viernes, marzo 6, 2026
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Sobre Una Batalla Tras Otra (2025), de Paul Thomas Anderson

¡Hasta la victoria siempre, Paul!

«Finalmente la primera película sobre nuestro nuevo milenio» decía el marketing de Cosmopolis, de David Cronenberg, fallido pero noble intento del genio canadiense, de adaptar al también genial Don DeLillo. Esa promesa se cumple en One Battle After Another, la esperadísima nueva obra de Paul Thomas Anderson (de aquí en adelante PTA…o Paul, porque somos amigos, ¿vio?). Es más, si nos ponemos certeros, la película no solo retrata las grietas políticas y sociológicas del nuevo milenio, sino que refleja directamente esta última década. ¿Quieren hilar más fino? Dibuja este rocambolesco 2025 con una precisión que da miedo. ¿Aún más fino? Hace días, en este setiembre que estamos viviendo, el activista Charlie Kirk fue asesinado en una universidad de Utah, y si bien no hay magnicidios en One Battle After Another (o si…), este tipo de violencia política gira alrededor del largometraje en toda su narrativa.

Inspirada de forma muy suelta en la novela Vineland del ermitaño Thomas Pynchon, One Battle After Another cuenta, en lo que parece ser un Estados Unidos alternativo pero muy actual, una historia de un grupo de revolucionarios llamados «French 75», dedicados a terrorismo doméstico, robos de bancos, liberación de inmigrantes y todo lo que pueda joder con el status quo, algo así como pasaba con el «Project Mayhem» de Fight Club. Uno de los principales miembros de la facción, Ghetto Pat (Leonardo DiCaprio), arranca una historia de amor y calentura con Perfidia (Teyana Taylor), otra de las integrantes de los «French», sin saber que esta última también está vinculada con Steven Lockjaw (Sean Penn), un peligroso militar racista que hará todo lo posible por desestabilizar a los guerrilleros. Década y media más tarde, Ghetto Pat, que ahora usa el nombre Bob y tiene una hija adolescente llamada Willa (Chase Infiniti), deberá lidiar con amenazas de un pasado que parecía haber quedado atrás.

Como casi todas las películas de PTA, One Battle After Another va de sexo. Pocos cineastas (y sobretodo, estadounidenses) le han dado tanta importancia a la libido y al acto sexual como Paul. De hecho, salvando a Luca Guadagnino, no se me ocurre ningún otro director mainstream tan «orgullosamente pajero» como PTA. Ahí estaba el sexo, como materia prima de la pornografía, en Boogie Nights, o como le gusta llamarla a Paul: «la que va sobre el tipo con una verga enorme» y cuyo objetivo era «ponértela dura». También teníamos al acto sexual, aunque ya usado de una manera más turbia, en Magnolia, y no olvidemos que Joaquin Phoenix en The Master no era más que un «sátiro», como a mí abuela le gusta llamarme a veces. Darle la bienvenida a una nueva película de PTA es como encontrarte con ese tío lujurioso en Navidad, el que no puede parar de hablar de tetas y culos. Tan vulgar como necesario. Y en esta película, tanto extrema izquierda como derecha, se mueven al ritmo libidinoso del cuerpo de Teyana Taylor (más sobre ella después). En un cine hollywoodense en el que cada vez se coge menos, es realmente un alivio que alguien como Paul exista y nos regale a nosotros y sus personajes, algo de placer.

Como casi todas las películas de PTA, One Battle After Another va de amor. Tras retratar el primer gran flechazo en Licorice Pizza, meterse en una tóxica relación de pareja en Phantom Thread y contarnos el amour fou de un irascible hombre-niño en Punch-Drunk Love, Paul nos habla en esta película del amor a la revolución, al resistir, a rebelarse contra las normas establecidas. Nos habla del amor a las ideas, que como decía un viejo enmascarado anarquista del mundo del cómic, «son a prueba de balas». Nos habla del amor a los amigos, esos que dejan todo con tal de darnos una mano cuando más los necesitamos. También nos habla del odio que muchos confunden con amor, como esa extraña y poderosa logia que busca la pureza racial en sus miembros, a la que tantas ansías de pertenecer tiene el militar de Sean Penn. Pero por sobretodo, One Battle After Another va del amor de un padre a su hija.

