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Sobre Resurrection (2025), de Bi Gan

¡Felices Pascuas, el Cine está en orden!

Un gran amigo y mentor, ya pasado al sueño eterno, siempre me dijo que las mejores películas, las obras maestras, son las que «tiran el cine para adelante». Lo decía un hombre que quería más a 2001: A Space Odissey que a la humanidad entera. ¿Y cuáles son, precisamente, las películas que logran eso? «Tirar el cine para adelante». La respuesta es: no lo sé. Pero a veces aparece una película nueva, distinta, rupturista, de esas que no se parecen en nada a lo que viste antes, y creo que entiendo lo que mi amigo me decía, así que uno no puede hacer más que rendirse y pagar tributo.

Resurrection es una de esas películas.

El tercer largometraje del joven chino Bi Gan transcurre en el futuro, donde la mayor parte de la humanidad ha sacrificado su capacidad de soñar a cambio de la inmortalidad. Los únicos que aún pueden soñar son los Delirantes, perseguidos por un grupo llamado los Otros. Una integrante de este grupo, la señorita Shu (Shu Qi), captura a un Delirante de aspecto monstruoso (Jackson Yee) y le concede una muerte tranquila y pacífica implantándole un proyector de cine (!!!), permitiéndole vivir sus sueños mientras ella también los presencia. Si aún no resulta evidente, los sueños en esta película sirven como representaciones metafóricas del cine y del poder que el arte puede ejercer sobre el espectador. Aunque no sea precisamente sutil, tiene todo el sentido que la película vincule tan estrechamente el cine y los sueños, ya que, al fin y al cabo, ambas son historias que presenciamos por un instante fugaz, pero que, sin embargo, pueden tener efectos profundos en nosotros. Esto hace que Resurrection se convierta en una película dentro de una película, o mejor dicho, en películas dentro de una película, ya que el resto del largometraje está estructurado en seis capítulos separados que, según el director Bi Gan, se correlacionan con cada uno de los cinco sentidos y la mente.

Se han realizado numerosas películas sobre cine que utilizan técnicas surrealistas y extravagantes para ejemplificar el poder de la magia cinematográfica. Sin embargo, Resurrection lleva este recurso narrativo un paso más allá al usar la evolución del cine como una ventana para explorar casi 100 años de historia china, creando un reflejo entre la ficción y la realidad. Resurrection no es una obra de arte impresionante por ser seis películas en una; es un logro cinematográfico porque Bi Gan, con esmero, logra que los seis segmentos sean igualmente cautivadores, cada uno con su propia trama, estilo de filmación, formato, paleta de colores, iluminación, tonos y periodos de tiempo que reflejan diversos momentos de la historia china. La película nunca es repetitiva ni redundante porque los marcados contrastes entre cada capítulo, aseguran que siempre se esté viendo algo nuevo cada media hora, aproximadamente. Ya sea ambientada en 1999 con multitud de planos secuencia y destellos de neón rojo en casi todos los fotogramas, o a principios del siglo XX con planos más tradicionales y colores desaturados, cada capítulo logra cautivar lo suficiente como para mantenerse inmerso sin llegar nunca a cansar. De hecho, son tan efectivos que es muy posible que uno no note, que Jackson Yee interpreta al personaje principal en cada segmento de la película. Esto es una hazaña monumental por parte de Yee, ya que ofrece seis interpretaciones igualmente convincentes, con una apariencia y actuación distintas, de modo que nunca tengo la sensación de estar viendo repetidamente al mismo actor. Y esto me lleva a la única película con la que puedo asimilar a Resurrection, que es nada más ni nada menos que la gran Holy Motors de Leos Carax, con el genio de Denis Lavant haciendo once (!!!) papeles distintos, en otro deslumbrante homenaje al séptimo arte, que despertó al perezoso y cansino cine mundial allá por 2012.

No puedo expresar con palabras la maravilla técnica que es Resurrection, ya que esta película es visualmente deslumbrante, sin un solo momento aburrido. Bi Gan ya había demostrado en su filmografía anterior su talento para capturar una fotografía asombrosa, pero con esta película se superó a sí mismo. Cada fotograma está repleto de tomas elaboradas con gran esmero, llenas de color y personalidad, todo ello realzado por la fantástica banda sonora de M83, que aporta una sensación etérea al tono reflexivo y melancólico del largometraje, casi evocando la música de 2001: A Space Odissey. Si bien me encantó cada plano de Resurrection, mi secuencia favorita (tanto desde el punto de vista cinematográfico como en general) es el capítulo final, filmado en una sola toma continua, que es una de las cosas más bellas, hipnóticas y apabullantes que visto en unsa sala de cine. Para Bi Gan, rodar la parte final de su película en una sola toma no es algo nuevo, ya que logró una hazaña igualmente impresionante en su anterior película, Long Day’s Journey into Night, en la que la última hora consiste en un plano secuencia. Sin embargo, personalmente, la toma continua de Resurrection me pareció aún más impresionante, a pesar de no ser tan larga, porque no solo suceden muchas más cosas en segundo plano (lo que resulta en una mayor coordinación y posibilidades de errores), sino que además se integra en una narrativa con la que, en general, conecté más que con la de Long Day’s Journey into Night.

