Ay de ti, ah, tierra y mar, porque el Diablo envía a la bestia con ira
Cuando en junio de 2025, apareció 28 Years Later, de Danny Boyle, quedé muy sorprendido por la habilidad del casi septuagenario director, de innovar de forma estética y narrativa un género que él mismo ya había cambiado en 28 Days Later, en 2002. Esto, por supuesto, sin desmerecer para nada el notable trabajo en guion, del siempre brillante Alex Garland.
Ahora, solo siete meses después, en lo que es una ambiciosa movida por parte de Sony Pictures, nos llega una nueva secuela en la forma de 28 Years Later: The Bone Temple, dirigida por Nia DaCosta, y la gran noticia es que es una mejora en casi todos los apartados.

The Bone Temple nos ubica exactamente donde terminó la anterior. Han pasado casi tres décadas de un apocalipsis zombie (aquí se les llama infectados), y la acción sigue siendo en una remota isla británica. Spike (el prometedor Alfie Williams), el niño huérfano de la primera película, se ha unido a un grupo de maleantes liderados por Jimmy (un Jack O’Connell que al igual que en Sinners, compone otro villano desagradablemente memorable), que se visten y lucen como el DJ Jimmy Savile, pero que se comportan como los sucesores post-apocalípticos de los Drugos de A Clockwork Orange.
Regresa el doctor Ian Kelson (fantástico personaje de un Ralph Fiennes pletórico), que continúa homenajeando a los muertos, pero ahora parece un poco más interesado en escuchar a Duran Duran y bailar en soledad para pasar el rato en el apocalipsis. También establece una especie de amistad con «Sansón» (imponente Chi Lewis-Parry), el gigantesco y constantemente desnudo «zombie alfa», que vuelve un poco a su humanidad tras una serie de dardos con morfina.
También, por supuesto, vuelve la violencia extrema, aquí con más escenas de tortura no aptas para cardíacos, que gore zombie, pero que nunca dejan de impresionar.
El tercer acto es el gran destaque de la película. No voy a develar que es lo que pasa, pero tiene un muy interesante comentario sobre el uso y abuso de la religión y los cultos, en nuestra hermosa modernidad. Impagable el uso de Iron Maiden, por supuesto.

Al no estar Danny Boyle, y con el mal sabor de boca que había dejado The Marvels, no esperaba nada de la nueva propuesta con Nia DaCosta a la cabeza…pero me tapó la boca, y solo puedo decir que la muchacha mejora todo lo propuesto por el bueno de Danny hace unos meses.
Una ofrenda bestial para Satanás en todas sus formas.




