Criticas y Artículos de Cine

Critica a “Colossal” (2017) de Nacho Vigalondo

Ruben Peralta Rigaud

Una alcohólica que enfrenta a sus monstruos internos será la musa que inspiró al escritor-director Nacho Vigalondo, haciendo que dicho monstruo se convierta en algo literal y metafórico en una historia tanto humana como fantástica. Entre la fabulosa “Cronocrímenes” de 2008 y “Open Windows” de 2014, Vigalondo es de esos cineasta que nunca hace la misma película dos veces. “Colossal” es sin duda una buena propuesta dentro de una temática poco explorada. Los vicios y abusos han sido tema algo tabú dentro del cine norteamericano, dedicado casi exclusivamente al drama lacrimógeno.

Gloria (Anne Hathaway) es un caso perdido. Sin dinero tras haber perdido su trabajo de escritora, no tiene rumbo fijo. Cuando regresa a su apartamento de Nueva York todavía borracha después de una larga noche de fiesta, Gloria encuentra sus maletas hechas y la despedida de su novio Tim (Dan Stevens). Con nada más que perder, esta se dirige a su ciudad natal y se muda a la vieja casa que heredó de su madre. Gloria se encuentra con un viejo amigo, Oscar (Jason Sudeikis), quien es dueño de un bar y le ofrece trabajo. A pesar de que sabe que probablemente no es una buena idea, cae de nuevo en sus viejos hábitos después de pasar el rato con Oscar y sus dos compañeros de bebida, Garth (Tim Blake Nelson) y Joel (Austin Stowell). Una mañana, se despierta con su típica resaca descubriendo  la noticias de que un monstruo como Godzilla ha atacado Seúl, Corea del Sur, y pronto se da cuenta de que sus acciones y movimientos están sincronizados con los del monstruo y no por mera coincidencia.

“Colossal” no siempre cambia las tonales narrativas al momento esperado, pero su interesante premisa la apoya para que el espectador, al menos por la primera hora, se mantenga interesado. La película inicialmente nos muestra a Gloria sorprendida y entristecida por las noticias de la pérdida de vidas en el otro lado del mundo, y luego cuando se da cuenta de que ella es el monstruo, comienza a hacer tonterías y en alguna forma payasear con esas habilidades. La historia comienza como algo inventivo y sorprendente, pero al llegar a la mitad, la narrativa retrocede y se convierte en una historia oscura y más seria, usando el ángulo del monstruo como metáfora de la adicción, las relaciones abusivas y el dolor en general.

Hathaway se muda a casa para reunirse con su soledad, lamiendo sus abiertas heridas después de que su carrera en el periodismo se descarrila. El alcohol es su medicina, y mientras se distrae del dolor del desprecio, se auto conduce a las costumbres más destructivas de su monstruo. A medida que comienza a darse cuenta de sus opciones, descubre que la sobriedad conduce a decisiones más claras y comienza a brillar el otro lado de su monstruo, el cual se ve amenazado por nuevas e inesperadas circunstancias.

Con una premisa tan única, Nacho Vigalondo se enreda tanto que no sabe cómo explicarse a sí mismo. La película presenta la fuente del monstruo, retrocediendo veinticinco años a una joven Gloria (Hannah Cheramy), y es en ese momento en que el director pierde el timón de su película, confundiendo a la mayoría del público y dejando que su interesante hipótesis se vaya por la borda. Presenta una secuencia en la que los dos planos narrativos se conectan, uno respeta cómo la historia se mantiene en tierra firme por tanto tiempo y es consistente con sus reglas (es decir, la destrucción en Seúl sólo ocurre cuando Gloria está en un cierto lugar en un momento determinado).Pero la historia se traiciona a si misma cuando Gloria de una manera inexplicada resuelve la situación presentada, para darnos no solo un final decepcionante, sino un sentimiento de desperdicio narrativo. Al final de todo esto, el alcoholismo de Gloria se deshace, como si Vigalondo ya no supiera cómo manejarlo. Los resultados no son sin fisuras, pero son curiosamente extravagantes. La única vez que Colosal tropieza con una explicación, es cuando Gloria tiene su momento de “¡Así es como todo comenzó!”.

Sin embargo, a pesar de la encantadora y carismática presencia de Hathaway, Sudeikis se roba el espectáculo a través de un papel adecuado para su talento. La mayoría de las películas en que Sudeikis está, es presentado como el descarado o machista que eventualmente tiene algún tipo de epifanía emocional, y se aleja como el sabio buda con un corazón de oro – pero Nacho ve más en Sudeikis.
En lugar de volverse hacia un camino de rectitud, el Oscar de Sudeikis continúa por una espiral de alcohol, volviéndose oscuro y tomando el control de Gloria conduciendo su vida directamente al subsuelo. Sus encantos intrínsecamente presumidos funcionan tan bien cuando no están siendo escondidos debajo de algo positivo. Posee un núcleo podrido que es aún peor que su asquerosa verborrea.

“Colossal” es un cuento monstruoso de consecuencias humanas. El foco aquí está en la Gloria de Hathaway, y su capacidad de ocuparse de lo inimaginable cuando ella no puede incluso parecer terminar una tarea tan simple como inflar un colchón de aire. El manejo de Nacho Vigalondo de la destrucción de Corea del Sur recrea todo lo que nos gusta de las viejas películas de Godzilla, y su manejo de la sensibilidad de las payasadas solo hace que su monstruo sea un golpe aún mayor en Internet. Es una batalla de pesos pesados entre el odio y el renacimiento, sólo con el giro de una muy divertida premisa humano-monstruo. Sólo Nacho podía humanizar la bestia más ridícula y grotesca, y hacer el intento un drama personal que en el fondo es hilarante, sincero e indulgentemente destructivo (en más de una forma).

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Ruben Peralta Rigaud

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