Criticas y Artículos de Cine

El cine violento de Nicolas Winding Refn

nicolas winding
Ruben Peralta Rigaud

Nicolas Winding Refn se ha convertido, por méritos propios, en uno de los grandes pilares del cine de autor europeo. Un cine directo, de un artificio que se podría considerar vacuo si no fuera porque muestra más de lo que se sugiere. Matices que no se exponen en las luces de neón que ofrece la violencia, si no en los rostros imperturbables de sus actores. Cercano al fetichisimo, Refn ha construido gran parte de su filmografía entorno a la destrucción de estos rostros y todo aquello que los hace bellos y puramente convencionales.

Pues bien, aprovechando tanto que nuestros amigos de MacNultiacaban de publicar un excelente libro dedicado a la obra de Nicolas Winding Refn escrito por nuestro colaborador Óscar Brox (Détour), así como que nuestros compañeros de The Playlist se han hecho eco este pasado fin de semana de un excelente vídeo recopilatorio dedicado a su insondable y carismático empleo de la violencia, y sobre todo, recordándoos que en filmin podéis descubrir sus primeros pasos en el cine, hoy recuperamos un excelente artículo publicado en Twitch donde analizan la faceta más destructiva del director danés. A ostia limpia, vamos.

Uno de los primeros pósters de “Solo Dios Perdona” enseña al encantador Ryan Gosling con la cara llena de sangre. Tiene un ojo negro y un semblante derrotado pero carente de expresión. Gosling es exactamente todo lo contrario a lo que una estrella de cine debería ser, hermoso. En las películas de Nicolas Winding Refn, los héroes reales a menudo existen como meros fantásmas de la banda sonora. Sus protagonistas en la pantalla son moralmente ambivalentes, figuras emocionalmente trastornadas y con una fuerte tendencia a la violencia. Refn se desprende de lo sugerido y visualizamos su idea del actor sin rostro, simplemente destruyendo aquello por lo que viven: Su expresión.

El principal objeto de ataque de Refn son los ojos, el instrumento más importante de todos los actores. En “Valhalla Rising”, el personaje principal se llama One Eye, y no se llama así por su brillante y saludable cara. En “Drive”, Gosling amenaza con apuntalar el ojo de uno de los villanos con una bala a golpe de martillo. En “Pusher”, Refnnos introduce a sus personajes con un plano frontal mientras sus nombres aparecen en pantalla, pero sus ojos se mantienen cubiertos en las sombras. No sorprende pues que el personaje de Mads Mikkelsen lleve unas gafas oscuras durante toda la película. Atacar a los ojos es atacar al cine en su conjunto. Refn le dice a la audiencia: Vas a ver algo diferente. Desde “Un Perro Andaluz” de Buñuel, donde se introduce la archifamosa escena del ojo, la destrucción de los hábitos de visionado han estado inscritas en escenas como las queRefn propone.

En “Bronson”, y también en “Drive”, Refn empuja hacía el límite el enmascaramiento de los ojos y la cara. Sus personajes llevan una máscara para eliminar completamente quiénes son realmente. Solo es posible para ellos vivir su vida si esconden sus caras. Bajo esta noción, Refn crea hombres misteriosos cercanos a lo que podríamos llamar “macho-dream”. Callados, simplemente fríos. Todo trata de cuerpos, músculos y coches. Pone al espectador en una posición donde necesitan saber más de los personajes. Como cuando te encuentras a alguien misterioso en una fiesta. El secreto detrás de esos hombres quizá pueda encontrarse en el estilo de las películas que protagonizan.

La belleza es cubierta por la sangre con Nicolas Winding Refn. Pero detrás de las caras destrozadas hay mucho más maquillaje y una celebración de la violencia. En sus primeras películas, Refn a menudo colabora con el actor danés, Kim Bodnia, el cual siempre interpreta mejor sus escenas cuando trata de ocultar sus emociones. Se puede ver como lucha en la mayoría de sus películas, tratando de ocultar una ira que al final acaba saliendo. No es una coincidencia que su trabajo con Refn en “Pusher” y “Bleeder” pueda ser considerado sus mejores papeles hasta la fecha. Refn trata de enterrar las emociones, justo como Bodnia. Incluso en las películas o escenas, el director no decide destruir a sus personajes, existe un extraño rechazo de legitimidad emocional. No podemos analizar a estos personajes porque se esconden en su yo interno. Ryan Gosling en “Drive” ha sido comparado con Alain Delon en sus colaboraciones con Jean-Pierre Melville a finales de los 60, principios de los 70. Gosling casi actúa como una estatua, apenas dando pinceladas de sus propios sentimientos.

Con Mads Mikkelsen o Tom Hardy, esta falta de expresión emocional, o de una respuesta emocional ordinaria, se vuelve más evidente ya que está causada por una inexplicable bestialidad de los protagonistas. Sus emociones salen a la luz en cuanto las esconden. No se trata de explicaciones psicológicas, si no de esconderlas. En las palabras de su compatriota, Lars Von Trier: el caos reina. Refn puede destruir caras porque crea personajes opuestos a los personajes de la vida real. Sus actores son parte del mundo enfermizo y peligroso que crea. Como Jean-Pierre Melville, Refn está más conectado a otras películas y a la historia del cine que a la vida.

Como giro paradójico, Nicolas Winding Refn es un creador de estrellas de cine. Al quitarle a los actores todo lo que se supone que son –e incluso la forma en la que tienen que ser físicamente- les ayuda, extrañamente, a ganarse una reputación. Las reputaciones deMikkelsen, Hardy y Gosling se han expandido más allá de sus países gracias a sus papeles en las películas de Refn. Pensando en los superheroes que esconden su cara bajo una máscara, al final se puede llegar a la conclusión de que el público no necesta caras. Quizá preferimos proyectar nuestras propias caras en los personajes. Bajo este punto de vista, las caras destrozadas del cine de Nicolas Winding Refn nos ayudan a identificar y a empatizar con los protagonistas, unos personajes con lo que nunca podremos hablar en la vida real. Pero la vida real no es a lo que aspira Refn.

Fuente: Filmin

Acerca del Autor

Ruben Peralta Rigaud

Ruben Peralta Rigaud

Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.

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