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Critica a “Afterimage” (2016) de Andrzej Wajda

Ruben Peralta Rigaud

El testamento artístico de la vida del pintor Władysław Strzeminski (Boguslaw Linda), marginado y  sin derecho a trabajar por no seguir los lineamientos del régimen comunista soviético después de la Segunda Guerra Mundial en Polonia, es la última película presentada por el director  polaco Andrzej Wajda (The Promise Land, Katya).

En la Polonia de posguerra, Strzeminski enseña en la Academia de Bellas Artes de Lodz. El gran artista y co-autor de la teoría de la visión, había adquirido fama incluso antes de la Segunda Guerra Mundial. Sus estudiantes lo ven como el “mesías de la pintura moderna”, a diferencia de los directores de las universidades y el Ministerio de Cultura, que tienen una opinión diferente. Al contrario de otros artistas fieles a las doctrinas de realismo socialista, que si siguen los lineamientos del Partido, Strzeminski no compromete su arte. Se niega a seguir  los reglamentos del partido  y es finalmente expulsado de la Academia y de la Unión de Artistas. Los estudiantes de Strzeminski, sin embargo, apoyan sus ideas. Estos pasan a visitarlo y a tomar clases particulares. Ahora sin empleo, sin un brazo y una pierna, Strzeminski pronto cae en la pobreza y la enfermedad, mientras que las disposiciones de las autoridades comunistas persisten en querer su desaparición.

El último trabajo de Wajda es una película biográfica lineal y algo compleja.  En realidad tiene dos líneas.  Claro en su intención y su narrativa, Afterimage contrasta con la debilidad de Strzeminski: el artista y maestro, teórico brillante y feroz opositor al régimen, ya socavado en lo físico. Wadjda es Strzeminski, y esta película es su último mensaje. Es como si el director tuviera el macabro presentimiento de su muerte. Con una puesta en escena clásica y estricta, pero al mismo tiempo apasionada y elegante, Wajda narra la complejidad humana y artística de Strzeminski. Como a menudo, en sus películas encontramos información valiosa acerca la historia de su país. Wajda elige acertadamente el período más trágico de Polonia, el de la eliminación sistemática de todo lo que no era nada en comparación con el realismo socialista dominante.

La película se convierte en una lección sobre el cine, la ética personal y colectiva, sobre la responsabilidad moral del artista: su mirada es el punto de intersección entre el cine clásico (Wajda) y de vanguardia (Strzeminski).

La fotografía gris  de Pawel Edelman (The Pianist, Carnage) es responsable de presentar las cenizas de la sociedad polaca de posguerra. El resultado fue impecable, con un estilo refinado que se ha convertido en la firma del director polaco. Recordando que el padre del director fue asesinado por el régimen soviético de la misma época en que la película está ocurriendo, de alguna forma, es también un homenaje a la memoria de su progenitor.

“Afterimage” es la última carta de amor al cine de uno de sus hijos, Adrzej Wajda, quien escribe con amor y elegancia al arte que tanto respeto y cuido.

“Afterimage” fue presentada durante la 34ava edicion del Miami Film Festival

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Ruben Peralta Rigaud

Ruben Peralta Rigaud