lunes, septiembre 7, 2026
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Crítica de ‘El Ser Querido’: Javier Bardem convierte la paternidad en una forma de control

Javier Bardem ha interpretado hombres violentos, seductores, quebrados y monstruosos, pero pocas veces ha resultado tan inquietante como en The Beloved. Rodrigo Sorogoyen, que en The Beasts convirtió un conflicto vecinal en una exploración brutal sobre masculinidad, resentimiento y territorio, vuelve a interesarse por la violencia que se esconde detrás de comportamientos socialmente aceptables. Esta vez no necesita montañas aisladas ni amenazas físicas. Le basta un padre famoso, una hija herida y un set de rodaje donde cada decisión artística puede convertirse en otra forma de control.

Esteban es un director español reconocido, acostumbrado a que su talento justifique cualquier comportamiento. Después de años alejado de su hija Emilia, decide ofrecerle el papel principal de su nueva película, un drama ambientado en el Sahara Occidental durante los años treinta. La propuesta podría parecer un gesto de reconciliación. También puede interpretarse como una oportunidad profesional. Sorogoyen, sin embargo, introduce desde el principio una tercera posibilidad mucho más incómoda: quizás Esteban está utilizando el cine para recuperar una autoridad emocional que perdió hace años.

La primera conversación entre ambos contiene prácticamente toda la película. Padre e hija se encuentran en un restaurante después de años separados. Esteban intenta mostrarse sereno, como alguien dispuesto a reconstruir aquello que destruyó. Emilia no acepta esa versión. Le recuerda episodios de su infancia marcados por alcohol, drogas, ausencia y humillación. Él responde como suelen responder quienes necesitan controlar el relato de su propia vida: corrige los recuerdos ajenos. No niega que algo sucediera, sino la interpretación que su hija hace de aquello. Esa diferencia convierte la conversación en un ejercicio de gaslighting casi imperceptible.

Bardem construye a Esteban alrededor de esa contradicción. Es carismático, inteligente y, en determinados momentos, afectuoso. Precisamente por eso resulta aterrador. Sorogoyen no presenta un monstruo desde la primera escena, sino a un hombre acostumbrado a utilizar su prestigio, su experiencia y su lenguaje para ocupar la posición de autoridad. Esteban puede pedir perdón sin asumir culpa, mostrarse vulnerable sin ceder poder y convertir cualquier crítica en una agresión contra sí mismo. Bardem encuentra una violencia extraordinaria en la calma.

Victoria Luengo responde con una interpretación contenida. Emilia no es la hija traumatizada que regresa para obtener respuestas. También es una actriz cuya carrera necesita una oportunidad, una adulta que todavía desea cierta aprobación paterna y una mujer consciente de la manipulación como para reconocerla mientras continúa participando en ella. Su decisión de aceptar el papel nunca tiene una única explicación, y esa ambigüedad sostiene la tensión. Quizás quiere reconciliarse. Quizás quiere demostrarle algo. Quizás necesita enfrentarlo en el único territorio donde él cree tener control absoluto.

Ese territorio es el rodaje, y allí The Beloved encuentra su idea más poderosa. Esteban está realizando una película comprometida con la denuncia del colonialismo español y las estructuras históricas de dominación. Sin embargo, mientras habla de opresión detrás de la cámara, reproduce mecanismos similares en su relación con Emilia y con quienes trabajan para él. Sorogoyen establece así una contradicción incómoda: un artista puede comprender intelectualmente el abuso de poder y seguir siendo incapaz de reconocerlo cuando él mismo lo ejerce.

Las repeticiones de las escenas adquieren entonces una dimensión amenazante. Un director puede pedir otra toma. Puede exigir mayor intensidad, cuestionar una interpretación o llevar a sus actores hasta el agotamiento diciendo que todo está al servicio de la película. Pero cuando la actriz es además su hija, resulta imposible separar la búsqueda artística del castigo emocional. La dirección se transforma en una extensión de la paternidad y la paternidad en una forma de puesta en escena. Esteban no solo quiere obtener una actuación de Emilia. Parece querer determinar qué siente, cómo recuerda y quién tiene derecho a definir su historia.

Sorogoyen y el director de fotografía Álex de Pablo trasladan esa inestabilidad a la imagen. Cambian formatos, texturas y perspectivas, pasando del color al blanco y negro y del registro cinematográfico a imágenes que parecen capturadas por cámaras domésticas. La estrategia expresa la dificultad de distinguir entre película, memoria y experiencia. A veces el recurso resulta fascinante; en otras ocasiones se vuelve demasiado evidente. El director posee tantas ideas formales que algunas terminan compitiendo con una historia que ya era intensa sin convertirlos en una tesis obvia.

El momento más brutal llega durante una jornada de rodaje bajo un calor insoportable. Esteban repite una escena una y otra vez, incapaz de aceptar lo que sus actores le ofrecen. La búsqueda de perfección empieza a parecer crueldad y la autoridad profesional se transforma en violencia emocional. Bardem permite observar cómo la máscara de sofisticación va desapareciendo hasta revelar algo más primitivo. No estamos viendo a un director exigente perdiendo la paciencia. Estamos viendo a un hombre cuyo control sobre los demás constituye una parte fundamental de su identidad.

The Beloved evita ofrecer una reconciliación sencilla porque entiende que ciertas heridas no desaparecen mediante una conversación emotiva. Tampoco convierte a Emilia en instrumento de redención para su padre. La película permanece interesada en algo más perturbador: la posibilidad de que Esteban haya construido todo este proyecto para obligarla a regresar a su órbita, darle una oportunidad que ella deba agradecer y reescribir, a través del proceso creativo, la historia que ambos recuerdan de maneras incompatibles.

No todas las ideas terminan integrándose con la misma precisión, y algunos experimentos visuales distraen cuando deberían intensificar. Pero Bardem y Luengo mantienen la película viva. Él ofrece una de sus interpretaciones más amenazantes precisamente porque rara vez necesita levantar la voz. Ella convierte cada silencio en resistencia, deseo de reconocimiento o temor a repetir antiguos patrones.

Con The Beloved, Sorogoyen desmonta una de las fantasías favoritas del cine sobre sí mismo: la idea de que crear una película es necesariamente un acto noble capaz de sanar heridas. Aquí el set puede convertirse en tribunal, prisión y campo de batalla. El cine no reúne a un padre y a una hija. Les proporciona un espacio donde ya no pueden seguir evitando aquello que llevan años intentando controlar.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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