Criticas y Artículos de Cine

Las mejores interpretaciones LGBT de la historia del Cine

Ruben Peralta Rigaud

En la representación cinematográfica de la comunidad LGTB(Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) la letra que más visibilidad, simpatía y comercialidad ha disfrutado es, inevitablemente, la G. Los hombres (blancos) homosexuales fueron los primeros en protagonizar sus propias historias, y en ser utilizados como recursos cómicos secundarios en películas sobre heterosexuales. Durante la última década se han rodado más películas LGTB que en los 110 años anteriores, y el cine camina hacia la integración plena al incluir personajes homosexuales en superproducciones de Hollywood sin que su condición sexual sea un conflicto, sino un aspecto de su vida tratado con naturalidad. Este mismo año, Moonlight consiguió un Oscar histórico y (lo más importante) un éxito de taquilla que sugiere que en los próximos años todos los seres humanos, sin excepción, tendrán películas con las que pueden identificarse. Repasemos los personajes (en la imagen ‘La vida de Adele’) que han ido contribuyendo a la causa, y a los que debemos la diversidad que existe hoy en la cartelera. ‘Spoiler’: no ha sido un camino fácil.

Tom Hanks, ‘Philadelphia’ (1993) 

Una película que cambió el mundo. Y lo hizo, inevitablemente, poniéndose un condón ideológico: ‘Philadelphia’ sugiere que el abogado Andrew Beckett merece morir con dignidad no porque sea un ser humano, sino porque es un profesional impecable, un señor blanco de clase media que mantiene una relación estable y que ha hecho todo lo que se suponía que debía hacer para ser aceptado por el sistema. Y el sistema le ha dado una patada en la boca despidiéndole por tener sida. La cara de Tom Hanks, el yerno favorito de América, ablandó el corazón de millones de espectadores en una calculada operación de sensibilización colectiva que pasaba por incluir a un latino (Antonio Banderas), un negro (Denzel Washington) y al señor más americano de toda América en la banda sonora (Bruce Springsteen). No había lugar para las mujeres, porque el primer paso del progeso siempre parece tener que darlo el hombre blanco, pero ‘Philadelphia’ fue un paso firme y valiente. Tom Hanks humanizó la imagen de los enfermos de sida y, de paso, reconcilió al mundo con una de las mayores tragedias del siglo XX. Hollywood tiene ese poder y a veces, sólo a veces, sabe utilizarlo para hacer el bien.

Hilary Swank, ‘Boys don’t cry’ (1999) 

Los hombres trans son, con diferencia, el perfil LGTB menos visible en el cine. Ni siquiera este dramón rural, que le dio a Hilary Swank su primer Oscar, pudo cambiar esta pobre representación. La historia basada en hechos reales de Brandon Teena es una actualización en la América profunda del “prefiero morir de pie que vivir de rodillas”: él se niega a abandonar su pueblo, sencillamente, porque le gusta vivir en él. Esta obstiación y apego a la tierra es vista como una insolencia por parte de algunos vecinos, y Brandon paga caro su sentimiento de pertenencia a la comunidad. Pero la gravedad, determinación y orgullo con los que recibe cada golpe y cada humillación, representados en la cara de Hilary Swank, dignifican el paso por el mundo de este hombre. Un tipo que se negó a huir y a disculparse por su existencia porque sentía, y sabía, que no tenía por qué hacerlo. Porque una persona LGTB jamás debería disculparse por el prejuicio que tienen otros sobre ella.

Cate Blanchett, ‘Carol’ (2015) 

Carol (Cate Blanchett) es la mujer más guapa del mundo. Así la ve Therese (Rooney Mara), y así la vemos nosotros. Pero también es una señora que entiende, con más honestidad que resignación, que no puede existir ni ser una buena madre si no encuentra su propia felicidad. Y si esa felicidad requiere ceder la custodia de su hija a su exmarido, que así sea. Carol no es una mujer fácil, pero es tremendamente cinematográfica, y ‘Carol’ es un melodrama como los de antes que hace justicia, con carácter retroactivo, con todas esas lesbianas cuya historia nunca fue contada por el Hollywood de los 50. La causa LGTB ha llegado tarde a muchos géneros en el cine, pero cuando llega lo hace con más pasión que ninguna otra.