Sin embargo, por impresionantes que sean todos los elementos técnicos de esta película, lo que convierte a Resurrection en lo mejor que he visto este año, no son estos elementos en sí mismos, sino cómo se utilizan para transmitir un mensaje central que me pareció inteligentemente profundo y emocionalmente conmovedor. Un problema común que suelo tener con las películas sobre cine es que pueden resultar excesivamente sentimentales (Cinema Paradiso, The Fabelmans, la basura de Babylon) o insoportablemente repetitivas (nuevamente, la basura de Babylon), lo que da como resultado mensajes reduccionistas y superficiales del tipo «¡qué maravilla y qué difícil es hacer cine!». Esto no quiere decir que todas las películas de este género sean así, ya que películas como The Player, Ed Wood y Adaptation son comentarios sustanciales sobre la industria y el cine en general, además de estar consistentemente bien hechas y ser entretenidas. Sin embargo, Resurrection destaca porque se centra menos en los aspectos mecánicos de lo que hace que las películas y el cine sean esenciales y más en la naturaleza espiritual del cine y por qué esta forma de arte nos influye tanto.

La obra Resurrection subraya que soñar es un aspecto fundamental de nuestra humanidad. Es tan natural como respirar o tomar agua, por lo que renunciar a la capacidad de soñar es como arrancarse el corazón. Cada vez que uno se duerme, entra en una sala de cine subconsciente en el cerebro, donde tiene un asiento en primera fila para una película hecha a tu medida (me vino nostalgia de After Life, de Kore-eda). El sueño puede volverse extraño, absurdo y sin sentido, pero eso es lo que lo hace tan emocionante. Crea momentos personales y etéreos de inmersión, por lo que el uso que hace Bi Gan del cine como metáfora de los sueños tiene todo el sentido, ya que, en muchos sentidos, las películas son lo más cerca que la humanidad puede estar de convertir los sueños, en una realidad tangible que todos pueden ver y escuchar. Tanto las películas como los sueños proporcionan momentos fugaces pero poderosos de catarsis emocional, ya sean positivos o negativos, y vivir el resto de nuestras vidas sin estas expresiones abstractas, sería negar algo vital para nuestra existencia. Cada capítulo de esta película, filmado con gran belleza y lleno de emoción, es un recordatorio tras otro de por qué me enamoré de este medio en primer lugar y por qué estoy escribiendo esta reseña para que la leas.

Al mismo tiempo, el cine es tanto una forma de arte personal como universal. Cualquiera puede ir a ver una película, pero la experiencia es única para cada persona. Puede que tenga ciertas similitudes con lo que sintieron otros al verla, pero, en definitiva, nadie puede replicar ni reemplazar tu propia experiencia. Sin revelar detalles de la trama (me encantaría que la mayor cantidad de gente posible vea esta película), esta idea se ejemplifica en la escena final. Fue impresionante y conmovedor verla mientras estaba sentado solo en mi butaca, absorto en mis pensamientos, con la escena y su música de fondo. De hecho, se ejemplifica en la propia película porque, al fin y al cabo, esta perspectiva sobre la importancia de los sueños y el cine solo podría haber surgido de un joven cineasta chino llamado Bi Gan. El director canalizó su amor por el cine en la creación de una obra de arte que emana de una perspectiva, un trasfondo cultural y una historia tan singulares, que jamás podría haber imaginado algo similar ni en mis sueños más…si…la palabra es «delirantes».

A pesar de tener 37 años recién cumplidos y haber dirigido solo tres largometrajes, Bi Gan ya ha demostrado ser un maestro en su oficio, creando algunas de las películas modernas más singulares y cautivadoras, especialmente dentro del cine de autor. Ya era admirador suyo tras ver Long Day’s Journey into Night, pero Resurrection no solo es una película mucho mejor en casi todos los aspectos técnicos, narrativos y temáticos, sino que también es una versión moderna de , 2001: A Space Odissey o Holy Motors (y realmente son las únicas tres obras con las que la puedo comparar), destinada a ser estudiada y recordada como una película que «tiró al cine para adelante», y de la que los cineastas del futuro se inspirarán para crear sus propias obras maestras.

¡Larga vida a Bi Gan! El más joven de todos los maestros del cine.

Juan Manuel Fábregas
Juan Manuel Fábregas
Uruguayo. Gran creyente de la Iglesia de Paul Thomas Anderson. Crítico de Cine y Realizador desde 2013, escribiendo para publicaciones y revistas como RouMovie.com, Cartelera.com.uy, El Telégrafo y El País (Uruguay). Email: fabregasmendiburu@gmail.com Tel: +598 91 311 263

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