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Critica a “Reinbou” (2017) de Andrés Curbelo y David Maler

Ruben Peralta Rigaud

Si la luz y la ausencia de luz fueran el lenguaje visual original del cine, el contraste seria la narrativa. La batalla del bien contra el mal seria la herramienta más conocida, incorporando subordinados como amor contra odio, o dolor versus placer. La película de los debutantes Andrés Curbelo y David Maler trabaja estas nociones primordiales en un período que marcó a la República Dominicana, la segunda invasión de los Estados Unidos, en 1965. Las guerras son siempre ricas para la exploración, desenterrando los aspectos más depravados de una nación junto con las características más nobles. Cuando existe el contraste, los directores tratan de sacar el máximo provecho de esta situación, mientras yuxtaponen una batalla con inocencia. El primero, sirve como plataforma, el segundo como excusa narrativa.

Dentro de las deficiencias de las que padece el filme, encontramos su historia. Maceta (Erick Vázquez) vive con Inma, su madre (Nashla Bogaert), y quiere de una manera desesperada conocer la historia de su padre. Es allí donde la película inicia su declive narrativo. Los directores deciden viajar entre el pasado y el presente para darle forma a su historia. Reconocemos que existen dos paralelismos en la narrativa: una entre realidad de la atmósfera creada, en la que estamos presenciando la época post invasión norteamericana y  otra en la forma en que Maceta va descubriendo las cosas, la crudeza de la realidad, llena de odio y violencia, y mágica forma en la que el extraordinario joven actor se desenvuelve.

Con una premisa tan gratificante como la que presenta Reinbou, no puedo negar la decepción por el resultado final. Parte del problema resulta de una falta de consistencia interna – la película cambia arbitrariamente las reglas para adaptarse a las circunstancias. Otro elemento es la falta de generación de impulso. Aunque Reinbou alcanza un clímax, no se eleva junto a él y, cuando sucede, es más probable provocar un encogimiento de hombros que una sonrisa de satisfacción. La película carece del atractivo necesario para apasionar a los espectadores más jóvenes y no es suficientemente acabada para los miembros más antiguos de la audiencia.

A pesar de que la película presenta un contenido fantástico, carece de esa excitante chispa de magia que uno espera encontrarse en una propuesta de estas características. Desprende un agradable apego hacia el universo literario e introduce ideas de indudable interés, pero da la impresión de que Curbelo y Maler no supieron plasmar estas últimas en su guion, desaprovechando la presencia de personajes que podrían haber dado bastante más de sí. Por otro lado, se echa en falta una mayor ambición en el filme, topándose con una sosa y rutinaria dirección que impide que el espectador se sumerja en la aventura.

Donde la película saca la cara es en su extraordinario valor técnico. El diseño de producción de Rafi Mercado (La Gunguna, Morir Soñando) vuelve a ser protagonista, cuidando de una manera milimétrica los detalles de la época y apoyándose del gran trabajo de la cinematografía de Marc Miró, creando uno de los mejores trabajos en interiores dentro de la industria. El aporte de Miro recae en el preciso cuidado de los detalles, principalmente cuando la narrativa se efectúa en lugares cerrados o retratando una situación desde la distancia.

Los efectos visuales presentados en Reinbou no son secundarios, pues fueron hábilmente utilizados. El equipo liderado por Miky Girón y Ricky Gluski, presenta una extraordinaria paleta de colores que sirven como adorno a la historia, mas no como una mera herramienta narrativa.

El apartado de actuaciones aporta a la historia de manera adecuada, tomando la delantera el joven actor Erick Vázquez (La Familia Reyna) como el carismático Maceta. David Maler, Gerardo Mercedes y Héctor Aníbal le siguen al joven actor como soporte y piedra angular de la historia. Completan el elenco las gemelas Adysmeri y Meriadys Espinosa, Zacarías Heredia, Alejando Ventura, Héctor Sierra, Katherine Castro, Cinthia Guzmán, Orlando Holguín, Juan Carlos Pichardo, Rafael San y Mireya Hernández.

Una de las cosas más difíciles para los actores es interpretar a un personaje con un acento muy diferente al suyo. Además de tener una pronunciación y entonación distinta a la del actor en la vida real, el personaje debe ser creíble, mantener la gestualidad y la idiosincrasia que se quiere personificar. El actor debe trabajar con el director para crear cierta personalidad. El manejo de acentos es una herramienta importante para los actores y en esta ocasión dicha herramienta fue olvidada en la casa. Otra vez.

“Reinbou” nunca hace pleno uso de sus fortalezas. Las ideas sobre la realidad y la ficción que suponía ser el factor más atractivo aquí, se disuelve mientras el metraje avanza. Las referencias meta textuales podrían ser muy bien un marco para la historia, pero en lugar de esto la narrativa se vuelve simple en su tercer acto. Al querer abarcar tantos detalles, los nóveles directores se pierden en el camino, y su meta, en vez de ser colorida, se torna aburrida y sombría.

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Ruben Peralta Rigaud

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