabelle Huppert, Catherine Deneuve, entre otros— que queda desperdiciado por un guion y unos personajes que dejan bastante que desear.

Viernes 15: Terror, thriller y una revelación

Se pudo ver Sanguine, de la francesa Marion Le Corroller: un nuevo exponente del terror corporal a la manera de David Cronenberg, que confirma la profunda huella del canadiense en directoras galas como la propia Le Corroller, Julie Ducournau (Crudo y Titane, Palma de Oro 2021) o Coralie Fargeat (Revenge y la oscarizada La Sustancia). Narra la historia de una residente de medicina que comienza a luchar contra una misteriosa enfermedad que la hace sangrar constantemente sin dejar heridas visibles. Será una de las películas de terror del año.

En la misma jornada gustó mucho Gentle Monster, de Marie Kreutzer: un drama con ribetes de thriller sobre la grave acusación de un crimen a un miembro de una aparentemente feliz familia francoalemana. Léa Seydoux —que habla tres idiomas en la película, toca el piano, canta y llora— es firme candidata al premio a la mejor actriz. La película puede compararse con Anatomía de una caída, de Justine Triet, Palma de Oro hace tres años.

Lo mejor hasta ahora

Más allá de El Partido y Gentle Monster, el gran protagonista del festival viene siendo el español Rodrigo Sorogoyen. Crítica, público e industria ya no saben cómo elogiarlo. Tras el gran thriller de El reino, llegó la descomunal serie Antidisturbios. Luego marcó una obra mayor con As bestas y después el mejor retrato moderno de los años treinta con Los años nuevos. Y ahora esto.

La historia de un prestigioso director que quiere filmar con su hija ya había sido explorada en Valor sentimental, y la comparación es inevitable: la noruega es un sólido psicodrama, pero El ser querido la supera por completo. Cuenta con un Javier Bardem colosal, en uno de sus grandes papeles, junto a una Victoria Luengo inolvidable. Hay una escena en una mesa durante un rodaje donde la película transita, de forma casi imperceptible, de la brillantez cómica a la secuencia más tensa del año. Es, probablemente, la mejor película sobre el mundo del cine desde La nuit américaine.

Y es apropiado que así sea: porque en Cannes nada importa más que el cine. Absolutamente nada.

Juan Manuel Fábregas
Juan Manuel Fábregas
Uruguayo. Gran creyente de la Iglesia de Paul Thomas Anderson. Crítico de Cine y Realizador desde 2013, escribiendo para publicaciones y revistas como RouMovie.com, Cartelera.com.uy, El Telégrafo y El País (Uruguay). Email: fabregasmendiburu@gmail.com Tel: +598 91 311 263

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