PingPongPata Americano
Forever young
I want to be forever young
Do you really want to live forever?
Forever young
Poco me atraía de Marty Supreme en un principio. ¿Una película sobre un jugador de ping pong en los 50s? ¿En serio? Tampoco puedo decir que Timothée Chalamet sea un santo de mí devoción, aunque le tengo un profundo respeto por no venderse a los mercantilismos superheróicos de Marvel y DC, y preferir reflotar una obra cumbre de la ciencia ficción como es Dune, junto a un gran cineasta como es Denis Villeneuve.
Así que deposité mí mayor interés en la película para ver como se desenvolvía en solitario Josh Safdie, tras romper la dupla que tenía con su hermano Benny (que este año estrenó la también deportiva The Smashing Machine). Los Safdie habían significado una bocanada de aire fresco para un moribundo indie estadounidense en los últimos 15 años; ese indie que se había vuelto una autoparodia con las películas más aclamadas de Sundance, y que abrazó el realismo sucio y callejero presentado por los hermanos neoyorquinos de inmediato, especialmente esas dos obras brillantes que son Good Time (aún el mejor Robert Pattinson que haya aparecido en una pantalla) y Uncut Gems (una de las grandes películas norteamericanas de la década pasada, con un Adam Sandler insuperable y monumental).
Toda esta introducción es para anticipar que Marty Supreme es mí película favorita de 2025, por encima de una maravilla más de mí adorado Paul Thomas Anderson, como es One Battle After Another, y de esa obra mayor de Jafar Panahi llamada It Was Just an Accident. Sin entrar en bromas (o quizás si), es más «redonda» que aquellas dos.
Es impresionante lo logrado por el tándem Safdie-Chalamet en esta febril oda a la juventud, convirtiendo al director en un firme heredero de Scorsese, y al actor, como había declarado en un pensamiento deseoso durante una entrega de premios reciente, en «one of the greats«.

Inspirada de forma muy suelta por la vida del campeón de ping pong Marty Reisman (aquí apellidado Mauser), la película nos cuenta un año en las andanzas de este joven vendedor de zapatos durante el día, y feroz buscavidas del tenis de mesa durante la noche.
La cuestión es que en estos frenéticos meses de aventuras, el muchacho tiene que lidiar con un montón de personajes y situaciones estrambóticas: una amiga de la infancia casada de la cual es amante; conseguir dinero para competir de forma internacional en el ping pong (y si no se consigue, robarlo); meterse en una aventura sexual con una estrella de cine en horas bajas, mientras intenta engatusar al millonario marido empresario de ésta; medirse contra un aparentemente invencible jugador japonés; hacer estafas de poca monta junto a un amigo taxista para subsistir; encargarse del perro de un mafioso (también para subsistir), y un largo etcétera, que por momentos hacen creer que el guion de Josh Safdie y Ronald Bronstein (que tiene bastante de The Hustler, Catch Me If You Can y la propia Uncut Gems) es solo un conjunto de episodios a cada cual más loco, pero hay una mano maestra tejiendo todo de manera inmejorable detrás.
Lo de Timmy es sencillamente histórico, hasta icónico. Armado con acné, uniceja, lentes, un pequeño bigote y una paleta, este es su On The Waterfront, su Taxi Driver (si, lo estoy comparando con Brando y De Niro, a ese nivel). El Marty de Chalamet no es más que un charlatán, un mentiroso, un narcisista…básicamente un chanta, como les decimos en el cono sur. Solo sueña con ser campeón y probar que es el mejor del mundo en lo suyo. Será un test de paciencia aguantarlo durante dos horas y media para algunos espectadores, acostumbrados a clásicos héroes cinematográficos santurrones y políticamente correctos, pero creo que desde ya, Marty Mauser es uno de los grandes personajes del cine en los últimos años, tan fascinante como irritante, de esos que resulta imposible no amar. Tanto, que su destino en la última media hora de película, me dejó con las palmas de las manos sudadas y la espalda totalmente tensa. Habrá quien diga que se está interpretando a si mismo, debido a su aparente obsesión con ser uno de los grandes, pero creo que Chalamet «era» Marty cuando fue a esa entrega de premios de inicios de 2025, y además, ¿acaso no hay aunque sea «un poco» de cada actor en cualquier performance? Ningún otro intérprete podría ser Mauser y la academia hollywoodense lo premiará con un merecidísimo Oscar en marzo.
