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Crítica de Fantastic Four: First Steps – Marvel se atreve, pero no arriesga.

Hay algo profundamente contradictorio en la manera en que Fantastic Four: First Steps se presenta ante el público. Por un lado, aspira a renovar la mitología de los Cuatro Fantásticos con un aire de retrofuturismo encantador y la promesa de un tono más íntimo y humano. Por otro, no puede evitar caer en la tentación de lo grandilocuente, lo intergaláctico, lo excesivo. Lo que debería haber sido un regreso sobrio de la “Primera Familia” de Marvel, termina siendo una suma desigual de gestos nobles y decisiones cobardes. Y, sin embargo, funciona.

Matt Shakman, el director que ya nos sorprendió con WandaVision, se atreve a reimaginar a los Cuatro Fantásticos dentro de una línea alternativa del multiverso, la Tierra-828, en la que Reed Richards (Pedro Pascal), Sue Storm (Vanessa Kirby), Johnny Storm (Joseph Quinn) y Ben Grimm (Ebon Moss-Bachrach) ya son figuras públicas, queridas y heroicas. Esta es quizás la jugada más astuta del guión: evita repetir otra historia de origen y nos lanza directo al conflicto central. Un gesto de confianza en la audiencia que se agradece.

Lo interesante es que, aunque el título parezca anunciar un comienzo, First Steps es más una historia sobre legados. Reed y Sue esperan un hijo. La paternidad se convierte en eje emocional del relato y funciona como metáfora de todo lo que la película quiere plantear: ¿qué dejamos a quienes vienen después? ¿Qué significa proteger un mundo condenado desde su raíz? Las respuestas no siempre son claras, pero el subtexto está ahí, palpitando bajo las escenas de acción.

Sin embargo, esta intención de profundidad choca constantemente con el guion plano de David Callaham. La caracterización de los protagonistas es funcional, nunca reveladora. Ebon Moss-Bachrach como La Mole repite el papel de alivio cómico sin que se le permita otra textura. Joseph Quinn, aunque más convincente, queda atrapado en un arco adolescente que no despega. Y Pedro Pascal, actor magnético donde lo pongan, ofrece aquí un Richards gélido, casi ausente, como si su genio científico se hubiese comido su corazón. Es Vanessa Kirby quien logra rescatar a la familia del naufragio emocional: su Sue Storm no solo es la más desarrollada, sino también la más humana, la que sostiene la película cuando todo amenaza con desbordarse.

El retrofuturismo visual, anclado en una estética de los años 60 con robots domésticos y autos voladores, es uno de los grandes aciertos del filme. Hay detalles encantadores en los escenarios, en el vestuario, en esa visión optimista de una humanidad que todavía cree en la ciencia como salvación. Pero cuando aparece Galactus —interpretado con gravedad y presencia por Ralph Ineson— todo eso se tambalea. La amenaza es descomunal, y aunque está diseñada con respeto por la iconografía clásica del cómic, su aparición genera un cortocircuito tonal. De pronto, la película quiere ser apocalíptica, filosófica, épica. Y no está preparada para serlo.

Julia Garner como Silver Surfer —Shalla-Bal, no Norrin Radd— entrega una interpretación inquietante y etérea, pero su presencia en la historia se siente subutilizada. Es ella quien trae el anuncio del fin, quien incendia el cielo y precipita las decisiones difíciles. Pero sus motivaciones nunca están del todo claras, y eso le quita fuerza al dilema ético que la película intenta construir.

A nivel técnico, hay altibajos. El diseño de producción luce brillante cuando se mantiene en lo físico: los sets, los detalles vintage, la utilería cuidadosamente envejecida. Pero los efectos digitales caen en el ya conocido “valle inquietante”, sobre todo cuando se trata del bebé de los Richards y de las proporciones descomunales de Galactus. Son esos momentos donde el CGI no alcanza la emoción y nos recuerda que estamos viendo una simulación, no una historia con peso real.

Y sin embargo, entre tanto cálculo industrial, Fantastic Four: First Steps logra algo que sus antecesoras jamás alcanzaron: una sensación de familia. Por imperfecta que sea, hay química entre los actores. Hay chispazos de humor que no son cínicos, gestos de afecto que no se sienten programados. Cuando Johnny bromea con Ben o cuando Reed, por fin, se permite una muestra de miedo, la película respira. No es poco.

El tercer acto, como era de esperarse, se rinde ante el espectáculo. Hay destrucción masiva, dilemas morales resueltos en frases cortas, y una solución que parece sacada de un capítulo de Star Trek mezclado con dibujos animados del sábado por la mañana. Pero incluso ahí, en su resolución más convencional, la película mantiene una cierta coherencia emocional: los Cuatro no ganan por fuerza, sino por unión. Y eso, al final del día, es lo que los ha hecho relevantes desde sus orígenes.

Lo que sí queda claro es que Marvel, tras el desastre de entregas como Quantumania, necesitaba un respiro. First Steps no es revolucionaria, pero es una corrección de rumbo. Elige enfocarse en un solo equipo, con un solo conflicto, en un solo universo, y eso la vuelve más accesible. No hay cameos gratuitos, ni sobrecarga de referencias. Aquí no hay Loki, ni Kang, ni variantes multiversales en cada escena. Hay, simplemente, cuatro personas intentando salvar su mundo sin perderse en el intento.

¿Es una gran película? No. Pero es una película con corazón. Y eso, en el contexto actual del MCU, ya se siente como un triunfo. Si esta es la base sobre la cual se construirá su futura participación en Secret Wars, entonces estamos en mejor lugar que hace un año. Queda la esperanza de que, en su próxima entrega, se animen a ir más allá del decoro y el homenaje. Porque los Cuatro Fantásticos merecen algo más que un regreso funcional: merecen un filme que les haga justicia.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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