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Crítica de “Countdown” (2025): el tic tac del deber en una América que ya vimos.

Hay un tipo de relato que no necesita reinventar la rueda para funcionar. Basta con que su maquinaria esté bien aceitada: personajes reconocibles, amenazas creíbles, y un reloj que no deja de marcar el tiempo mientras los protagonistas corren para evitar lo inevitable. Countdown, la producción de Prime Video creada por Derek Haas —el cerebro detrás de FBI: International y Chicago Fire— entra de lleno en esta categoría. Y aunque suena como algo que ya vimos antes, hay suficiente ímpetu, carisma y tensión en su propuesta para justificar el viaje… siempre y cuando el espectador esté dispuesto a aceptar el contrato: acción eficiente, sin demasiadas pretensiones.

En apariencia, Countdown podría ser otra serie más sobre amenazas terroristas y héroes inestables. Pero al verla como una película —como un thriller de 10 horas comprimido en la intensidad de sus primeros capítulos—, uno descubre lo que realmente la sostiene: Jensen Ackles. Su personaje, Mark Meachum, es un policía de Los Ángeles con alma de cowboy, lengua afilada y una actitud que baila entre el sarcasmo de acción noventera y la melancolía de los antihéroes post-9/11. Su entrada en escena, su desprecio por el protocolo y su capacidad para improvisar lo convierten en el centro emocional de una historia donde la amenaza es externa, pero el caos es siempre interno.

Ackles no está solo. Eric Dane, quien reveló públicamente su lucha contra el ALS durante la promoción del proyecto, interpreta a Nathan Blythe, un alto mando del FBI con temple de acero y un liderazgo que busca equilibrio en medio del torbellino. En cierto modo, su personaje es un eco de sí mismo: un hombre que aún quiere tener el control, que se aferra al deber como si fuera la última certeza en un mundo que se desmorona. Su presencia en la pantalla tiene una fuerza trágica. Cada mirada, cada palabra, cada pausa, parecen estar diciendo: “el tiempo corre”.

La premisa es sencilla, como deben ser estos relatos: un agente es asesinado en plena calle. Un pago sospechoso. Un posible atentado. Se forma una fuerza especial. Desde el helicóptero, Blythe llega a L.A. como un dios cansado, armado con órdenes directas y un equipo de inadaptados que no se soportan entre sí. Entre ellos está Amber Oliveras (Jessica Camacho), una agente de narcóticos que no tolera a Meachum y que guarda sus propias sombras, además de un grupo de especialistas que, si bien cumplen sus roles narrativos, rara vez escapan del estereotipo. Este es uno de los puntos flacos de la serie: el guión les da trazos generales, pero pocas pinceladas profundas. Aun así, hay química, hay ritmo, y eso basta.

Derek Haas dirige el relato como si el tiempo fuera su enemigo. Cada episodio —o mejor dicho, cada secuencia de esta larga película— avanza con urgencia, alternando entre reuniones tácticas en rascacielos vidriados, interrogatorios con tensión contenida, y misiones que podrían haber salido de 24 o de The Shield. La acción es contenida, sin aspavientos, pero bien coreografiada. Lo más interesante no está en los tiroteos ni en los drones, sino en los silencios entre misión y misión, donde los personajes insinúan que hay más allá del deber.

El guión coquetea con algunas temáticas actuales: las secuelas del 11-S, la vigilancia extrema, la militarización del discurso patriótico. El villano, cuya identidad se revela con cuentagotas, parece haber nacido de un laboratorio de clichés: acento extranjero, motivaciones difusas, pasado oscuro en Europa del Este. No ayuda que el conflicto tenga raíces en Bielorrusia, con flashbacks que apenas rozan la superficie del drama que quieren sugerir. Pero si uno acepta que Countdown no busca profundidad ideológica, sino una tensión sostenida, el viaje se disfruta con sus propias reglas.

Hay momentos en que la narrativa cae en el lugar común. El personaje de Meachum tiene una enfermedad que oculta. Oliveras sugiere un posible problema con sustancias. Un fiscal local que quiere torpedear la operación por celos institucionales. Lo hemos visto antes, sí. Pero lo que Countdown tiene a favor es que lo ejecuta con energía y con cierto cariño por el género. Hay una honestidad en su puesta en escena: esto es acción patriótica, casi retro, pensada para los que crecimos con Jack Bauer y seguimos creyendo que un equipo de agentes puede salvar la ciudad si trabajan juntos… y rompen unas cuantas reglas.

Visualmente, la serie opta por un estilo limpio, dinámico. Los colores de L.A. lucen más metálicos que soleados, como si la ciudad estuviera atrapada en un eterno atardecer. El montaje es ágil, con suficiente claridad para no perderse en la acción, pero con una edición lo suficientemente astuta para mantenernos atentos. La música refuerza el tono urgente, sin imponerse. Nada rompe el verosímil, aunque tampoco hay riesgos. Lo mejor de la puesta en escena es que deja respirar a los actores cuando hace falta, especialmente en las escenas más personales entre Blythe y Meachum.

Quizá el mayor problema de Countdown es su falta de ambición temática. A pesar de su título, no hay una gran cuenta regresiva narrativa. La serie —vista como un largometraje— fluye más como una sucesión de pistas y obstáculos que como una tensión creciente. Falta una sensación real de peligro global, como si el atentado que debe evitarse existiera más en los diálogos que en el ambiente. Esto no la convierte en una mala producción, pero sí en una que podría haber llegado más lejos.

En definitiva, Countdown es un thriller funcional, con personajes atractivos y un reparto comprometido, que rinde tributo a una tradición televisiva y cinematográfica donde el deber y la acción caminan de la mano. No es una revolución, pero tampoco un fracaso. Es el tipo de historia que uno ve con gusto, sabiendo que el mundo no cambiará al final, pero con la satisfacción de que, por un momento, alguien más detuvo el reloj.

Ruben Peralta Rigaud
Ruben Peralta Rigaudhttps://cocalecas.net
Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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