Christopher Plummer, ‘Beginners’ (2011) 

Christopher Plummer, el mítico barón Von Trapp de ‘Sonrisas y lágrimas’, ganó un Oscar gracias a Hal Fields, un anciano que sale del armario en la última etapa de su vida. La sensibilidad de Plummer evocaba un aspecto intrínseco a una salida del armario, sea a la edad que sea: no estás pidiendo permiso ni aprobación, sencillamente estás informando. Si su hijo Oliver (Ewan McGregor) lo acepta, Hal se sentirá orgulloso y conmovido, pero si no, seguirá viviendo sus últimos años buscando su felicidad con su novio. Una felicidad libre que el mundó le negó en su juventud, así que Hal Fields no se va a preocupar a estas alturas por lo que piensen los demás.

Eddie Redmayne, ‘La chica danesa’ (2015) 

La mayoría de los personajes transgénero del cine ya tienen asumida su condición cuando irrumpen en la película. Lili Elbe (Eddie Redmayne) se descubre a sí misma durante ‘La chica danesa’. Su lenguaje corporal, sus silencios y su ilusión ante la reasignación de género (la primera operación de la historia) apelaron a las emociones del público e ilustraron que, a pesar de que parezca el camino difícil, también era el único que Lili Elbe podía caminar con la cabeza alta. El éxito de la película entre el público de mediana edad aportó visibilidad a la T de LGTB, y ayudó a que millones de personas que viven día a día sin tener contacto directo con personas transgénero comprendiesen su frustración y su necesidad de existir en la piel que desean.

Antonia San Juan, ‘Todo sobre mi madre’ (1999)

 “Porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”, concluye la Agrado (magníficamente interpretada por Antonia San Juan) en su monólogo. Pedro Almodóvar dio voz a las mujeres transgénero sin negar la amargura que en ocasiones implica su condición, pero reconvirtiéndola en humor e ingenuidad forzosa: antes que de alguien haga el chiste, ya lo hacen ellas. Apropiarse de los estereotipos puede funcionar como escudo y el público, como les sucedía a los espectadores de aquel monólogo improvisado, nunca ha olvidado a la Agrado, un clásico de la cultura popular y folclórica española. Sobre todo folclórica. A la Agrado le encantaría saberlo.

Felicity Huffman, ‘Transamerica’ (2005) 

La actriz neoyorquina Felicity Huffman abordó el personaje de Bree con dos herramientas: una actitud impostadamente femenina, la de una persona que siente que tiene que exagerar su femineidad para reafirmarla; y mucho corazón, el de una mujer que ha recibido un trato tan cruel por parte del mundo que ha optado por responder con amabilidad y compasión. La relación de Bree, una señora republicana del medio oeste, con un adolescente que dice ser su hijo convierte ‘Transamérica’ en una fábula sobre la familia, y la condición transgénero de su protagonista queda en un segundo plano desde la segunda escena. No es una película sobre una transexual, sino sobre una mujer que se enfrenta a su madurez como puede. Una historia con la que cualquier ser humano puede identificarse.

Greg Kinnear, ‘Mejor imposible’ (1997) 

Hasta a Jack Nicholson se le saltaron las lágrimas. El relato de Simon Bishop (interpretado por Greg Kinnear) en el que recordaba cómo su padre le echó de casa por ser gay expuso el trauma que millones de personas LGTB han vivido en su adolescencia, y lo hizo en una comedia para todos los públicos. De este modo, el espectador medio fue testigo de lo doloroso y complejo que puede llegar a ser sufrir un rechazo que los heterosexuales ni siquiera se plantean: que el mundo espere que te sientas culpable no por algo que has hecho, sino por algo que eres. La dignidad con la que Simon aborda su conflicto familiar y la reconociliación que alcanza consigo mismo, aun sin ayuda de sus padres, supuso el primer final feliz para un personaje gay en Hollywood. A veces la revolución ocurre sin que nos demos cuenta.

Heath Ledger, ‘Brokeback mountain’ (2005) 

Mark Wahlberg rechazó el papel, y ni siquiera acabó de leer el guion porque le estaba “dando escalofríos”. Heath Ledger se convertiría en una leyenda gracias al Joker en ‘El caballero oscuro’, pero dos años antes ya había hecho historia al protagonizar la primera película sobre homosexuales nominada al Oscar. Si lo perdió fue por culpa de académicos como Tony Curtis, que reconocieron públicamente no haberla visto. Heath Ledger revolvió las entrañas de los muchos espectadores que sí vieron ‘Brokeback mountain’ con un amor visceral, angustioso y casi animal que nunca dejaba de ser tierno. Ni siquiera cuando Ennis (Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal) estaban separados, porque el de ‘Brokeback mountain’ es uno de esos “amores de película”, más grandes que la vida misma. Y resulta que los amantes son dos hombres. Para toda una generación de hombres gays que se crió viendo películas con historias de amor que no les representaban, ‘Brokeback mountain’ no sólo es un clásico, sino que formará parte de su vida para siempre.