Fantástico es también el elenco secundario de Marty Supreme. Primera y principal, la maravillosa Odessa A’zion, en uno de esos descubrimientos que dejan huella. La contrapartida femenina de Marty, su Rachel es otra buscavidas, pero una que a diferencia del jugador de ping pong, es adorable y cariñosa, ya que todo lo hace por amor. De hecho, hay un culminante «I love you» de la muchacha en el tercer acto de la película, que casi me saca una lágrima por el momento en que decide expresarlo. Creo que le lloverán proyectos a Odessa a partir de ahora, y no puedo esperar para verla nuevamente en pantalla grande.
También hay que destacar el notable regreso de Gwyneth Paltrow. Es un papel que muchísimas estrellas rechazarían, ya que es prácticamente la pesadilla de cualquiera de ellas: una diva que cae en el olvido, se casa con un multimillonario y encuentra una especie de inyección de vida al acostarse con un jovencito que podría ser su hijo. Pero Gwyneth le da un toque muy versátil al personaje y uno solo puede agradecer el acertado casting de Safdie.
Hablando de elecciones peculiares, también es memorable lo que se logra con Kevin O’Leary aquí. Una especie de «Trump canadiense» del que desconocía y nunca había actuado en ficción, le toca hacer del vampiresco marido de Paltrow, y su facultad de villano corporativo es vital para el desarrollo de la película.
Así mismo, es perfecta la selección de caras que tiene Safdie para poblar el Nueva York de los 50s, destacando particularmente a Fran «The Nanny» Drescher, el director de cine Abel Ferrara, el rapero Tyler Okonma, o los ex-NBA George Gervin, Kemba Walker y Tracy McGrady (cualquiera que haya visto Uncut Gems recordará lo de Kevin Garnett).
Sumado a este repertorio de rostros, la recreación del Nueva York sucio y peligroso de mediados del siglo XX, por parte del legendario diseñador Jack Fisk, es intachable, prácticamente tangible. Lo mismo se puede decir del fantástico trabajo del fotógrafo Darius Khondji en 35mm, lleno de texturas y clasicismo, siendo fácilmente uno de los trabajos más destacables en cuanto a luz de este año.
Pero si hay un aspecto imposible de eludir en Marty Supreme, es todo lo referido a lo musical y sonoro. El uso de Forever Young de Alphaville y Everybody Wants to Rule the World de Tears for Fears, son dos de los mejores needle drops que haya escuchado en el cine reciente, sobretodo el primero, que resignifica y le da un valor simbólico importantísimo a toda la narrativa que vendrá después. Tampoco se queda atrás la ochentera y «carpenteriana» banda sonora electrónica synth-pop de Daniel Lopatin, un habitual de Safdie, que aquí logra su mejor composición y que espero que tenga el reconocimiento que se merece en esta temporada de premios.

Hay mucha gente que se está preguntando si realmente vale la pena pasar 150 minutos con un psicópata detestable como Marty, cuestionando sobre «qué trata» la película, además de ping pong.
Marty Supreme va sobre la juventud, esa época en la que uno es imbatible, en la que se puede actuar sin pensar en las consecuencias, ya sea acostándose con gente casada, estafando a ilusos por un poco de dinero o insultando al ídolo de todo un país para probar que uno es el mejor…hasta que la vida te da un paletazo en la cara.
En la juventud, el fin siempre va a justificar los medios. En el cine, también.
Por eso, pese a quien le pese, el cine le pertenece a los jóvenes.
FOREVER.




