viernes, junio 5, 2026
$0.00

No hay productos en el carrito.

Los 5 mejores de esta semana

Related Posts

Superman en cine: del mito fundacional al renacer con James Gunn.

Desde el instante en que el logo de la “S” surcó el cielo con Superman (1978), el hombre de acero dejó una marca indeleble en el imaginario colectivo. Christopher Reeve emergió como símbolo de esperanza y maravilla, proclamando que un héroe en capa podía ser tan tierno como poderoso. Ese tono sencillo, casi ingenuo, no se redujo al espectáculo: supuraba humanidad en cada gesto, en cada “prac-chow” cósmico del Daily Planet, y resistía ante la rigidez de la gravedad. Aquel nacido emblema erosionó las barreras entre lo humano y lo superhumano, y el éxito se cimentó en una premisa simple: construir la épica sobre la ternura.

Treinta y cinco años después, Zack Snyder rompió ese cristal de vidrio y lanzó a Henry Cavill al aire, con una versión de Man of Steel marcada por el drama interior y las secuelas del sacrificio. No se trataba ya de regresar a casa volando, era una guerra de símbolo y miseria, al estilo del superhéroe que teme lo que puede desatar su fuerza. Snyder volcó su pasión por el noir visual, con cámaras lentas dilatadas y destrucción urbana como metáfora: ¿es la esperanza más poderosa que el caos que dejamos al pasar? Quizá no obtuvo el consenso unánime esperable, pero otorgó a Superman un ancla emocional mayor que la nostalgia.

10 años después, James Gunn toma el testigo en Superman: Legacy. El tono vuelve a ensancharse, recupera la sonrisa, el humor participativo y una mirada menos severa hacia los humanos. Gunn reincide en la dualidad Kent–Superman: no hay superhéroe completo sin Clark, un tipo vulnerable que lucha con sus raíces y ambiciones. David Corenswet encarna ese yin de esperanza y balance, con un guion que reflexiona muy bien sobre los medios, las redes sociales, los símbolos que manipulamos y los que nos manipulan. No todo es capa y combate contra villanos; hay ecos de exploración en la vida privada, en los silencios de la Smallville posmoderna y las repercusiones del poder bajo los focos de una opinión global. Gunn reaviva la épica sin ignorar el mundo que habita: una cinta joven y fresca, con un humor que sabe cuándo soltar la tensión y una dimensión que se siente contemporánea sin perder epicidad.

Entrar a discutir superpoderes no tiene sentido sin contar con el original. La cinta de Richard Donner era la definición absoluta: sensación de asombro, montaje sereno, smile inocente y la partitura de John Williams como aderezo emocional primordial. No necesitaba efectos digitales espectaculares para hacerte alzar los brazos. De pronto, con el ruido del viento y una mirada resignada, descubrías que volar era un acto de fe. Un niño se plantaba frente a la pantalla diciendo “yo también puedo”. Esa energía vital siguió una fórmula sencilla: amor por la ficción, respeto por el personaje, repertorio escénico atrapado en la memoria.

Y entonces vimos cómo esa energía se desgastaba. Con Superman II, aunque algunos cambios argumentales desdibujaron el arco de Clark, quedó intacta la pulsión romántica y la tensión moral de un héroe que renuncia a todo por amor. Es una secuencia de eventos que, sin monstruos digitales ni combates de CGI, combinaba emociones desnudas, sacrificio y poder interior. El sacrificio de la memoria se convirtió en acto de fe épico: un símbolo no puede amar sin recordar lo que representa.

Llegaron tiempos menos nobles. Vimos risas fallidas en Superman III, teñidas de humor bizarro que convirtió a Reeve en un Superman cómico que no encajaba. Cambiaba el tono con cada chiste voluminoso y restaba al héroe su peso mítico. La quinta entrega, Superman IV, se convirtió en una colección de buenas intenciones vacías, plasmadas en presupuestos mínimos y un villano mudo. El afán de paridad con una era nuclear sin discurso auténtico terminó por sepultar la esencia heroica en una nube de banalidad.

Posteriormente, Superman Returns (2006) devolvió reverencia, con Brandon Routh cubriendo los zapatos del original. Singer intentó conectar pasado y futuro, homenajeando cada nota, cada línea. Pero en esa búsqueda de nostalgia, la película quedó atrapada. La coreografía emocional era genuina, pero el argumento no avanzaba: parecía un filme fuera de tiempo, prisionero de su pasado sin conseguir un puente real hacia el presente.

Con Clark Kent ya asumido como fantasma de una era perdida, el aire se empecinó en renovarse. Desde Snyder hasta Gunn, el tono ha recuperado carne y pulso. De una saga en desencanto, hemos evolucionado hacia un legado con apertura y compromiso emocional. Gunn, con sensibilidad cinéfila, ha señalado un rumbo en el que el héroe no se define por su martillo de poder, sino por su capacidad de inspirar sin dejar de ser humano.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

Artículos Populares