domingo, marzo 15, 2026
$0.00

No hay productos en el carrito.

Los 5 mejores de esta semana

Related Posts

Critica a No Other Choice: Park Chan-wook convierte el despido laboral en una pesadilla moral.

Hay directores a los que se les permite fallar. A Park Chan-wook, curiosamente, incluso cuando parece estar haciendo una obra “menor”, le sale una de las películas más estimulantes del año. No Other Choice es exactamente eso: un film que, en apariencia, juega a ser ligero, sarcástico, incluso desechable, y que sin embargo se queda dando vueltas en la cabeza como una idea peligrosa que no termina de cerrarse. Uno sale del cine pensando que vio una comedia negra ingeniosa… y a los pocos días empieza a sospechar que acaba de presenciar algo mucho más furioso.

Basada en la novela The Ax de Donald E. Westlake —ya adaptada por Costa-Gavras—, esta nueva película de Park Chan-wook parece, al inicio, un ejercicio de crueldad lúdica sobre el mercado laboral contemporáneo. Pero Park nunca filma solo “sobre” algo. Filma desde dentro del problema. Y aquí el problema no es solo el capitalismo, sino lo que le hace a la identidad, al cuerpo y, sobre todo, a la masculinidad cuando esta ha sido construida únicamente alrededor del trabajo.

La primera secuencia es casi obscenamente luminosa. Un jardín perfecto. Una parrillada familiar. Dos perros felices. Una casa impecable. Un hombre —Yoo Man-soo— que parece haber cumplido el manual completo de la vida correcta. Y entonces, sin melodrama ni preparación emocional, es despedido. No hay villanos caricaturescos. Solo una decisión corporativa tomada con el lenguaje más letal que existe: el lenguaje de la inevitabilidad. “No other choice.”

Ese título funciona como una broma cruel y como una tesis. Lo dicen los ejecutivos estadounidenses cuando recortan personal. Lo repite Man-soo cuando se aferra a la idea de volver a su industria. Y, más adelante, lo utilizará para justificar actos que ninguna lógica moral puede sostener. Park Chan-wook entiende algo esencial: el capitalismo moderno no necesita justificar su violencia; solo necesita presentarla como única opción.

Lee Byung-hun ofrece aquí, sin exagerar, la mejor actuación de su carrera. Y eso es decir mucho. Su Man-soo no es un monstruo desde el inicio. Es un hombre funcional, educado, correcto, tan perfectamente integrado al sistema que cuando el sistema lo expulsa, se queda sin lenguaje para procesarlo. Park filma su descenso no como una transformación súbita, sino como una acumulación de pequeñas humillaciones: vender la casa, regalar los perros, cancelar Netflix. Detalles mínimos que, en conjunto, constituyen una demolición simbólica.

La idea central —eliminar literalmente a la competencia laboral— podría haber derivado en una sátira de asesino serial. Park juega con esa expectativa… y luego la sabotea. No Other Choice no es una película sobre matar. Es una película sobre no saber qué hacer con uno mismo cuando el mundo deja de necesitarte. El crimen no avanza con la eficiencia que uno esperaría de una comedia negra tradicional. De hecho, el film se distrae, se desvía, se fragmenta. Y ahí está su inteligencia: la violencia no organiza la narrativa, la contamina.

El mundo familiar se vuelve un segundo campo de batalla. La esposa, interpretada por Son Ye-jin, no es antagonista ni víctima pasiva. Es una mujer que, ante la caída del proveedor, se adapta. Consigue trabajo. Se mueve. Sobrevive. Y eso, para Man-soo, resulta insoportable. Park filma la fragilidad masculina no como rabia explícita, sino como una serie de reacciones psicosomáticas, celos irracionales, dolores imaginarios. El cuerpo empieza a fallar cuando la identidad ya no encaja.

Visualmente, la película es un recordatorio incómodo de por qué Park sigue siendo uno de los grandes estilistas del cine contemporáneo. Junto al cinematógrafo Kim Woo-hyung, construye imágenes precisas, limpias, casi publicitarias, que contrastan violentamente con lo que narran. Hay algo profundamente perturbador en ver una historia tan oscura envuelta en una estética tan controlada. Como si la violencia hubiese aprendido a vestirse bien.

Park también juega con el montaje y los jump cuts para expresar el estado mental del protagonista. No es un virtuosismo gratuito: es cine psicológico que no necesita subrayar emociones porque las instala en la forma. Cada corte parece un pensamiento interrumpido. Cada encuadre demasiado simétrico es una mentira que se sostiene apenas un segundo más de lo debido.

Lo fascinante es cómo No Other Choice se resiste a ofrecer una lectura única. ¿Es una sátira sobre el mercado laboral? Sí. ¿Una crítica a la automatización y a la lógica algorítmica que vuelve obsoletos a los humanos? También. ¿Un retrato del derrumbe de una masculinidad educada para no fallar nunca? Absolutamente. Park no elige un solo eje; los deja coexistir incómodamente. Como en la vida real.

Hacia el final, la película introduce imágenes industriales —papel, maquinaria, devastación ecológica— que reconfiguran todo lo anterior. Lo que parecía una historia individual se revela como parte de un proceso mucho más amplio: un mundo donde la producción importa más que las personas, donde el progreso avanza sin testigos, donde la agencia humana se vuelve casi decorativa. El film no ofrece salida. No hay redención, ni solución, ni moraleja reconfortante. Solo la constatación de que el sistema seguirá diciendo lo mismo: no había otra opción.

Quizás por eso No Other Choice se siente, con el paso de los días, menos como una obra menor y más como una película esencial dentro de la filmografía de Park Chan-wook. No es tan operática como Oldboy, ni tan barroca como The Handmaiden, ni tan románticamente obsesiva como Decision to Leave. Es más seca. Más amarga. Más enojada de lo que parece. Una comedia negra que sonríe mientras te quita el piso.

Y ahí está su truco final: te hace reír con la mano izquierda… y cuando bajas la guardia, te golpea con la derecha.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

Artículos Populares