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‘Wednesday’ temporada 2: Jenna Ortega y el regreso oscuro que Netflix necesitaba.

Cuando Netflix anunció que Wednesday, la reinterpretación del universo de The Addams Family, sería renovada para una segunda temporada, las expectativas no eran simplemente altas, eran casi imposibles de cumplir. Y sin embargo, aquí estamos: con el regreso de Jenna Ortega como la hija favorita del gótico popular contemporáneo, y un equipo creativo dispuesto a llevar más lejos el mito, el sarcasmo y el terror adolescente. La segunda temporada de Wednesday no solo confirma la vigencia del personaje, sino que amplía su universo con ambición y una estética aún más refinada.

Desde su primera entrega, Wednesday se colocó rápidamente en el centro de la conversación cultural. Gracias al enfoque de Tim Burton, que sirvió de productor ejecutivo y director de algunos episodios clave, la serie capturó la mirada de una nueva generación que encuentra en el sarcasmo de Wednesday Addams no solo un gesto de rebeldía, sino una identidad. En esta segunda temporada, la evolución de ese gesto es central: no se trata solo de redefinir el legado de los Addams, sino de consolidar a Wednesday como figura simbólica dentro del caos adolescente.

En esta nueva tanda de episodios, el foco se expande. Ya no estamos únicamente ante una historia de asesinatos por resolver en el entorno cerrado de Nevermore Academy, sino ante un relato donde la conspiración, las viejas rivalidades y las tensiones políticas entre «normies» y marginados alcanzan niveles más complejos. La narrativa se densifica, pero no se enreda. Al contrario: se afila.

Uno de los mayores aciertos de esta nueva temporada es su voluntad de no repetir fórmulas. En lugar de reciclar los misterios de la primera entrega, el guion se atreve a explorar nuevas líneas de conflicto, especialmente a través de la figura de Wednesday como posible líder, no solo como outsider. Esto la posiciona en un terreno donde su humor negro debe convivir con la responsabilidad, el afecto y la lealtad. Y es ahí donde Jenna Ortega vuelve a brillar: con su capacidad para decirlo todo sin decir casi nada. Su expresión impasible contiene ahora matices emocionales que antes estaban ocultos bajo la coraza de ironía.

También hay un crecimiento notorio en el elenco. Emma Myers como Enid, la compañera de cuarto y única verdadera amiga de Wednesday, alcanza una dimensión más rica y autónoma. Su arco se vuelve más político, más emocional, más combativo. Y si la primera temporada era una comedia negra con tintes de horror, esta segunda entrega se inclina más por el thriller sobrenatural con una fuerte carga de crítica social.

La estética visual —marca registrada de Burton, aunque ahora bajo otros directores— se mantiene igual de poderosa. Nevermore Academy parece aún más barroca, más sombría, más imponente. Los pasillos húmedos, las bibliotecas infinitas, los jardines de sombras: todo contribuye a la atmósfera opresiva y encantadora que define a la serie. La fotografía, con su paleta de colores desaturados y sus contrastes elevados, se vuelve lenguaje narrativo, no solo decorado.

Pero donde la serie da un paso adelante es en su capacidad para dialogar con el presente. La segunda temporada incluye guiños explícitos al activismo juvenil, al feminismo contemporáneo, a los discursos sobre identidad. No de forma panfletaria, sino orgánica: los personajes enfrentan dilemas que no se resuelven con frases ingeniosas ni poses cool, sino con decisiones incómodas. La oscuridad, en Wednesday, ya no es solo una estética: es también un territorio moral.

La música vuelve a ser un elemento clave. El score sigue utilizando instrumentos clásicos —violonchelos, clavicémbalos, pianos desafinados— para crear un clima que oscila entre lo lúgubre y lo lúdico. Pero esta vez también hay experimentación: se incorporan sonidos industriales y sintetizadores minimalistas que acompañan escenas de mayor tensión. La ya icónica secuencia del baile gótico en la primera temporada se ve ahora replicada con momentos coreográficos más sutiles pero igual de significativos. No hay copia, hay eco. Y eso es mérito.

Por supuesto, no todo es perfecto. Algunas subtramas se sienten innecesarias o abruptas, en especial aquellas que intentan forzar romances que no tienen suficiente desarrollo. Y en ciertos momentos, la serie peca de sobre explicar, como si no confiara del todo en la inteligencia emocional de su audiencia. Aun así, esos tropiezos son menores frente al conjunto general, que demuestra una ambición estética y narrativa inusual en la televisión juvenil.

Uno de los elementos más celebrados de esta segunda temporada es la manera en que los vínculos familiares vuelven a escena. Morticia (Catherine Zeta-Jones) y Gómez (Luis Guzmán) tienen apariciones más sustanciales y mejor integradas al conflicto principal. Hay una exploración más honda del legado familiar, de las contradicciones entre lo que se hereda y lo que se elige. En el caso de Wednesday, esta tensión entre la tradición y la autonomía se vuelve el motor dramático de toda la temporada.

Quizás lo más significativo de esta segunda entrega es que Wednesday ya no es solo una serie sobre una chica peculiar en una escuela de raros. Es, ahora, una reflexión sobre el poder de quienes se sienten excluidos, sobre el valor de lo distinto, sobre la necesidad de formar alianzas incluso con quienes no piensan igual. En tiempos de polarización y crispación, Wednesday recuerda que el verdadero monstruo no es quien vive en la oscuridad, sino quién teme a ella.

La temporada 2 de Wednesday logra superar el desafío de continuar una serie que, desde su inicio, fue un fenómeno. Con una protagonista cada vez más compleja, una narrativa que abraza la oscuridad con inteligencia, y una estética que no se agota, la serie se consolida como uno de los títulos imprescindibles del catálogo de Netflix en 2025. Y si sigue por este camino, Wednesday Addams dejará de ser solo un ícono gótico para convertirse en uno de los personajes más fascinantes del audiovisual contemporáneo.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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