Entrevista a la escritora Mariana Enriquez a propósito del estreno de la serie documental «First Word on Horror».
En el panorama contemporáneo de la literatura de terror, Mariana Enríquez se ha consolidado como una voz singular que entrelaza lo macabro con lo cotidiano, explorando las sombras que habitan en las calles de Buenos Aires y en la historia reciente de Argentina. Su participación en la serie documental First Word on Horror no solo reafirma su posición en el género, sino que también ofrece una mirada introspectiva sobre cómo el horror puede ser una herramienta para entender y procesar realidades complejas.
Nacida en Buenos Aires en 1973, Enríquez creció en Valentín Alsina, una localidad del conurbano bonaerense, donde las historias de su abuela y el entorno urbano influyeron profundamente en su imaginario. Estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata y desarrolló una carrera como periodista, destacándose como subeditora del suplemento cultural «Radar» del diario Página/12. Su obra literaria, que incluye títulos como Los peligros de fumar en la cama y Nuestra parte de noche, ha sido traducida a múltiples idiomas y ha recibido reconocimientos internacionales, consolidándola como una figura clave en la «nueva narrativa argentina».
First Word on Horror, una serie documental de quince episodios dirigida por Philip Gelatt, se adentra en las vidas y procesos creativos de cinco destacados autores del género, incluyendo a Enríquez. A través de entrevistas y lecturas de sus propias obras, la serie explora cómo estos escritores utilizan el horror para abordar temas personales y sociales. En el caso de Enríquez, su participación destaca por la manera en que conecta el terror con la historia política de Argentina, especialmente con las secuelas de la dictadura militar y las desapariciones forzadas.
Uno de los aspectos más reveladores de la serie es cómo Enríquez utiliza el horror para dar voz a los silenciados y para explorar traumas colectivos. En su cuento «La casa de Adela», por ejemplo, una casa abandonada en un barrio marginal se convierte en un símbolo de los secretos y dolores no resueltos de una comunidad. Esta narrativa, como muchas de sus obras, refleja cómo lo sobrenatural puede ser una manifestación de las injusticias y violencias estructurales presentes en la sociedad.
Enríquez ha expresado que no le molesta que su literatura sea considerada morbosa o revictimizadora, argumentando que la literatura no tiene una responsabilidad social per se, sino que debe ser libre para explorar cualquier aspecto de la experiencia humana. Esta postura se refleja en su enfoque sin concesiones hacia temas difíciles, como la pobreza, la violencia de género y la corrupción, que aborda sin caer en el sensacionalismo, sino con una mirada empática y crítica.
La estética de Enríquez combina elementos del gótico tradicional con influencias del punk y del realismo social, creando una voz única que desafía las convenciones del género. Su obra se sitúa en un espacio liminal donde lo fantástico y lo real se entrelazan, ofreciendo una visión del horror que es tanto personal como política. Esta perspectiva ha resonado con lectores de todo el mundo, quienes encuentran en sus historias una forma de confrontar y comprender las sombras que acechan en sus propias sociedades.
La inclusión de Enríquez en First Word on Horror no solo reconoce su contribución al género, sino que también amplía la conversación sobre el papel del horror en la literatura contemporánea. Al presentar su enfoque distintivo y su contexto cultural, la serie invita a una reflexión más profunda sobre cómo el terror puede ser una herramienta poderosa para explorar y cuestionar las realidades sociales y políticas.
En última instancia, la obra de Mariana Enríquez y su participación en First Word on Horror subrayan la capacidad del horror para iluminar las partes más oscuras de la experiencia humana, ofreciendo no solo entretenimiento, sino también una forma de resistencia y comprensión. A través de sus historias, Enríquez nos recuerda que enfrentar nuestros miedos más profundos puede ser el primer paso hacia la transformación y la redención.




