Criticas y Artículos de Cine

Héroes en la pantalla, villanos en la historia

Dicen que Martin Scorsese se ha quedado muy corto al filmar las fechorías de Jordan lobo_wall_streetBellfort, alias El lobo de Wall Street. Es más: algunas víctimas de este broker y estafador han acusado a ‘Marty’ de glorificar al personaje, a pesar de que este no verá un céntimo de las ganancias del filme (o eso dice él). Lo que es a nosotros, esto nos extraña bastante. Para empezar, porque los excesos que aparecen en la película dejan en mantillas a la Roma de Nerón, con ese derroche de vicio, fornicio y pastis que le ha procurado un Globo de Oro a Leonardo DiCaprio. Y, para seguir, es público y notorio que los biopics de Hollywood mienten más que hablan, sacrificando los hechos registrados en favor del dramatismo, de la espectacularidad… O de una historia de buenos y malos, con la cual el público pueda identificarse fácilmente tras pasar por taquilla.

De eso va nuestro informe de hoy: todos estos personajes existieron realmente (algunos, de hecho, siguen con vida) y todos ellos inspiraron otras tantas películas. Pero sus biografías revelan que el cine tuvo que esforzarse mucho, muchísimo, por pintarles como a héroes. En algunos casos, esto se debe a factores puramente históricos (cómo, si no, consigues que un señor de la guerra medieval le caiga bien al espectador de hoy) y en otros a una voluntad deliberada por pulir ambigüedades morales. En todo caso, cinemaníaco, si hubieras tenido la desgracia de cruzarte en su camino, tal vez les hubieras visto como unos auténticos villanos.

William Wallace (Mel Gibson)

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Vimos sus hazañas en… Braveheart (Mel Gibson, 1995)

En la pantalla… Cual si de un Rambo de los siglos XIII-XIV se tratase, este hidalgo escocés hubiese podido acabar él solito con las tropas del pérfido rey inglés Eduardo I, de no haber tenido como soberano a ese grandísimo inepto (y traidor) llamado Roberto I Bruce.

Pero en la historia… Vale, Eduardo I no era ningún santo, y a William Wallace se le venera hoy en Escocia como a un campeón de la independencia. ¿El problema? Que a Roberto Bruce también, e incluso más que a él. Resumiendo mucho, por entonces el trono escocés se hallaba en disputa entre catorce (sí, catorce) pretendientes, con el soberano inglés haciendo suyo lo de “a río revuelto, ganancia de pescadores”. En medio de este cacao, William Wallace tomó partido por uno de los candidatos, Juan de Balliol, y se dedicó a acciones de saqueo tanto contra los ingleses como contra algunos de sus compatriotas, reclutando campesinos a la fuerza y ahorcándolos en el acto si se negaban a luchar por él. En general, y a pesar de sus (relativos) éxitos militares, las andanzas de nuestro hombre fueron más bien poco heróicas, ajustándose a lo habitual en un noble menor de su tiempo: mirar siempre por su propio beneficio y usar a los plebeyos como material sacrificable.

Jim Garrison (Kevin Costner)

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Vimos sus hazañas en… JFK: Caso abierto (Oliver Stone, 1991)

En la pantalla… Algo huele a podrido en las investigaciones sobre el asesinato del presidente Kennedy, y este intrépido fiscal de Louisiana está dispuesto a destaparlo. Incluso aunque ello le obligue a meterse en el camino de la Mafia, de la CIA, del complejo militar-industrial y de ese Tommy Lee Jones de peluca peroxidada.

Pero en la historia… Dejando de lado las teorías conspirativas (alentadas, todo hay que decirlo, por los libros que él mismo escribió), ni las pesquisas de Garrison ni su propia figura son trigo limpio en absoluto. Al fiscal se le conocía como un amante de la notoriedad capaz de casi cualquier cosa por salir en los medios, y que alardeaba de emplear en sus interrogatorios técnicas como la hipnosis o los sueros de la verdad. Además, Garrison pagó o coaccionó a muchos de los testigos que declararon en su informe, y su obsesión con el arquitecto Clay Shaw (un hombre muy querido en Nueva Orleans por sus restauraciones de edificios antiguos) le llevó en ocasiones a calificar de “conspiración gay” el plan para matar a Kennedy. También debemos añadir que, en 1949, Garrison había sido expulsado el ejército tras el diagnóstico de una enfermedad mental y que se enfrentó a un proceso por corrupción tras abandonar su cargo en 1973

Cristóbal Colón (Gérard Depardieu)

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Vimos sus hazañas en… 1492: La conquista del paraíso (Ridley Scott, 1992), entre muchas otras películas

En la pantalla: La versión del navegante que nos ofreció Ridley Scott a América no es en absoluto la más hagiográfica (sobre todo si la comparamos con la superproducción del franquismo Alba de América -1951-). Aun así, hace lo que puede por que su protagonista nos caiga simpático.

