Criticas y Artículos de Cine

Critica a “Baby Driver” (2017) de Edgar Wright

Ruben Peralta Rigaud

Cuando una puerta se cierra, otra se abre – y a veces esto es incluso un verdadero regalo del cielo. Por supuesto, la enorme decepción de Edgar Wright fue notable cuando en el 2014 tuvo que abandonar “Ant-Man” debido a “diferencias creativas” y su concepto de trabajo de ocho años, permaneció con el único crédito de guionista. Es entonces cuando el director de la trilogía del apocalipsis (“Shaun of the Dead”, “Hot Fuzz” y “At World End’s”) se enfoca en su próximo proyecto, el cual había presentado a varios estudios en 1995 y 2003: la historia de un ladrón de bancos, basado en el video musical “Blue Song” de la banda Mint Royale, dirigido por él mismo.

Baby (Ansel Elgort) es un conductor que trabajaba para ladrones de bancos en las calles de una megalópolis. “Baby Driver” es una idea basada en “The Driver” de Walter Hill, estrenada en 1978, la cual a su vez ya había recibido una lectura informal por el danés Nicolas Winding Refn con “Drive” en el 2011. Lejos de estos dos ejemplos, pero apoyándose en esta idea, Wright hará de “Baby Driver” un trabajo extremadamente personal. La introducción, una nueva versión de su video musical de los Mint Royale, presenta una clara intención: una película de acción-musical.  Cada robo y persecución realizada por Baby, será iniciada por una canción la cual determina la duración de la acción y el tono. Lejos de ser un pretexto para darle cierta frescura a sus personajes, sus habilidades son presentadas para darle carácter y forma al personaje principal.

La historia de ser el único superviviente de un accidente que diezmó a su familia es presentada en diferentes partes mientras la película avanza. Babydesde ese día sufre de tinnitus y estados de ánimo que comunica a través de grabaciones de sonido: conversaciones, ruidos, etc. El uso de audífonos y gafas no es fortuito en la película, es parte de su encanto. Al igual que en sus películas anteriores (Shaun of the Dead y At World’s End), Wright incorpora elementos autobiográficos en esta obra. La película acciona en la misma lógica de sus obras mencionadas, pero a un nivel más íntimo de parte de su realizador y ahora, único escritor. Si Guy Ritchie podría ser visto como el director maníaco por negarse a la trampa del paso del tiempo, Wright empuja a Baby sutilmente a sus límites, otorgándole toques autistas, solo comunicándose con el exterior mediante su arte.

Las mezclas de música creadas por el protagonista traducen la visión del director en cuanto a su forma de entender la producción de sus películas. Vemos una mezcla de influencias culturales y cinematográficas que trasciende con un toque autobiográfico. Al amparo de una comedia de acción llevada a cabo sin problemas, Baby Driver es la psicoanalítica del artista.  Mientras que la mera trama casi no se desvía de los pilares y estándares de las películas clase B, “Baby Driver” es infinitamente elegante, Wright nunca traiciona su aderezado de violencia brutal y chistes baratos. La raíz principal está conectada y profunda en la tierra, el núcleo narrativo es avivado por el romance entre Baby y Debora (Lily James) y proporciona pequeñas dosis que podrían rayar en una cursilería con propósito. Dicho galanteo es orquestado con grandiosas escenas de acción, proseguidas por una impresionante ultima secuencia. El propio director Edgar Wright describe su trabajo como “una película que es impulsada por la música”: El sonido es el combustible, y “Baby Driver” tiene el tanque lleno.

El protagonista es el joven Ansel Elgort ( “The Fault in our Star”, “Divergent”), que convoca un carisma sorprendentemente áspero al lado de su encanto (Babyface) juvenil. La química con Lily James ( “Cinderella”) no podría ser mejor. Tambien disfrutamos de actores de gran calibre como los ganadores del Oscar Kevin Spacey (“The Usual Suspects”, “Seven”) y Jamie Foxx ( “Ray”, “Django Unchained”). Spacey tiene obviamente un montón de diversión y es quien sirve de pivote a la historia , mientras que Foxx presenta un personaje que raya en lo caricaturesco, compitiendo con Joe Bernthal ( “The Accountant”). Está también Jon Hamm, icono de “Mad Men”.

El otro punto importante radica en la voluntad del director británico para entregar una película de acción musical, una profesión de fe que muestra un conocimiento agudo de la evolución del lenguaje cinematográfico. El slapstick y la comedia musical son los ancestros del cine de acción en sus contribuciones cinéticas. El realizador logra transcribir conceptos intuitiva y puramente teóricos. Cada escena es una oportunidad para que Edgar Wright despliegue una puesta sensible que lo acerca a su ídolo Sam Raimi, incluso Tsui Hark. El paralelo con estos dos realizadores se traduce a través de “mil ideas por segundo” que se ejecutan a lo largo de cada escena de Baby Driver, tanto en sonido como en arreglo musical. Todo encuentra su punto culminante al ritmo de “Tequila”, de The Champs, donde nos regalan una de las mejores persecuciones de la historia del cine. Lo mismo en el clímax cuando dos vehículos compiten en medio de “Brighton Rock”.

Baby Driver es otro logro importante para Edgar Wright, una obra que confirma el inmenso talento de este realizador infravalorado en la actualidad, y el increíble talento de su equipo de trabajo. Es una película inclasificable, ya que aborda varios géneros. Apoyado por un brillante elenco de actores y unos muy buenos diálogos, confirma la capacidad del realizador para renovarse constantemente, lo que demuestra su importancia en el cine contemporáneo.

Acerca del Autor

Ruben Peralta Rigaud

Ruben Peralta Rigaud

Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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