Como casi todas las películas de PTA, One Battle After Another va de las relaciones paternofiliales, sobre todo las que no vienen estrictamente por los lazos sanguíneos. Ahí están su debut Sydney, con el vínculo entre Philip Baker Hall y John C. Reilly; Boogie Nights, con Burt Reynolds siendo el pater familias de su troupe circense de actores y técnicos del porno; la dolorosa y compleja Magnolia, especialmente en aquel conmovedor reencuentro entre un monumental Tom Cruise y el maravilloso Jason Robards; y sin dejar atrás ese magnífico estudio del odio y la ambición que sigue siendo There Will Be Blood. Aquí, en One Battle After Another (el título parece referenciar más a la paternidad que a la revolución) tenemos al más tierno de todos los vínculos de este tipo que haya retratado Paul, ya que Willa es todo lo que Ghetto Pat/Bob tiene en su malograda vida, y no va a parar un segundo hasta tenerla en sus brazos nuevamente. Y la increíble Willa, con su mesura y madurez, parece ser la respuesta a las idioteces que izquierda y derecha se hacen mutuamente en esta ficción y en la vida real.

DiCaprio, que cuando quiere y lo dejan, es uno de los grandes actores cómicos del Hollywood moderno, crea aquí su particular «Dude» Lebowski, un hippie viejo pasado de marihuana y alcohol que se ha convertido en un tipo conservador con el trato a su hija, pero que trasnocha viendo una y otra vez La battaglia di Algeri de Gillo Pontecorvo en TV, para recordar sus viejas glorias. El debut de Chase Infiniti no podría ser más prometedor, siendo realmente estelar lo que la joven logra al compartir escenas con leyendas del cine y actrices de peso y trayectoria como Regina Hall, pareciendo algo que hizo durante toda su vida. Después tenemos esa explosión de sensualidad que es Teyana Taylor, una bomba atómica en forma de mujer, que abastece de potencia toda la primera parte de la película, dotándola de un fuego que nunca se apagará a posteriori. La creación de Benicio del Toro como el Sensei Sergio, un maestro Zen latino que se toma las cosas con mucha calma, y siempre parece decir lo justo y necesario a pesar del caos que rodee la situación, es otra de las grandes performances del actor puertorriqueño, que amenaza con robarse la película…esto es claro, si no existiese ese maldito bastardo que es Sean Penn. El siempre polémico, el ex marido de Madonna, el comunista, el que se reúne con el Chapo Guzmán, Maduro y Zelenski, aquí logra un personaje de los que quedan grabado a fuego en la memoria. Un milico hecho y derecho que es todo rabia tapando debilidad, siempre erguido para denotar su masculinidad y adornado con una musculatura a punto de hacer estallar sus brazos, más un corte de pelo digno de igualar lo de Javier Bardem en No Country for Old Men. Hasta me crea un gesto nuevo el bueno de Sean, con la boca y sus dientes, cada vez que quiere demostrar el orgullo de su herido coronel. Si no gana el Oscar a actor secundario en seis meses, es porque ya lo ganó en dos oportunidades anteriores.

Técnicamente, como todo el cine de PTA, la película es una maravilla. La fotografía en VistaVision de Michael Bauman es tan buena como la de Lol Crawley para The Brutalist. No creo que gane muchos premios, pero lo que logra en una escena de persecución desértica, filmando la carretera como un océano de asfalto y calor, es algo que yo no había visto antes. Es brillante también el montaje de Andy Jurgensen, y no se veía tanta fuerza en una película de PTA desde Magnolia, por lo menos. Pero si hay alguien que se lleva todos los aplausos, es el genio de Jonny Greenwood. El guitarrista de Radiohead logra una banda sonora tan brillante como la que había hecho en There Will Be Blood, hace casi 20 años, y su piano nervioso, que cuando lo necesita se transforma en orquesta, es la principal inyección de energía que tiene Paul para mantenernos al filo de la butaca en todo momento.

Puede que One Battle After Another no entre en el podio de lo más grande de PTA (ahí siguen Boogie Nights, Magnolia y There Will Be Blood), pero es, fácilmente, la mejor película del año. Tan actual que duele, pero de la risa, viendo en lo ridículos que nos hemos convertido. Un verdadero genocida idolatrado por muchos, solía decir que «si a los 20 años no eres de izquierda, no tienes corazón. Si a los 40 años no eres de derechas, no tienes cerebro».

Por suerte, Paul es ambidiestro, y nos regala cine vivo, que respira, tropieza, se levanta y sigue adelante. Cine humano.

Otro abrazo en forma de celuloide, de ese hijo de puta hermoso y verdadero ser de luz que es Paul. Thomas. Anderson.

Juan Manuel Fábregas
Juan Manuel Fábregas
Uruguayo. Gran creyente de la Iglesia de Paul Thomas Anderson. Crítico de Cine y Realizador desde 2013, escribiendo para publicaciones y revistas como RouMovie.com, Cartelera.com.uy, El Telégrafo y El País (Uruguay). Email: fabregasmendiburu@gmail.com Tel: +598 91 311 263

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