Good Luck Hank – Welcome Back Darren
Es muy conocida la anécdota que le gusta contar a Quentin Tarantino sobre Brian De Palma mientras terminaba Blow Out, proyecto mimado por el director al que consideraba su obra maestra. Feliz de estar finalizando su bebé, el bueno de Brian fue al cine a ver la última de un queridísimo amigo. De repente la película arrancó con un boxeador calentando en un ring a cámara lenta, en un blanco y negro eléctrico, fulminante. De Palma se levantó y se fue, exclamando a la salida «¡Siempre está el fucking Scorsese!». Lo que fue a ver Brian, por supuesto, era Raging Bull. Caught Stealing, el regreso al cine de Darren Aronofsky después de la oscarizada The Whale, es una amalgama de alguna de las obras más reconocibles de estos tres cineastas, con toques también de la filmografía de Spike Lee, los Coen, los Safdies o Guy Ritchie. Pero lo importante, por sobre todo, es que Aronofsky hace su mejor película desde Black Swan.

Nueva York, 1998. Hank Thompson (notable Austin Butler) era un fenómeno del béisbol liceal que debió abandonar a la fuerza el deporte, pudiendo rehacer su vida en la Gran Manzana. Tiene una novia divina (soñada Zoë Kravitz, para llevártela a tu casa), es barman en un antro en el Lower East Side y su equipo favorito, los Giants de San Francisco, están sorprendentemente luchando por entrar en los playoffs. Cuando su vecino british y punk Russ (un Matt Smith que parece salido de algún clásico anárquico inglés de los 80s) le pide que cuide de su gato durante unos días, Hank se encuentra atrapado en medio de un variopinto grupo de mafiosos estrambóticos. Todos quieren algo de él; el problema es que Hank no sabe por qué.
Es muy peculiar lo que hace Aronofsky en Caught Stealing. La película no hubiera desentonado si fuera su tercera, tras Pi y Requiem for a Dream, y tener el apoyo de un estudio fuerte, en búsqueda de un proyecto comercial con un autor joven, pero extraña que este sea su noveno largometraje. Es fácilmente el proyecto más libre, divertido y accesible de la filmografía del director. A primera vista, parecería un homenaje o continuación de las obras de los cineastas previamente mencionados, pero es un regreso al Nueva York sucio, pesadillesco y paranoico de sus dos primeras películas.
Vamos a lo que es familiar, desde un punto de vista cinéfilo. El setting es totalmente Scorsesiano. Aronofsky nunca ha negado la influencia de Marty, y la presencia en el elenco de un irreconocible Griffin Dunne, rápidamente hace pensar en la genial After Hours (la película de la que más bebe, también, la brillante Anora). También ese Nueva York pluriracial y loco por el deporte pertenece a Spike Lee, otro de los ídolos de Darren. Después vamos al protagonista: Hank es el típico antihéroe Coeniano. Un perdedor al que todo le sale mal y que no deja de ser golpeado física y emocionalmente. Imposible no quererlo. Luego tenemos al maravilloso set de secundarios que adornan la historia. También podrían ser Coenianos, pero creo que son más emparentables con las primeras películas de Guy Ritchie, sobretodo los villanos del asunto. Toques de Carlito’s Way, Good Time o Uncut Gems también hacen pensar en De Palma y los Safdies. Finalmente están los estallidos de violencia y humor negro, que supongo van a ser vistos como Tarantinianos, pero no los de Kill Bill, si no los de Jackie Brown.
En lo actoral, creo que ya es hora de valorar y enzalsar a Austin Butler más allá de su status de galán. Tras componer un memorable Elvis, ser un gran villano en Dune: Part 2 y evocar a James Dean en The Bikeriders, aquí logra su papel más completo al servicio de Aronofsky. Y si continúan dudando, tómense unos minutos para comparar los registros vocales de estos cuatro ejemplos. Cada rol, una nueva voz. También me parece muy destacable lo de Zoë Kravitz como la novia que todos querríamos, o el descerebrado punk rocker (de verdad, no como el mercachifle de James Gunn) al que da vida Matt Smith. Y si están leyendo esta reseña para saber como está Bad Bunny, pues la verdad es que lo hace muy bien.

He aquí un defensor de la denostada mother!, pero lo cierto es que Caught Stealing es lo mejor de su director en 15 años. No será recordada en la temporada de premios y no va a tener la recaudación y el aclame de un bluf como Weapons, pero quedará en un lugar especial en el corazón de este cinéfilo, que creía que ya no iban a aparecer películas con este estilo, fuerza y deleite.
Felicidades Darren. La sacaste del estadio.
P.D.: Caught Stealing se refiera a robar bases en el béisbol…no al acto de ser «atrapado robando».




