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Critica a «Belfast» (2021) de Kenneth Branagh

Reseña a "Belfast" del director Kenneth Branagh con Jamie Dornan, Judi Dench y Caitríona Balfe.

Un niño juega a la guerra de caballeros con sus amigos utilizando juguetes improvisados. De repente, la violencia real estalla en su calle cuando un grupo de alborotadores protestantes ataca las casas de los católicos en esta zona de Belfast, para entonces bien organizada.

Es agosto de 1969 y la vida cotidiana de Buddy (Jude Hill), de nueve años, no cambia mucho después de que se construya un muro que separa desordenadamente a dos comunidades y de que lleguen los soldados británicos y establezcan puestos de control. Buddy y sus amigos los desvían de diversas maneras, reconfortados por el calor de su vida familiar. A lo largo de la película, cuando hay algunos momentos en los que las noticias de la televisión hablan de Irlanda del Norte, la dirección de Branagh los muestra en una esquina inferior de la pantalla y en diagonal. Las pantallas de televisión se miran o se muestran de frente en extractos de programas como Star Trek y algunos conocidos westerns. Asimismo, las visitas al cine contribuyen a alegrar la vida ordinaria de estas personas mostrando un mundo colorido.

El guión parcialmente autobiográfico de Kenneth Branagh hace gran hincapié en la estructura familiar que rodea a Buddy y a su hermano mayor Will, que es un personaje olvidado. Branagh idealiza pictóricamente a sus padres eligiendo a actores tan guapos como el niño los veía a esa edad. Los conflictos sobre el dinero y las discusiones sobre el futuro, son a veces escuchadas y poco comprendidas por Buddy.

Si la actuación de Hill es tu puerta de entrada al mundo de Belfast, entonces el aspecto de la película es lo que se planta en tu cabeza. Al igual que en Roma de Alfonso Cuaron, Branagh y el director de fotografía Haris Zambarloukos presentan su mundo en blanco y negro de alto contraste, lo que realza la realidad y la sitúa en la historia. El efecto es como hojear una caja de viejas y nostálgicas fotografías; incluso los miembros del reparto son estrellas de cine famosas que parecen modelos de objetos encontrados por Diane Arbus. Branagh despliega estratégicamente ráfagas de color aquí y allá, pero la película resalta incluso sin ellas. Tal vez diga algo sobre el fango digitalizado de la mayoría de las superproducciones modernas el hecho de que una película en blanco y negro resulte más ´colorida` que casi cualquier otra procedente del sistema de estudios.

Dicho esto, los que busquen una epopeya acorde con esta época y lugar turbulentos pueden sentirse decepcionados. Hay momentos tristes, sin duda, y las escenas de disturbios capturan el caos insostenible de la época, pero en general me sorprendió lo discreta que es Belfast. Al fin y al cabo, no se trata de la historia de Belfast en sí, sino de la experiencia del joven Kenneth Branagh creciendo allí. 

Aunque la agitación política sirve de telón de fondo y confiere a la película una sensación de incertidumbre, en última instancia se trata de una historia de madurez y, sobre todo, de una historia de origen. Resulta revelador que los momentos en los que la película adquiere un color vivo se produzcan principalmente en el cine (donde Buddy asiste a espectáculos en tecnicolor como Chitty Chitty Bang Bang y Un millón de años antes de Cristo) y en una producción teatral de Cuento de Navidad; (también hay un momento muy duro en el que Buddy lee un cómic de Marvel en el que aparece cierta deidad nórdica). En casa, Buddy ve en la televisión viejos westerns como High Noon y El hombre que mató a Liberty Valance, que a su vez configuran la forma en que el niño ve los conflictos que le rodean, y en la que Branagh, el adulto, los pone en escena.

Jamie Dornan y Caitríona Balfe también aportan una bonita carga emocional a estos intercambios de dos personas que se quieren y que luchan por llegar a fin de mes. Los abuelos, interpretados con un arte marcado por los años por Ciaran Hinds y Judy Dench, modulan las joyas de frases sobre la vida, la amistad y la muerte con las que rodean a Buddy, que ha llegado a encontrar consuelo con esta pareja que se sigue amando después de más de cincuenta años. Los acentos son a veces difíciles de entender y los subtítulos, incluso en inglés, habrían sido útiles para muchos espectadores.

La fotografía de Haris Zambarloukos, en un notable blanco y negro, suaviza las aristas de esta época turbulenta a la que las canciones de Van Morrison añaden alma. Homenaje a su familia de acogida, recuerdo distanciado de hechos inquietantes, este largometraje del director de Enrique V no alcanza, por desgracia, el alcance y la profundidad de Esperanza y Gloria, de John Boorman.

Acerca del Autor

Ruben Peralta Rigaud

Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.