lunes, marzo 16, 2026
$0.00

No hay productos en el carrito.

Los 5 mejores de esta semana

Related Posts

Crítica de Cine: “After the Hunt” — Luca Guadagnino y la caza del pensamiento contemporáneo.

Luca Guadagnino ha convertido el deseo en un lenguaje cinematográfico propio. En Call Me by Your Name lo exploró a través del verano y la inocencia; en Challengers lo diseccionó como un juego de poder y competitividad. Pero con After the Hunt, el director italiano decide mirar al deseo desde su ausencia: desde el intelecto, la represión y la culpa. Su nueva película, estrenada en el Festival de Venecia, es un ensayo visual sobre la moral, el privilegio y el colapso del discurso moderno. Un trabajo incómodo, cerebral y fascinante, que invita al espectador a pensar más de lo que siente. Guadagnino ya no filma cuerpos que se tocan; filma mentes que se acusan.

Ambientada en la Universidad de Yale, After the Hunt tiene como eje a Alma Olsson, una profesora de filosofía interpretada por Julia Roberts con una mezcla de lucidez, ironía y devastación interior. Alma está a punto de lograr la ansiada titularidad cuando su estudiante Maggie (Ayo Edebiri) acude a su casa una noche, llorando, para denunciar que su colega y viejo amigo, el carismático profesor Hank Gibson (Andrew Garfield), la ha agredido sexualmente. Lo que sigue no es un thriller judicial ni un drama moral convencional, sino un laberinto ético donde cada personaje es víctima y cómplice a la vez. Guadagnino no busca respuestas; busca exponer el ruido que hoy se confunde con verdad.

El guion, escrito junto a Nora Garrett, convierte el caso en una metáfora de una sociedad atrapada entre el miedo a hablar y la necesidad de señalar. El diálogo más revelador —“All your generation, you’re scared of saying the wrong thing”— funciona como columna vertebral del relato. La película no acusa ni defiende a nadie; se limita a observar cómo los discursos progresistas se deforman cuando se institucionalizan, y cómo el poder cambia de rostro pero no de esencia. En esa universidad, símbolo de la élite intelectual estadounidense, las ideas se convierten en armas, y el lenguaje en campo de batalla. Guadagnino construye un microcosmos donde la corrección política, la autojustificación moral y la fragilidad emocional coexisten con una tensión casi científica.

Visualmente, el director abandona la calidez sensual de sus obras anteriores para abrazar un estilo glacial. La cámara de Malik Hassan Sayeed observa desde la distancia, con encuadres descentrados, reflejos en cristales y planos que cortan los rostros como bisturís. La estética es fría, cerebral, despojada de romanticismo, como si el propio filme rechazara el placer visual que definió a Guadagnino durante años. Incluso la música de Trent Reznor y Atticus Ross parece sabotear la armonía, imponiendo notas disonantes que crean un malestar constante. Todo en After the Hunt está pensado para incomodar: la luz, los silencios, los cortes abruptos. Es una experiencia sensorial del pensamiento en conflicto.

Julia Roberts ofrece una interpretación tan contenida que su tensión se vuelve física. Su Alma no es heroína ni villana; es una mujer petrificada por la ambigüedad. En un sistema que exige certezas, ella elige el silencio, y en ese silencio resuena la tragedia. Andrew Garfield se aleja del encanto juvenil y se hunde en la oscuridad del poder masculino que se disfraza de vulnerabilidad. Ayo Edebiri, como Maggie, aporta el contrapunto: una estudiante que encarna la rabia de una generación que exige justicia, pero también la ansiedad de quien vive bajo el escrutinio de todos. Entre ellos se desarrolla un triángulo moral en el que no hay inocentes, solo distintas formas de culpa.

Guadagnino utiliza la estructura de la academia como metáfora de la sociedad contemporánea: un laboratorio del privilegio donde los valores se debaten, pero rara vez se viven. El filme observa cómo los espacios intelectuales —supuestamente refugios del pensamiento libre— se han convertido en trincheras ideológicas. No hay héroes en este campus. Ni siquiera los progresistas escapan al ego, ni los marginados a la manipulación. After the Hunt pone en escena la hipocresía de una élite que predica inclusión pero teme perder su poder, y lo hace sin panfletos ni moralejas. Su fuerza está en su ambigüedad.

Esa neutralidad desconcierta. Guadagnino filma sin juzgar, y esa ausencia de juicio resulta más provocadora que cualquier denuncia. El espectador se ve obligado a decidir en qué punto del espectro moral se encuentra. En tiempos donde el cine tiende a ofrecer certezas ideológicas, After the Hunt devuelve la duda como gesto político. Incluso su ritmo pausado y su tono cerebral son actos de resistencia frente a una industria obsesionada con la inmediatez emocional. Cada conversación entre Alma y sus colegas está cargada de capas: feminismo, ética, retórica académica, privilegio y autodefensa. A veces parece que los personajes discuten con el mundo exterior más que entre ellos.

La película también dialoga con la obra previa de Guadagnino. Si Call Me by Your Name celebraba la plenitud del deseo, After the Hunt explora su negación. La carencia de placer, el exilio del cuerpo, la sustitución de la pasión por el discurso. Es, en cierto modo, su película más triste. No por lo que muestra, sino por lo que reprime. Las emociones se ahogan bajo capas de razón, los abrazos se transforman en argumentos, y el amor se reduce a una idea que ya nadie se atreve a pronunciar. En esta frialdad intelectual, el cineasta encuentra una nueva forma de belleza: la de observar el colapso del humanismo con la elegancia de un investigador que documenta su extinción.

En su tramo final, el filme se vuelve más oscuro y claustrofóbico. Los enfrentamientos entre Alma y Maggie adquieren una intensidad emocional que trasciende la denuncia inicial. Roberts, en un monólogo feroz, desarma la imagen pública de su personaje, reconociendo que toda ética es una forma de supervivencia. La cámara la encierra en su despacho, rodeada de libros que ya no significan nada. La caza del pensamiento se convierte, finalmente, en caza del alma. Guadagnino parece decirnos que el verdadero peligro no está en lo que decimos, sino en lo que dejamos de sentir por miedo a equivocarnos.

After the Hunt no busca complacer ni provocar por simple rebeldía. Es una película que exige atención, que se gana su propio respeto al negarse a ser digerida con facilidad. Guadagnino filma como si el cine fuera un aula vacía en la que cada espectador debe formular su propia tesis. La obra no pretende ser entendida del todo; pretende quedarse rondando en la mente, incómoda, desafiante, como una conversación que nadie se atreve a terminar.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

Artículos Populares