Los Hongos
Crecen en la sombra, rodeados de humedad y con poca luz, ahí donde otras plantas se pudren y marchitan. Suelen ser deliciosos, pero también pueden venir envenenados, lo que los convierte en alegría y tragedia, en vida y muerte. Los hongos son claves en Quand vient l’automne, la nueva película del siempre prolífico (una cinta por año, a lo Bergman o Woody Allen) François Ozon, donde nada es lo que parece y todos huyen de un pasado marcado por pecados y malas decisiones.

En el largometraje, Ozon nos introduce en un drama intergeneracional al conocer a la octogenaria Michelle (notable Hélene Vincent), que, ya jubilada, vive en una hermosa villa rural francesa. Su mejor amiga Marie-Claude frecuentemente la acompaña tomando café y yendo a recolectar hongos en el bosque. Esta realidad idílica se corta con la llegada de tres personajes volátiles y disruptivos. Primero, llega Valérie desde París, la despectiva hija de Michelle que parece solo querer dinero, y con la que la anciana tiene una relación tensa y distante. Valérie no viene sola, ya que tiene a su hijo pequeño Lucas con ella. Hay un claro resentimiento desde la infancia por parte de la hija, que solo será acentuado mientras avance la narrativa. Luego, para complicar las cosas, entra en escena Vincent (el siempre interesante Pierre Lottin), bien intencionado pero impredecible hijo de Marie-Claude, que acaba de salir de prisión en busca de una segunda oportunidad.
El guion del director junto a Philippe Piazzo construye de muy buena manera estos misterios y enigmas que irán revelando poco a poco, y lo calificaría como excelente, si no fuera por una subtrama algo supernatural que aparece en la segunda parte de la película.
Ozon crea un universo cálido junto a su fotógrafo Jérome Alméras, acentuando los colores otoñales tanto en las comidas caseras de Michelle como en las hojas que caen alrededor de la casa de la protagonista. Pero bajo esa calidez rural, se esconden secretos y trapos sucios que son muy difíciles de dejar atrás, como pasaba en la también peculiar Miséricorde de Alain Guiraudie.

Quand vient l’automne es una película sobre tener las mejores intenciones en la vida, por más que lo que hagamos o lo que crean los demás, sea visto como pura maldad.
La reflexión final de Ozon parece clara: todos venimos de lugares complicados, hacemos lo mejor que podemos para seguir adelante, y somos tan beneficiosos como tóxicos, al final del día.
Todos somos sobrevivientes. Todos somos hongos.