Pero en la historia… La travesía atlántica de Colón no estuvo motivada sólo por la búsqueda de un camino rápido hacia las riquezas de China e India. El futuro almirante conocía (de primera mano, o de oídas) las colonias portuguesas en África, y sabía los grandes ingresos que podían obtenerse de la trata de esclavos. Tan pronto como se dio cuenta de que los indígenas de la isla de Santo Domingo no eran súbditos del Gran Khan, apuntó en su diario que “con cincuenta hombres [los Reyes Católicos] les tendrían a todos sojuzgados y podrían hacerles hacer lo que quisiesen”, y se llevó por la fuerza a veinticinco de ellos (de los que sólo siete sobrevivieron al viaje) para mostrarlos ante la corte de Castilla. Durante sus sucesivos viajes, Colón dejó pruebas de un tratamiento atroz hacia los nativos, a quienes él y sus hombres hacían trabajar a destajo en busca de oro.

Claus von Stauffenberg (Tom Cruise)

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Vimos sus hazañas en… Valkiria (Bryan Singer, 2008)

En la pantalla: Aristócrata de rancio abolengo, amante de las artes, esposo y padre ejemplar… Vamos, que este militar prusiano (y mutilado) nos habría caído bien incluso aunque no hubiese intentado cargarse a Adolf Hitler y detener la II Guerra Mundial en 1944.

Pero en la historia… Vamos a ver: si la Segunda Guerra Mundial comenzó en 1939, y Hitler había llegado al poder seis años antes, ¿qué había estado haciendo el conde de Stauffenberg? Pues apoyando discretamente al nacionalsocialismo, primero, y después contribuyendo a las conquistas de Polonia, Francia y África del norte como oficial en varias divisiones acorazadas. Aunque su religiosidad le inspiró ciertos reparos ante las atrocidades nazis, Stauffenberg no dejaba de ser un racista que consideraba a los pueblos conquistados “escoria que sólo obedece al látigo”, y cuyo desprecio por Hitler no estaba motivado por razones humanitarias, sino por la poca simpatía hacia un líder de origen plebeyo y que, para colmo, estaba perdiendo la guerra. Más que a reinstaurar la democracia, su complot aspiraba a convertir a Alemania en una dictadura militar.

Robert Stroud (Burt Lancaster)

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Vimos sus hazañas en… El hombre de Alcatraz (J. Frankenheimer, 1962)

En la pantalla… Que levante la mano aquel que no se emocione ante las desventuras de este preso ornitólogo. En la película, el proxeneta y asesino Stroud se redime de sus tendencias criminales mediante su amor a las avecillas del campo.

Pero en la historia… ¿Hemos dicho “se redime”? Pues va a ser que no. Es cierto que Stroud acabó convirtiéndose en un científico autodidacta durante sus años en prisión. Pero también lo es que su propensión a la violencia supuso auténtica pesadilla tanto para sus guardianes como para los demás reclusos en las prisiones donde estuvo internado. Por otra parte, la enorme cantidad de pájaros que cuidaba en su celda de la cárcel de Leavenworth acabaron creando un problema sanitario de aúpa (y, suponemos, una peste insoportable) en el recinto. Sus biógrafos le pintan, bien como un psicópata muy inteligente, bien como una buena prueba de los efectos de la pobreza y la brutalidad institucional sobre una persona de talento.

Rubin ‘Huracán’ Carter (Denzel Washington)

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Vimos sus hazañas en… Huracán Carter (Norman Jewison, 1999)

En la pantalla… Como cantó Bob Dylan, el boxeador Carter “hubiera podido ser el campeón del mundo”, pero fue condenado por un triple asesinato que no cometió. 22 años después, fue puesto en libertad sin cargos.

Pero en la historia… Al mediar en ella factores muy incómodos (está claro que Carter no hubiese ido a la trena con tanta facilidad de haber sido blanco) la historia de este púgil es de esas que hay que coger con pinzas. Pero debemos fijarnos en un par de cosas: cuando ‘Huracán’ entró en prisión, su carrera en el boxeo estaba de capa caída, sobre todo después de la memorable paliza que Joe Giardello le arreó en 1964 (achacada, en la película, al racismo de los jueces), sus antecedentes penales eran numerosos y, aun a día de hoy, nadie sabe exactamente qué ocurrió en la noche de autos. La puesta en libertad de Carter se debió, en realidad, a los fallos de procedimiento cometidos por la acusación.

Chris Gardner (Will Smith)

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Vimos sus hazañas en… En busca de la felicidad (Gabriele Muccino, 2006)

En la pantalla: Tras quedarse sin trabajo, sin esposa y sin casa, este prometedor científico (siempre con su hijito a cuestas) se reintegra en la sociedad gracias a un puesto de becario en una firma de cambio y bolsa. Y también resuelve el cubo de Rubik.

Pero en la historia… En la película, Gardner es arrestado por la policía debido al impago de unas facturas de estacionamiento. En la vida real ese arresto también se produjo, pero a causa de una denuncia por malos tratos interpuesta por su amante y madre de su hijo. Un hijo del cual, además, nuestro hombre se desentendió durante sus primeros meses en la miseria. Por otra parte, Gardner no sólo consumía drogas habitualmente, sino que también hacía sus pinitos como camello. Señalemos que todos estos hechos están recogidos en su autobiografía, la cual se convirtió en un best seller y supuso el punto de partida para la película. Pero, seguramente, detalles como la violencia doméstica o los trapicheos con cocaína eran demasiado sórdidos para Will Smith.

Fuente: Cinemania

Acerca del Autor

Ruben Peralta Rigaud

Ruben Peralta Rigaud

Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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