Libre, Linda y Loca
A pesar de la tibia recepción que tuvo en el Festival de Cannes, Die, My Love era una de las películas que más esperaba de este año. Con tan solo cuatro películas antes que esta, Lynne Ramsay se convirtió en una de las principales voces del cine moderno, al estar dotada de un incuestionable talento visual y sonoro, y sin ningún miedo en retratar temas tabú en la sociedad con un necesario retorcimiento. En este caso, adapta Mátate, Amor, aclamada novela de la argentina Ariana Harwicz, sobre el descenso a la locura de una madre recién parida, después de mudarse al campo con su pareja. ¿Quién mejor que Ramsay para sumergirnos en esta espiral? En papel, parecía un matrimonio perfecto.

Grace (Jennifer Lawrence) y Jackson (Robert Pattinson) son felices al mudarse a la ruralidad. Bailan, ríen, tienen sexo. Todo cambia con la llegada de un bebé. El tedio de la maternidad empieza a desestabilizar a Grace, que ante la ausencia prolongada de su novio, mata el tiempo emborrachándose, jugando con cuchillos y masturbándose. Por ahí andan un motociclista (LaKeith Stanfield) que sirve como símbolo de posible escapada sexual, y los suegros de Grace, los siempre agradables de ver Sissy Spacek y Nick Nolte (que a los memoriosos nos recordarán Affliction de Paul Schrader).
La película funciona como un extraño cóctel de mezclar A Woman Under The Influence de John Cassavetes (aún el retrato más logrado de la psyche femenina moderna), la «trilogía de la depresión» de Lars Von Trier (el estudio de una pareja compleja aislada de todo y todos de Antichrist, la depresión crónica en Melancholia y el voraz apetito sexual en Nymphomaniac), mother! de Darren Aronofsky (compartiendo otro intenso protagónico de Lawrence atrapada en una casa rural) y, finalmente, We Need to Talk about Kevin de la propia Lynne Ramsay, en su deconstrucción de la maternidad como calvario infernal.
Creo que en Die, My love, Jennifer Lawrence logra su mejor interpretación desde Winter’s Bone. La actriz nunca le ha tenido miedo a nada, pero aquí demuestra el talento que siempre supimos que había dentro de ella, y que hacía mucho tiempo no sacaba a relucir. Lawrence le da esa rara mezcla entre mujer madura, niña y adolescente a Grace, y muy pocas intérpretes podrían haber logrado este papel de forma convincente. También hay que valorar lo de Pattinson, que sigue demostrando, por el solo hecho de elegir este tipo de películas en su carrera, que es uno de los actores más interesantes de su generación.
Quiero destacar la labor del siempre brillante fotógrafo irlandés Seamus McGarvey, especialmente en lo que tiene que ver con la luz de luna en Die, My love. Lamentablemente hay un uso de un incendio digital bastante mal logrado, tanto al inicio como el final del largometraje, pero que no termina de empañar el minucioso esquema visual de la película.

Si bien creo que es el más flojo de los cinco trabajos de Lynne Ramsay, me parece que en Die, My love estamos ante una película muy valiosa y que continúa revelando lo mucho que tiene por decir esta genial cineasta escocesa.
Un nuevo atentado contra esa enfermedad intrínsicamente femenina, que es la maternidad.




