Cine de Muñecas
«Amarás al cine por sobre todas las cosas»
François Truffaut
The Worst Person in The World de Joachim Trier se ha vuelto una película generacional, sobretodo para las mujeres jóvenes nacidas entre mediados de los 80s y fines de los 90s. Se puede decir de ella que es «LA» película millenial.
A mí me hace recordar un poco al fenómeno que fue Amélie de Jean-Pierre Jeunet hace más de 20 años, otro largometraje europeo que marcó época, pero que, visto hoy en día, más allá de lo memorable que es Audrey Tautou, la fotografía de Bruno Delbonnel y la música de Yann Tiersen, es como esas bandas o cantantes que le gustaban a uno de adolescente, y después vuelve a ellos y nos damos cuenta de algo terrible: el tiempo los dejó rancios.
Y a pesar de que me gusta mucho el doloroso final de Worst Person…, pienso que cuando se vaya el humo, le pasará lo mismo que a Amélie.
Por suerte, quedo mucho más satisfecho con la nueva propuesta de Trier que también llamó la atención en Cannes: Sentimental Value.

A medio camino entre un homenaje a Ingmar Bergman (pensemos en las hermanas de Gritos y Susurros) y Henrik Ibsen (Casa de Muñecas parece ser muy influyente, con las protagonistas hasta compartiendo el mismo nombre, por ejemplo), Sentimental Value cuenta el reencuentro de las hermanas Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas) con su distanciado padre Gustav (Stellan Skarsgård), un prestigioso director de cine que le ofrece a su hija mayor Nora, actriz de teatro, un papel en su próxima película.
Después de rechazar la oferta, la cuestión se complicará después de que Gustav reemplace a su hija con Rachel Kemp (Elle Fanning), una joven y entusiasta estrella de Hollywood. De repente, las dos hermanas deben lidiar con recomponer la compleja relación que tienen con su padre, mientras este último intenta sacar su proyecto adelante con una famosa actriz estadounidense.
Sentimental Value es, primeramente, una película de actores, y la verdad que el cuarteto protagonista está estupendo. Renate Reinsve a estas alturas, ya es un tren que no desmerece ser llamada «la Liv Ullmann del siglo XXI». Su Nora es un manojo de nervios, traumas y todo lo que hay en el medio. Si bien repite varios tics que ya vimos en Worst Person…, es el corazón de la película y en su interpretación se encuentra toda la ambigüedad que quiere reflejar Trier. Va a estar nominada al Oscar y se lo merece.
Stellan Skarsgård, por su parte, logra su mejor interpretación en casi 30 años, desde que se puso por primera vez a cargo de Lars Von Trier (no son parientes), en la aún monumental Breaking The Waves. Gustav es un viejo lobo de mar que sabe ser encantador cuando lo necesita, más allá de que la frialdad y el poco cariño que le dio y le da a sus hijas, está sutilmente marcado en las expresiones de Skarsgård. También estará nominado al Oscar.
Tanto Renate como Stellan, están excelentemente acompañados por Inga Ibsdotter Lilleaas, que con sus hipnóticos ojos azules, prácticamente perfora la pantalla con cada segundo en escena; y por Elle Fanning, que aquí logra la que es fácilmente la performance más adulta de su carrera, más allá de que su personaje parecería, por momentos, sacado de otra película.
El guion de Trier y su habitual colaborador Eskil Vogt es brillante, construyendo poco a poco, anécdota tras anécdota, flashback tras flashback, una notable carpintería dramática para conocer lo intrínseco de esa familia y la casa que habitan. Es cierto que hay un giro un tanto predecible sobre el final, y que un espectador avispado va a saber exactamente como termina la película, debido a un «presagio» sobre el rodaje que se da en la narrativa, pero son pequeñeces que no molestan en el soberbio resultado final.
También, y esto no es nada menor, la película tiene el chiste cinéfilo que más risas me ha sacado en mucho tiempo. Tiene que ver con unos DVDs y es maravilloso. Probablemente lo termine implementando cuando la oportunidad sea propicia, de tan bueno que es.

Si bien extraño un poco al Trier de Oslo, 31. august, y no soy un aficionado a las películas sobre artistas y gente con problemas «de panza llena», como le solíamos decir con un amigo, creo que Sentimental Value es la película más madura y profunda del cineasta noruego. Quizás, también, la mejor.
Porque como dijo el ángel François, que nos cuida desde el cielo, lo único que necesitas para hacer una película es amor…y gente que lo comparta.




