sábado, marzo 14, 2026
$0.00

No hay productos en el carrito.

Los 5 mejores de esta semana

Related Posts

‘Send Help’ – Crítica de la nueva película de Sam Raimi.

Hay intérpretes que nunca necesitan demostrar nada, pero aun así terminan sorprendiéndonos. Rachel McAdams pertenece a esa categoría. Su carrera ha transitado con naturalidad entre la comedia adolescente, el romance clásico y el drama periodístico, siempre con una presencia serena, casi discreta. Sin embargo, en Send Help, bajo la dirección de Sam Raimi, ofrece posiblemente la actuación más salvaje, física y arriesgada de su trayectoria. Y lo hace en una película que funciona como una travesura macabra: mitad sátira corporativa, mitad pesadilla de supervivencia, completamente entregada al exceso.

Raimi regresa aquí a la vena retorcida que lo hizo célebre en Evil Dead y Drag Me to Hell. No es un horror puro, pero sí una comedia negra con vísceras, sangre y un sentido del humor que se mueve entre lo grotesco y lo incómodamente hilarante. Send Help toma el esquema clásico del naufragio y lo retuerce hasta convertirlo en un campo de batalla psicológico donde el poder cambia de manos constantemente.

Linda Liddle, interpretada por McAdams, es una gerente eficiente pero invisibilizada en una empresa que parece existir únicamente para exhibir salas de juntas de vidrio y jerarquías opacas. Cuando el fundador muere, su hijo Bradley asume el control y convierte el entorno laboral en un club masculino de arrogancia y desprecio. Linda es relegada, subestimada, tratada como una pieza intercambiable. Lo que Bradley no sabe es que su empleada marginada lleva años obsesionada con realities de supervivencia y acumula conocimientos que pronto serán decisivos.

El viaje corporativo a Tailandia termina en desastre cuando una tormenta destruye el avión. Raimi filma la secuencia con una mezcla de horror caricaturesco y comedia brutal. Las muertes son grotescas y absurdas, diseñadas para provocar tanto una mueca como una carcajada nerviosa. Solo sobreviven Linda y Bradley, arrastrados a una isla diminuta en el Golfo de Tailandia. Desde ese momento, la película cambia de eje: la oficina desaparece, pero la lucha por el poder apenas comienza.

Lo fascinante es cómo Raimi utiliza el espacio insular como espejo invertido del entorno corporativo. En la civilización, Linda era una sombra; en la isla, florece. McAdams compone a su personaje con una fisicidad sorprendente: torpe, sudorosa, habladora en exceso, pero gradualmente empoderada. La transformación es casi irónica. Mientras Bradley, acostumbrado al privilegio y la comodidad, queda reducido a una dependencia humillante debido a una lesión en la pierna, Linda descubre que el aislamiento es su territorio natural.

Dylan O’Brien interpreta a Bradley con una energía despreciable pero magnética. Su personaje es un narcisista convencido de que el mundo existe para servirle. La dinámica entre ambos actores es el motor real de la película. Raimi entiende que el suspense no proviene únicamente del entorno hostil, sino del enfrentamiento constante entre dos egos que se reconfiguran en cada escena. A veces parecen necesitarse; otras, la relación roza el sadismo emocional.

El guión introduce comentarios sobre misoginia laboral y jerarquías tóxicas, pero nunca se convierte en tesis académica. La crítica social está presente, aunque subordinada al placer del espectáculo. Raimi no pretende moralizar. Prefiere jugar con el desequilibrio, exagerar la violencia y llevar las situaciones al límite de lo absurdo. Hay secuencias que parecen al borde del sueño febril, como si el relato pudiera desmoronarse en cualquier momento.

Visualmente, la película mezcla efectos prácticos con un CGI deliberadamente exagerado. Un enfrentamiento con un animal salvaje resulta tan desmesurado que provoca aplausos incrédulos. Raimi no busca realismo; busca impacto. La sangre vuela en arcos imposibles, los golpes duelen, pero también provocan una risa nerviosa. Es un cine consciente de su artificio, orgulloso de su teatralidad.

El mayor acierto de Send Help es que nunca permite que el espectador se acomode. Cada vez que creemos entender quién domina la situación, la balanza se inclina en dirección opuesta. Linda puede parecer víctima, pero también revela una veta manipuladora inquietante. Bradley es despreciable, pero no completamente incapaz de vulnerabilidad. La pregunta no es solo quién sobrevivirá, sino qué versión de cada uno emergerá al final.

Hay ecos de otras historias de náufragos y enfrentamientos de clase, pero Raimi evita la solemnidad. Aquí la supervivencia es espectáculo, y el espectáculo es catarsis. Incluso el salto de susto más efectivo llega sin advertencia, demostrando que el director aún domina el ritmo como pocos.

Puede que la película se extienda unos minutos más de lo necesario, pero la sensación final es de celebración descontrolada. Raimi vuelve a divertirse y esa diversión es contagiosa. McAdams, despojada de glamour, se entrega sin reservas a un personaje incómodo, feroz y sorprendentemente entrañable. O’Brien, por su parte, abraza la vileza con entusiasmo.

Send Help no busca premios ni solemnidad. Busca adrenalina, risa incómoda y una inversión brutal de jerarquías. Y lo consigue. Es una sátira sangrienta sobre el poder, el resentimiento y la oportunidad de reinventarse cuando todo se derrumba. En esa isla diminuta, lejos del vidrio corporativo y los trajes impecables, emerge algo más primitivo y honesto: la lucha por sobrevivir y, sobre todo, por dominar. Raimi lo filma con la sonrisa torcida de quien sabe exactamente lo que está haciendo.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

Deja un comentario

Artículos Populares