En un rincón costero de Italia, entre el vaivén de las olas y las heridas del pasado, nace Before We Forget, una película que no solo rescata la intensidad de la juventud, sino que nos enfrenta con la fragilidad de la memoria y la fuerza transformadora del cine. Hablamos con su protagonista y codirector Juan Pablo Di Pace, y con el productor Santiago Madrussan, sobre este proyecto profundamente personal que marca un punto de inflexión en sus carreras creativas.
Juan Pablo Di Pace —conocido por sus papeles en Fuller House y Mamma Mia!— se despoja aquí de todo artificio. En Before We Forget, interpreta a Matías, un cineasta argentino que vuelve, 25 años después, a confrontar el recuerdo de Alexander, su compañero de internado en los noventa, con quien compartió una amistad ambigua, intensa y dolorosamente inconclusa. Pero más allá del relato, lo que emerge es una exploración de la identidad, del amor que no se dice, del deseo que persiste en el tiempo, como una película inacabada que exige su propio cierre.
En conversación con nosotros, Di Pace reconoce que el proyecto nació como un acto de necesidad. “Hay cosas que uno arrastra durante décadas —dice—. Esta historia es una especie de exorcismo emocional. No busca respuestas, busca comprensión. Quería hacer una película sobre lo que no se dice, sobre cómo los silencios también nos definen.”
A su lado, Santiago Madrussan —productor sensible y articulador de esta delicada pieza— habla de la complejidad de producir un filme que no obedece a estructuras narrativas convencionales. “Es un cine de capas, de introspección. Sabíamos que no sería una película para todos, pero sí para aquellos que alguna vez amaron a alguien de forma silenciosa y duradera.”
La estructura de Before We Forget es casi líquida: se mueve entre flashbacks del internado sueco en 1997 y la reconstrucción emocional que Matías emprende al reencontrarse con Alexander en la adultez. En esta dinámica se funde la autoficción con la mirada documental, haciendo del cine una herramienta de confrontación personal. “Hay mucho de mí en Matías, claro. Pero también hay mucho de lo que uno teme descubrir de sí mismo cuando recuerda con demasiada honestidad”, explica Di Pace.
Lo fascinante es que, a pesar del tono confesional y casi terapéutico, la película no cae en el sentimentalismo fácil. En cambio, se apoya en una puesta en escena sobria, en una dirección fotográfica delicada y en un diseño sonoro envolvente, que acompañan el fluir de la narración sin interrumpir la intimidad de los personajes. En palabras de Madrussan: “No queríamos que fuera una película ruidosa. Queríamos susurros. Queríamos que el espectador sintiera que está invadiendo un recuerdo”.
El rodaje, que se realizó en escenarios naturales de Italia, estuvo marcado por la colaboración estrecha entre el equipo artístico. El codirector Andrés Pepe Estrada —editor del filme Argentina, 1985— imprime una sensibilidad especial al montaje, reforzando la idea de que el tiempo y la memoria nunca son lineales. “Las decisiones editoriales fueron también narrativas. Queríamos que el espectador se perdiera un poco, que sintiera la confusión de recordar algo que ya no es igual”, afirma Di Pace.
La película se inscribe en una tradición de cine íntimo, queer y contemplativo, con ecos de Call Me by Your Name o Mysterious Skin, pero con un sello autoral propio. En este sentido, Before We Forget destaca por su honestidad emocional y su mirada agridulce hacia el pasado. Es una historia de amor no correspondido, pero también de reconciliación con uno mismo.
Di Pace asegura que, aunque el filme nació desde lo personal, lo que ha descubierto en su recorrido por festivales y entrevistas es que la historia es, en realidad, universal. “Todos tenemos un Alexander. Todos tenemos ese momento que nos marcó para siempre y que todavía no sabemos cómo narrar. Esta película es mi forma de intentarlo.”
Con el respaldo de Norman Lear como productor ejecutivo —una de las últimas colaboraciones del legendario creador antes de su fallecimiento—, el filme también lleva el peso de una bendición generacional. “Lear nos enseñó que las mejores historias son las más humanas. Nos empujó a no tener miedo de la vulnerabilidad”, concluye Madrussan.
Before We Forget no solo es una carta de amor al cine, sino también a los recuerdos que nos habitan. Es un suspiro fílmico que nos recuerda que, a veces, para cerrar una herida basta con contarla.




