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Crítica a “La Mentirita Blanca” (2017) de Tomás Alzamora

Ruben Peralta Rigaud

En una época donde las noticias falsas están a diario, gracias a la expansión de las redes sociales, el director/DJ Tomás Alzamora se traslada a su pueblo natal San Carlos en Chile, para contarnos una divertida historia acerca de que tan lejos puede llegar un ser humano para tratar de sobrevivir.

Edgardo (Rodrigo Salinas) es un periodista que intenta mantener su trabajo en el diario de un pequeño pueblo donde ya casi no parece haber noticias. Frente a la amenaza de perder su ocupación, junto a su brazo derecho, Vladimir (Ernesto Meléndez), deciden inventar una historia, una “mentirita blanca”, que se transformará en la primera de muchas noticias que darán nuevo impulso al periódico para el que laboran. Convertido en una verdadera celebridad de la localidad, el protagonista deberá decidir si confiesa la verdad, o la mantiene en secreto y continúa aprovechando la buena racha.

Se le puede perdonar a una película basada en hechos cuando a veces sacrifica su ritmo narrativo  con el fin de obtener un orden lógico que pueda ser seguido por el público. “La Mentirita Blanca” inicia algo lenta mientras lucha por unir todas las hebras de la historia en un conjunto coherente y, a menudo, se preocupa por detalles innecesarios. Pero esto solo ocurre durante la primera mitad.

El director utiliza imágenes tipo documental para poner la película en contexto, caso que pudiera funcionar para un tipo de audiencia, un público chileno que tal vez escuchó de la historia, pero para el espectador internacional podría resultar algo pasible. Sumándole la presentación de los personajes, resulta algo distante al género, pues la mayoría de estos son presentados de una forma neutral, algo que no cae dentro de los parámetros de la comedia.

Cuando todo es presentado, cuando ya conocemos de qué trata “la Mentirita Blanca”, parece otra película. Y es justamente, desde que ocurre la primera mentirita y sus consecuencias, cuando vemos un giro de guion y nuestros lentos personajes se vuelven interesantes.

No conozco si el director/guionista Alzamora se basa en un personaje real, pero su Edgardo, raya en lo sociópata, manipulador y egoísta. Ya que todo lo que va ocurriendo en el transcurso de la trama va desarrollando cierta ambición por la fama y sus resultados, los cuales en su mayoría vienen sin remordimientos.

Tampoco nos queda duda acerca de la habilidad de Salinas para crear historias. Sin darse cuenta el cargo emocional y psicológico que cada una de estas iba poco a poco creando en la psiquis de su pueblo, el solo se dejo llevar por la corriente y no midió el resultado final. Este, sin lugar a dudas es el mejor personaje de la película.

Aunque el guión es enormemente repetitivo, nos muestra una y otra vez el esquema problema-solución ingenioso que por momentos, cansa y hace que te aburras, pero la buena mano de Alzamora, coloca todo en su sitio y el resultado final es más que una decente película que congratula a su director con la crítica. Realmente, aunque sea considerada un hecho real, es muy poco creíble, por la consecución de unas situaciones que raramente se verán en la realidad. Al menos en esta época donde cualquiera tiene acceso a internet.

“La Mentirita Blanca” es un loable resultado por parte de todo el equipo involucrado, quienes iniciaron con una campaña ‘’crowd funding’’, y demuestran que es un cine hecho con corazón y ganas de contar historias, algo que por momentos pensamos que perdemos dentro de nuestro cine latinoamericano.

Al final, nos queda una obra entretenida, aunque apoyada en herramientas narrativas conocidas, la película es una apuesta divertida y una interesante propuesta de personajes diferentes. “La Mentirita Blanca” no solo retrata un peligro latente llamado desinformación, si no que nos muestra en la cara el deseo de protagonismo detrás de estos temas. Puros psicópatas deseosos de aumentar audiencia en sus portales, sin importar consecuencias. Ya al final no sería tan blanca esta mentira, y no sería mentirita, ¿O acaso una mentira no es una mentira sin importar el color?

“La Mentirita Blanca” fue presentada en la edición 34 del Miami Film festival

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Ruben Peralta Rigaud

Ruben Peralta Rigaud