En un panorama donde la comedia estadounidense lucha por reinventarse y apenas logra sostenerse en pantalla grande, el regreso de The Naked Gun en 2025 se siente como un intento nostálgico de recuperar una fórmula tan clásica como arriesgada. La nueva versión, protagonizada por Liam Neeson como Frank Drebin Jr., no intenta realmente modernizar la franquicia, sino replicar, casi al pie de la letra, el caos humorístico que caracterizó a la trilogía original.
Este reboot —o quizás deberíamos decir homenaje— se construye sobre el recuerdo de los filmes originales dirigidos por el trío cómico Zucker-Abrahams-Zucker, responsables también de joyas del absurdo como Airplane! y Top Secret!. Aquellas películas convirtieron el slapstick en arte, entre juegos de palabras sin fin, parodias burdas y secuencias tan absurdas que desafiaban cualquier lógica narrativa. Y aunque esta nueva entrega abraza con entusiasmo esa tradición, lo hace en un mundo cinematográfico completamente distinto, donde el humor se ha vuelto más controlado, más políticamente correcto, y, a menudo, más tibio.
La película arranca con una declaración de intenciones: Frank Drebin Jr., el nuevo protagonista, se arrodilla ante la fotografía de su padre y dice “quiero ser como tú, pero al mismo tiempo completamente diferente”. Esa frase resume el dilema central del filme: ¿cómo honrar un legado tan icónico sin caer en la simple repetición? ¿Cómo atraer tanto al fan nostálgico como a una nueva generación que no creció viendo a Leslie Nielsen disparando chistes cada cinco segundos?
La respuesta que ofrece el director Akiva Schaffer (conocido por sus vínculos con Saturday Night Live) es clara: no cambiar demasiado. El guión —firmado por múltiples manos— recicla situaciones, estructuras y hasta tipos de chistes que ya se usaron hace más de tres décadas. El resultado es una cinta que por momentos se siente más como una maqueta meticulosamente ensamblada que como una comedia fresca.
Y sin embargo, sería injusto negar los aciertos. El casting de Liam Neeson es, en muchos sentidos, brillante. Lejos de los papeles vengativos que marcaron su carrera reciente, Neeson se entrega al ridículo con entusiasmo, ridiculizando su imagen de héroe de acción con una eficacia sorprendente. Ya desde la primera escena —donde, disfrazado de niña exploradora, detiene un asalto bancario—, el actor demuestra que entiende perfectamente el tono absurdo que exige este universo. Su química con Pamela Anderson, quien interpreta a la femme fatale del caso, es inesperadamente efectiva, aportando una capa de autoconsciencia divertida al conjunto.
A nivel técnico, The Naked Gun se esfuerza por mantener el ritmo frenético de sus antecesoras. Hay referencias a filmes como Tenet, The Batman o Mission: Impossible, pero no como homenajes visuales, sino como vehículos para el gag. Nada escapa al espíritu paródico: desde los avances tecnológicos hasta las figuras públicas caídas en desgracia (el filme se atreve incluso a bromear con O.J. Simpson y Bill Cosby), todo es carne de sátira.
Pero como ocurre en toda comedia que se juega al límite, no todos los chistes aterrizan. Algunos se sienten forzados, otros simplemente anticuados. Hay juegos de palabras que se repiten más de la cuenta, secuencias que se estiran más allá de lo necesario y sketches que parecen sacados de un especial de comedia descartado. Aunque la película dura solo 85 minutos, en ocasiones se siente más larga por culpa de estos altibajos.
Visualmente, se nota una apuesta por el ritmo rápido y el montaje ajustado. Hay decisiones estéticas que apuntan a una comedia física, con coreografías que recuerdan al cine mudo, pero también hay guiños más modernos —como secuencias estilizadas al estilo John Wick— que desentonan con el tono general. Esa falta de cohesión se hace evidente especialmente hacia el final, donde una persecución anodina culmina en un clímax poco inspirado.
A pesar de estas fallas, hay momentos verdaderamente hilarantes. Una escena romántica con un muñeco de nieve caníbal, una discusión existencial entre humanos y perros, o un gag recurrente sobre programas de televisión perdidos en TiVo, son ejemplos de un humor absurdo que roza lo brillante. Estos destellos de genialidad nos recuerdan lo que The Naked Gun fue en su momento: una celebración del sinsentido, una defensa del humor como herramienta contra lo solemne.
Lo más interesante es quizás lo que subyace bajo el caos. En el fondo, este reboot funciona como un reflejo melancólico de una época donde la comedia en el cine ocupaba un lugar central. Hoy, ese espacio está vacío. Las películas de Adam Sandler se estrenan directamente en plataformas, Jim Carrey se diluye entre efectos digitales, y los grandes nombres del género —Ferrell, Apatow, Wiig— parecen haberse desvanecido del radar. En ese contexto, The Naked Gun no solo es un intento de hacer reír, sino también un acto de resistencia.
¿Es esta nueva entrega un éxito rotundo? No. ¿Es una catástrofe como temían algunos escépticos? Tampoco. Es, más bien, un producto irregular, a ratos inspirado y a ratos perezoso, que logra rescatar parte del espíritu de las originales sin ofrecer realmente una visión nueva. Quizás su mayor virtud sea justamente esa: recordarnos lo difícil que es hacer comedia hoy sin autocensura, sin miedo, sin filtros.
El filme también deja claro que Liam Neeson, contra todo pronóstico, puede ser un comediante excepcional. Su compromiso con el papel, su capacidad de autocaricatura y su timing cómico elevan el material por encima de sus limitaciones. Su Frank Drebin Jr. no será tan icónico como el de Leslie Nielsen, pero es un heredero digno que al menos entiende que, para hacer reír, a veces hay que dejar la dignidad en la puerta.
En tiempos de oscuridad, de guerras culturales y redes sociales que penalizan el error, la comedia parece más vulnerable que nunca. Y sin embargo, es justo cuando más la necesitamos. Puede que The Naked Gun no sea la respuesta definitiva, pero sí un recordatorio de que, en medio del caos, aún es posible reír. Aunque sea de un detective torpe, una jazzista improvisada o un ataque intestinal con chili dogs.