Joey Lauren Adams, ‘Persiguiendo a Amy’ (1997) 

Alyssa (interpretada por Joey Lauren Adams) no le da más vueltas a su bisexualidad, son los hombres de su alrededor los que parecen obsesionados con ella. En concreto su novio, intepretado por Ben Affleck, que se siente el mujeriego definitivo al conseguir ligarse a una lesbiana, pero luego no soporta descubrir que él no es el primer tío con el que Amy se ha acostado. Ella, por supuesto, huye despavorida, que es lo que hay que hacer cuando un señor asegura respetar tu sexualidad siempre y cuando sea la que él quiere y con la que él se siente cómodo.

Michael York, ‘Cabaret’ (1972) 

Durante años, el público español vio ‘Cabaret’ sin enterarse de lo que pasaba realmente. Cuando Brian (Michael York) le confiesa a Sally (Liza Minelli) que se ha acostado con el amigo de la pareja, el diálogo en castellano recreó una conversación distinta: “¿Por qué no te casas con él?”, preguntaba Brian. “Quizá lo haga”, responde Sally. “Quizá yo también”, concluía Brian en español. Un diálogo que no tiene ningún sentido, por otra parte, porque la censura puede ser eficiente, pero nunca se ha caracterizado por ser creativa. En la versión original el diálogo era así: Brian: “Si tanto te gusta Maximillian, ¿por qué no te lo follas?”; Sally: “Ya lo he hecho”; Brian: “Yo también”.

Robin Williams, ‘Una jaula de las locas’ (1995) 

Porque conocer a tus suegros es un marrón que no entiende de orientaciones sexuales. Esta comedia de enredo, basada en chistes verdes, estereotipos gays (sobre todo, ese que dice que en toda pareja gay hay uno que hace de hombre y otro que hace de mujer) y humor de matrimoniadas, colocó a la mayor estrella familiar del planeta, Robin Williams, a interpretar a Armand Goldman. Un hombre que había criado a su hijo con ayuda de su pareja, Albert (Nathan Lane) cuando la madre del chaval renunció a todo contacto con él. Como hizo con ‘Señora Doubtfire’, Robin Williams reivindicó que todos los tipos de familia eran válidos cuando esta premisa no estaba de moda. Fue él quien la puso de moda.

Rupert Everett, ‘La boda de mi mejor amigo’ (1997) 

El mejor amigo gay de la protagonista, ese que siempre tiene opiniones (aunque nadie se las haya pedido) sobre relaciones, ropa, alta cocina y decoración, encontró su canon en George Downes (interpretado por Rupert Everett). Un amigo de ensueño para las heroínas románticas, que además funcionó como emblema aspiracional para los espectadores gays: George es un triunfador plenamente integrado en la sociedad, así que fue el perfil que los homosexuales de finales de los 90 tomaron como referencia. El gran público aplaudió sus salidas de tono hasta el punto de que el estudio ordenó rodar más escenas con él cuando sólo quedaban unas semanas para el estreno de la película. Y ‘La boda de mi mejor amigo’ logró un hito al colar un “fuck” en una película apta para menores de edad. George fue el primer gay al que se le permitía todo porque era muy gracioso.

Sal Mineo, ‘Rebelde sin causa’ (1956) 

Sal Mineo estaba enamorado hasta las trancas de James Dean en la vida real, y pocas personas han mirado a alguien con semejante devoción. Todavía faltaban 20 años para que Estados Unidos dejase de considerar legalmente la homosexualidad una enfermedad mental. Platón, el personaje que interpreta Mineo, cumple una función narrativamente compleja: si el espectador quiere enterarse de lo que está pasando, lo hará; si no, entenderá que el muchacho es un poco raro y admira mucho a James Dean. El destino de Platón es inevitable, y muere convertido en un villano de tragedia griega, una desaparición que cataliza y libera el conflicto angustioso que verdaderamente importa, el de los heterosexuales de la película. Gracias, Platón.

Sean Penn, ‘Mi nombre es Harvey Milk’ (2008) 

El primer político abiertamente homosexual de Estados Unidos, Harvey Milk, ya era un referente cultural para la comunidad LGTB desde su asesinato en 1978. Pero la película, que le dio su segundo Oscar a Sean Penn, sirvió para recordarle al mundo un aspecto importante de la lucha que brotó en el barrio de Castro (San Francisco) en los 70: que los derechos y las libertades que tenemos hoy existen gracias a un grupo de marginados sociales, adolescentes expulsados de sus hogares, transexuales y travestis que, a diferencia de los hombres y mujeres cuya apariencia y estilo de vida podían camuflarse en la sociedad, no tenían nada que perder y no podían ocultar o disimular lo que eran. Así que prefirieron enseñárselo al mundo entero celebrándolo en tacones, plumas, maquillaje y sí, tangas.

