Críticas de Cine y Artículos

La carta abierta de Martin Scorsese a su hija

No sabemos si la joven Francesca Scorsese se habrá planteado dedicarse al cine, pg-38-scorsese-rexaunque ya ha aparecido en un par de filmes (El aviador e Infiltrados). Ahora bien: dado que su padre es un tal Martin Scorsese, sospechamos que esta chica de 14 años debe ser una cinéfila de aúpa. Tal vez por ello, o porque una disertación sobre la evolución del cine puede ser un tanto indigesta si se presenta a palo seco, el director italoamericano (que estrena El lobo de Wall Street en nuestro país el próximo Jueves), ha redactado un artículo para el diario italiano L'Espresso en forma de carta abierta a su vástaga. Una carta que, aunque tachada de misógina por medios como Flavorwire (Scorsese, advierte la web, no cita en ella a una sola directora) nos reafirma en nuestra convicción de que 'Marty' no es sólo un señor muy apasionado en lo que hace, sino también un tipo muy atento y muy listo.

¿De qué habla esta misiva? Pues, en ella, Scorsese previene a su hija pequeña de las mutaciones que experimenta ahora mismo el celuloide como arte e industria, y se muestra de lo más optimista acerca de un presente que permite a los directores jóvenes trabajar con presupuestos que al autor y a sus colegas del 'Nuevo Hollywood' no les hubiesen llegado ni para cubrir un día de rodaje, así como exhibirlas en internet con muy pocos intermediarios. Ahora bien: el cineasta también advierte de los peligros de esta situación, principalmente los derivados del amateurismo. Bueno, y también (sin soltar un solo "fuck" por el camino) aprovecha para enumerar a sus directores estadounidenses favoritos de la actualidad: a nuestro hombre, ya se sabe, le encanta hacer listas.

Tal vez dentro de unos años la joven Scorsese siga estos consejos a la hora de rodar sus propios trabajos, o tal vez no. Lo cierto es que, aunque el texto de esta carta peque a veces de demasiado apasionado, a nosotros nos ha hecho sentir un poquito (más) hijos fílmicos del director: esperemos que a Francesca no le importe hacernos un hueco. A continuación te ofrecemos una traducción al español de la carta. Aquí tienes el original en inglés.

Queridísima Francesca,

Te escribo esta carta para hablar sobre el futuro. Lo observo desde la óptica de mi mundo. Desde la óptica del cine, que ha estado en el centro de ese mundo.

Durante el último par de años, me he dado cuenta de que la idea del cine con la que yo crecí, esa que se ve en las películas que hemos visto juntos desde que eras una niña y que triunfaba cuando yo comencé a hacer películas, se está acabando. No me refiero a las películas que ya se han hecho: me refiero a las que están por llegar.

No quiero ser pesimista. No escribo estas palabras sintiéndome derrotado. Todo lo contrario: creo que el futuro es brillante.
Siempre supimos que las películas eran un negocio, y que el arte del cine era posible debido a que coincidía con los requisitos del negocio. Cuando empezamos en esto allá por los 60 y los 70, ninguno de nosotros se hacía ilusiones al respecto. Sabíamos que tendríamos que trabajar duro para proteger aquello que amábamos. Y también que tendríamos que pasar por momentos duros. Y creo que nos dábamos cuenta, en cierto sentido, de que tal vez habría de llegar un momento en el cual todos los elementos incómodos o impredecibles en el negocio de hacer cine serían minimizados, tal vez incluso suprimidos. Y, ¿cuál es el elemento más impredecible de todos? El propio cine. Y la gente que trabaja en él.
No quisiera repetir aquello que muchos otros han dicho ya acerca de los cambios en el negocio, y me conmueven las excepciones a esta tendencia global: Wes Anderson, Richard Linklater, Alexander Payne, los Coen, James Gray y Paul Thomas Anderson se las apañan para que sus películas salgan adelante, y Paul no sólo consiguió rodar The Master en 70mm, sino que también pudo exhibirla con ese formato en unas pocas ciudades. Cualquier aficionado al cine debería estar dar las gracias por ello.

También me emocionan los artistas de todo el mundo que siguen esforzándose por hacer películas, bien sea en Francia, en Corea del Sur, en Inglaterra, en Japón, en África. Cada día es más difícil, pero ellos siguen adelante.

Pero creo que no soy pesimista al decir que el arte del cine y el negocio cinematográfico se encuentran en una encrucijada. El entretenimiento audiovisual y lo que ahora llamamos “cine” (películas concebidas por individuos) parecen encaminados hacia direcciones diferentes. En el futuro, seguramente verás cada vez menos cine en las pantallas de las multisalas y más en locales pequeños, en internet y, supongo, en espacios y en circunstancias que no puedo predecir.

Entonces, ¿por qué es tan brillante el futuro? Porque, por primerísima vez en la historia de este arte, las películas pueden hacerse por muy poco dinero. Esto era impensable cuando yo era joven, y las películas de presupuesto extremadamente bajo siempre han sido más una excepción que una norma. Ahora es al revés: puedes obtener imagines hermosas con cámaras asequibles. Puedes grabar el sonido. Puedes montar y corregir el color en tu casa. Todo esto es una realidad.
Pero, mientras prestamos toda esta atención a la maquinaria y a los avances tecnológicos que nos han llevado a esta revolución, debemos recordar una cosa importante: las máquinas no hacen la película, la película la haces tú. Tomar una cámara, rodar y después organizar el material con Final Cut Pro es liberador. Hacer una película (la película que tú necesitas hacer) es otra cosa. Y para eso no hay atajos.

Si John Cassavetes, mi amigo y maestro, estuviera vivo ahora, seguro que utilizaría todo el equipo que está disponible. Pero seguiría diciendo las cosas que siempre decía: tienes que estar absolutamente entregado a tu obra, tienes que darlo todo, y tienes que proteger la chispa de inspiración que te llevó a rodar la película. Tienes que protegerla con tu vida. En el pasado, teniendo en cuenta lo caro que era hacer películas, teníamos que protegernos del agotamiento y de las concesiones. En el futuro, tú tendrás que ponerte en guardia frente a algo muy distinto: la tentación de seguir la corriente, y de dejar que la película se te escape de las manos.
Esto no es sólo aplicable al cine: no hay atajos válidos para nada. No quiero decir que todo tenga que ser difícil. Quiero decir que la voz que realmente brilla es tu voz: esa, como dicen los cuáqueros, es tu luz interior.

Esa eres tú. Esa es la verdad.

Con cariño,

Papá.

Acerca del Autor

Ruben Peralta Rigaud

Rubén Peralta Rigaud nació en Santo Domingo en 1980. Médico de profesión, y escritor de reseñas cinematográficas, fue conductor del programa radial diario “Cineasta Radio” por tres años, colaborador de la Revista Cineasta desde el 2010 y editor/escritor del portal cocalecas.net. Dicto charlas sobre apreciación cinematográfica, jurado en el festival de Cine de Miami. Vive en Miami, Florida.