Another head hangs lowly
No creo que la mayoría de la gente que compre una entrada para 28 Years Later esté preparada para lo que va a ver. Supongo, también, que solo una minoría de los espectadores que asistan a los cines a ver el largometraje, están familiarizados con las dos películas anteriores de esta saga…y los que si las vieron, préparense para una gran pateada de tablero por parte de la dupla Boyle-Garland. Debo confesar que no esperaba que el bueno de Danny entregara a sus casi 70 años, una obra tan rompedora desde lo visual y lo narrativo…pero voy a dejarme de tanto misterio e ir al asunto.

Como lo dice su título, obviamente, la película se ubica 28 años después de que «el virus de la ira» infectara toda Gran Bretaña. Los sobrevivientes han hecho lo posible por reagruparse y crear nuevas sociedades, formar familias sanas y vivir en paz. No voy a extenderme mucho sobre la trama, pero solo voy a decir que el catalizador de la narrativa es una especie de ritual de iniciación, muy popular en estas nuevas civilizaciones post-apocalípticas.
28 Years Later es una película de arte disfrazada de película de zombies. ¿A qué voy con esto? Vivimos en una época donde todo se ve igual. Cine, TV, publicidades. Todo tiene la misma luz, la misma atmósfera, los mismos colores. Todo está en foco y nítido. Y esto va desde lo estrenado por Marvel, pasando por las series más populares de Netflix, hasta llegar a cualquier reclame profesional que aparezca en una pantalla para promocionar algo. Danny Boyle destroza esto en 28 Years Later, sacando de la comodidad al espectador medio. Además de un más que novedoso uso de una veintena de iPhones 15 Pro Max para filmar la película, Boyle y su director de fotografía Anthony Dod Mantle se adueñan de una estética feísta llena de planos aberrantes, colores a veces saturados y a veces muertos, fuera de focos, sacudones de la cámara, luces infrarrojas, etc. El resultado es una cachetada y toda una declaración de intenciones, que junto a un montaje muy alocado, que juega, entre otras cosas, con el poema Boots de Rudyard Kipling, los Teletubbies (si, leíste bien), recortes documentales y escenas de películas medievales, dejan al espectador totalmente noqueado en los primeros 45-50 minutos de lo que nos ofrece la película.
No estoy tan satisfecho con la media hora que sigue a esto, pero por suerte, la presencia del siempre estupendo Ralph Fiennes en el último acto del largometraje, vuelve a elevar el asunto. Y sobre el desenlace…solo decir que no esperaba salir emocionado de una película de este calibre y que Boyle, para rematar el asunto, me diera unos tres o cuatro minutos finales dignos del Takashi Miike más estrambótico, es algo impagable.
Es importante destacar al elenco de la película. Además de la gran presencia de Fiennes, Jodie Comer da una prueba más de que es una de las mejores actrices jóvenes que tenemos, y suyos son algunos de los momentos más emocionales de lo narrado. Me declaro totalmente sorprendido con Aaron Taylor-Johnson, actor al que siempre consideré mediocre, y que, exceptuando algo como Nocturnal Animals (está sensacional ahí), nunca me había llamado la atención más allá de su atractivo físico. Pero si me tengo que quedar con un intérprete, le tengo que dar todos mis aplausos al niño Alfie Williams, creíble en todo momento y que carga con el peso de la película como si se tratara de un veterano que ya lo hizo mil veces.
Así mismo, hay que subrayar lo llena de ideas y comentarios sociales y políticos con los que está cargada 28 Years Later, más que nada desde el guion de Alex Garland. Estamos en una época post-Brexit y post-COVID, y la película se encarga de referenciar ambas coyunturas desde distintos aspectos que no valen la pena arruinar en esta reseña. El largometraje de Danny Boyle es, también, una reflexión sobre la cultura de la violencia masculina, contrapuesta con la sensibilidad maternal, además de un «coming of age», una historia de maduración, del pasaje de niño a hombre, y no son pocas las notorias similitudes del ritual de iniciación de la película, con el del debut sexual del varón en un prostíbulo (con compañía paterna, por supuesto), tan popular (por lo menos) en el Rio de la Plata, de donde soy nativo.

En fin, puede que el espectador medio, el que quería una simple película de zombies a lo The Last of Us para desenchufar el cerebro un rato, salga insultando de la sala, y esperando que le devuelvan su dinero, pero debería estar agradecido de ver a un artista entregar su obra más experimental, próximo a cumplir su séptima década.