Sharon Stone, ‘Instinto básico’ (1992) 

Las asociaciones LGTB intentaron boicotear el rodaje de este ‘thriller’ erótico que, según ellos, utilizaba a las mujeres bisexuales como objetos de deseo para los hombres. En realidad la protagonista, Catherine Tramell (Sharon Stone), se acuesta con (y, depende de cómo le pille, asesina a) quien le dé la gana, y esa liberación sexual femenina es lo que aterrorizaba a Nick Curran (Michael Douglas), en un retorcido y pérfido juego psicológico según el cual los hombres se excitan viendo cómo las mujeres no les necesitan en absoluto para conseguir placer. Han pasado 25 años y el mundo no se ha puesto de acuerdo sobre si ‘Instinto básico’ perpetra una explotación o una reivindicación de las mujeres bisexuales, pero lo que está claro es que a Catherine Tramell/Sharon Stone le daría absolutamente igual lo que pensemos: está genial y se lo pasa bomba.

Shirley MacLaine, ‘La calumnia’ (1961) 

Una niña enrabietada difunde el rumor de que sus profesoras son lesbianas, y no te imaginas lo que sucedió después. O sí, porque estamos en 1961 y, además de no mencionar la palabra “lesbiana” en ningún momento, el conflicto de este melodrama no radica en cómo la sociedad paranoica y puritana da la espalda a las dos mujeres, sino en lo horrible que resulta ser acusadas de un acto tan reprobable. Martha (Shirley MacLaine) se da cuenta, en medio del escarnio, de que efectivamente está enamorada de su compañera Karen (no es para menos: la interpreta Audrey Hepburn) y como no puede soportar “la vergüenza, la repulsión y la enfermedad” que sufre contra sí misma, decide ahorcarse para dejar de causarle problemas a su amiga. En 1961, la única forma de que un personaje LGTB apareciese era para personificar un chiste o para quitarse de en medio al final y reestablecer así el equilibrio de la sociedad.

Mary Stuart Masterson y Mary-Louise Parker, ‘Tomates verdes fritos’ (1991) 

Era 1991, y Hollywood todavía quería proteger a su público de la realidad. En la novela, Idgie y Ruth son pareja, pero la película optó por convertirlas en “amigas especiales”, “cómplices confidentes” y “compañeras de piso”. Para lograrlo, recurrieron a un formato perverso: insertaban insinuaciones (caricias, miradas, peleas mimosas con harina y arándanos) para que el público LGTB, acostumbrado históricamente a verse representado en el cine mediante migajas o dobles sentidos, captase esa relación lésbica, pero lo suficientemente sutiles como para que si un espectador no quería enterarse de lo que había no lo hiciese. Sin embargo, ‘Tomates verdes fritos’ causó sensación en la taquilla, todos sus espectadores entendieron que Idgie y Ruth eran novias, y nadie le dio la menor importancia. A veces el mundo real va por delante de Hollywood.

Adele Exarchopoulos, ‘La vida de Adele’ (2012) 

En ningún momento de las tres horas que dura esta película el género de las dos integrantes de la pareja resulta relevante. Esta no es una historia sobre lesbianas, sino sobre el primer amor: traumático, desbocado, físico y maldito, de modo que cualquier ser humano puede identificarse con Adele, con cómo llora y con cómo come espaguetis. La naturalidad y el naturalismo de este relato sobre el despertar sexual empieza por no convertir el lesbianismo en un drama, sino en parte intrínseca a la existencia de las dos protagonistas. Exactamente como las personas LGTB viven su sexualidad en el mundo real: no es una trama, no es un conflicto, no es el centro de su vida. Es parte de ella.

Jared Leto, ‘Dallas Buyers Club’ (2013) 

El personaje de Rayon le dio el Oscar a Jared Leto y sirvió además para exponer una realidad que muchos hombres y mujeres heterosexuales no se plantean: que las personas transgénero ni pueden ni quieren regresar al cuerpo en el que nacieron. Por eso cuando Rayon tiene que vestirse de hombre para pedirle dinero a su padre, no vemos a un hombre, sino a (un actor interpretando a) una mujer forzada a hacerse pasar por hombre. Esta complejidad física, psicológica y emocional fue personificada por Jared Leto con una sensibilidad tan noble que nadie dudó de que iba a ganar el Oscar. Y lo ganó, claro.

Fuente: El pais

Acerca del Autor

Ruben Peralta Rigaud

Ruben Peralta Rigaud

Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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