Criticas y Articulos de Cine

Critica a “Beauty and The Beast” (2017) de Bill Condon

Ruben Peralta Rigaud

Vivimos en un tiempo en el que la nostalgia se ha establecido como el nuevo superhéroe del cine norteamericano. Y claro, ¿quien más dueño de esta palabra que los casi creadores de ella en el área del entretenimiento? Hablo de Disney. Después que la adaptación de “Alice in Wonderland” de Tim Burton en 2010, con resultados impresionantes en cuanto a recaudación mundial, han venido un sin numero de nuevos proyectos. Dicha tesis siguió su éxito con “Maleficent” con Angelina Jolie en 2014. Como el estudio sabe aprovechar su mercado, y ya con fórmula del éxito, presentan una secuela de “Alicie through the looking glass” (2016) y nuevas adaptaciones de “Cinderella” (2015) y “The Jungle Book” (2016).

Ahora nos presentan a “Beauty and The Beast” (2017), otro clásico presentado en el mismo formato que las anteriores, acción real, no dibujos animados.

Belle (Emma Watson) tiene una vida agradable en un pequeño pueblo francés llamado Villeneuve, y a la vez se siente muy aburrida. Los pocos libros que existen allí, han sido leídos incontables veces por esta inquisitiva joven, causando incluso la burla de sus compueblanos. Gaston (Luke Evans) esta perdidamente enamorado de Belle. Él, un héroe retirado de la guerra, se comporta de una manera pasivo-violenta con su entorno. La joven lectora, aparte de lidiar con un pueblo que la cuestiona y un enamorado enfermizo, vive con su sobreprotector padre que a la vez es inventor, Maurice (Kevin Kline), de personalidad algo excéntrica que mantiene sus pies sobre la tierra en base a su meticuloso estilo de trabajar. Cuando este desaparece sin dejar rastro alguno, Belle se embarca en una búsqueda que la lleva a un castillo encantado, donde habita una Bestia (Dan Stevens), lo cual cambiaría el rumbo de todos.

Hace 26 años que este cuento de hadas estrenó la segunda época dorada de la factoría Disney. También fue nominada como la primera de su tipo para el Oscar a mejor película, un hito que hoy en día goza de un estatus de culto y fuera de él tiene un sinnúmero de tales características únicas. La Bella y la Bestia  se compone de tantos ingredientes familiares que en esta nueva versión es casi imposible sorprenderse. La trama de la original se maneja con una elegancia que asombra, presentando a sus personajes de manera adecuada y dándole reales motivos para sus acciones. Esta adaptación con personajes reales imita secuencias de escenas enteras, diálogos y esencia, lo que es fascinante y frustrante al mismo tiempo.

Por un lado, el cuento avanza de manera progresiva, girando alrededor de una joven que va en contra de los prejuicios de su entorno tradicionalista. El guión escrito por Stephen Chbosky y Evan Spiliotopoulos se enfoca en el texto original de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont e incluso trata de penetrar más profundamente en la mitología de la historia en algunas escenas. Pero se contradice cada segundo y exagera cuando se trata de cambios sin sentido, como con el primer personaje abiertamente homosexual en una película de Disney. En contraste con las interpretaciones anteriores del material, Disney se enorgullece porque oficialmente LeFou (Josh Glad) puede disfrutar de su identidad sexual. Una farsa, porque el trasfondo correspondiente al antagonista sólo se puede actuar a través de clichés y manierismos que resultan molestos, malos y decepcionantes.

La película se viste de colores y formas que se fusionan con confianza, pareciendo en algunas secuencias un exuberante cuadro impresionista. Esta película tiene una extraña carga de perfección que impone una sensación irritante cuando sobreponemos las imágenes con la narrativa. Pero en lo profundo de su interior “Beauty and the Beast” esconde algo valioso, promete y cumple con los deseos de su público y devotamente se pierde en las convenciones ingenuas de un cuento de hadas. Es verdaderamente notable que, a pesar de toda la narrativa y contradicciones conceptuales tan consistentes, la película se presenta con mucha confianza. Luke Evans (Gastón) es presentado como una exagerada caricatura populista de un villano, trazando líneas del indecoroso cómico sin justificaciones o reales motivos, no al menos en pantalla.

Irónicamente, los dos personajes principales son el punto más débil de la historia. Dan Stevens, un actor de teatro consumado, en su traje CGI no tiene oportunidad de desdoblarse. Sobre todo porque también crea ciertos patrones de conducta: no hay mucho campo de interpretación cuando eres una Bestia atrapada en un castillo. Es solo cuando la película avanza e inicia interacción con Belle, que vemos a un hombre detrás de todo ese pelo y voz ronca, un hombre sorprendentemente educado e ingenioso. En Belle no hay un desarrollo de este tipo. Y es algo incomprensible, ya que ella está llamada a ser la estrella, y así inicia su presentación. Las primeras secuencias de Belle son realmente impresionantes, y aún más cuando canta, pero mientras la película avanza, por razones débiles del guion, ella deja de ser importante en la historia, siendo opacada por las ocurrencias y situaciones que sus secundarios crean.

Ewan McGregor (Lumiere), Stanley Tucci (Maestro Cadenza), Ian McKellen (Cogsworth) y Emma Thompson (Mrs. Pott), son los reales protagonistas a partir de la segunda mitad de la película. Ellos regalan los diálogos y personajes más creíbles, aun siendo limitados por su entorno y sus papeles. Durante gran parte de la película solo escuchamos sus voces, aun así, no dejan de aprovechar cada segundo.

Hacia el final, cuando no se trata sólo del amor eterno entre la bella y la bestia, sino también el destino de los demás personajes, es cuando vemos una chispa de alegría después de un tosco y apresurado romance.

“Beaty and the Beast” quiere ser una película romántica, que habla del amor eterno sobre dos diferentes mundos, pero falla en la ejecución. Con un enfoque mayor a lo visual que a lo que narra, poco a poco va dejando de parecer un cuento de hadas y más una de esas películas hecha para crear jóvenes adeptos. Los ‘’un poco mayores’’ estamos aún apegados a la versión original, pues tenemos mejor gusto.

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Ruben Peralta Rigaud

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